Google+ Aislado en este planeta: Avignon y Peñíscola

sábado, 30 de julio de 2011

Avignon y Peñíscola

En el plazo de un mes he tenido ocasión de visitar estos dos enclaves famosos porque fueron residencia permanente de pontífices de la Iglesia, además del Vaticano.


Ocurrió en el siglo XIV, cuando el papa Clemente V, no deseando enfrentarse al caos que se vivía en Roma y a las disputas entre los estados italianos, decidió, tras su elección en 1305, trasladar la Curia Papal a Avignon.


Avignon. Palacio de los Papas


En los primeros años el papa Clemente vivió como invitado en el monasterio dominicano de Avignon y fueron sus sucesores los que diseñaron y patrocinaron en sucesivas etapas hasta 1364, la construcción del imponente palacio que podemos contemplar en la actualidad. El lugar elegido fue una pequeña elevación rocosa al norte de Avignon, en la orilla del río Ródano, llamado Rocher des Doms. 


Retratos de los Papas
Avignon fue residencia de los papas desde 1309, cuando la ciudad se encontraba bajo el gobierno de los reyes de Sicilia pertenecientes a la Casa de Anjou. En 1348, el papa Clemente VI compró la ciudad a la reina Juana I de Sicilia y permaneció como propiedad papal hasta 1791 cuando fue incorporada a Francia durante la Revolución francesa.


Fueron siete los papas que residieron en Avignon desde 1309 hasta 1377. A este período se le conoce como Papado de Avignon y terminó cuando Gregorio XI decidió regresar a Roma en 1377. Tras unos meses inciertos en que el papa tuvo que volver de nuevo a Avignon, finalmente se produjo el retorno a Roma donde Gregorio XI falleció meses después.


Mientras que en Roma se nombra a su sucesor Urbano VI entre numerosos incidentes, surge la controversia de la legalidad de su elección y un grupo de cardenales con apoyo francés, establece otra línea sucesoria del papado de Avignon eligiendo pontífice a Clemente VII. Éste y su sucesor Benedicto XIII, conocidos como los antipapas, continuaron residiendo en Avignon y creando un conflicto en la Iglesia conocido como el Gran Cisma de Occidente donde los reinos cristianos se dividieron apoyando a uno u otro papa. 


El antipapa Benedicto XIII de origen aragonés, conocido popularmente como el Papa Luna, residió en Avignon hasta que trás un bloqueo militar de los franceses sobre su palacio, tuvo que huir de la ciudad en 1403 y se acogió a la protección del reino de Aragón que le reconocía como papa, refugiádose finalmente en el Castillo de Peñíscola, donde murió a los 96 años en 1423. Aunque había sido depuesto como papa por el Concilio de Constanza en 1417 como "cismático y hereje",  siguió en su postura, con tozudez aragonesa, en su refugio de Peñíscola, hasta su muerte.


El Pont d'Avignon


Toda esta historía contada aquí esquemáticamente, se saborea con toda intensidad cuando se visitan los castillos de los papas en ambas localidades. Son sin duda un aliciente más para programar unas vacaciones tanto en la Provenza francesa como en la costa de Castellón.


Avignon es, en su casco histórico, una ciudad amurallada presidida por la imponente mole del palacio papal. A pocos metros, sobre el Ródano, encontramos el Pont d'Avignon, famoso por una canción medieval y al otro lado del rio llegamos a Villeneuve-lès-Avignon, bonito pueblo construido como residencia de los cardenales en la época del papado. A unos 25 kms. podemos visitar una joya levantada en el siglo II por los romanos que es el Pont du Gard, hermosa construcción que tenía la doble función de acueducto y puente de carros.


Pont du Gard


Por su parte Peñíscola, que es un magnífico lugar de descanso, destaca por su encantador casco antiguo dominado por el castillo y por su larga y tranquila playa y también nos invita a apreciar su rica gastronomía de mar y de huerta.


Peñiscola desde la playa norte



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