Google+ Aislado en este planeta: La traída de aguas

sábado, 15 de octubre de 2011

La traída de aguas


En estos días termina el periodo de exposición que ha tenido lugar en el Archivo General, de una muestra acerca de la traída de aguas a Pamplona desde el manantial de Subiza, en el siglo XVIII. La exposición resulta un tanto técnica y por tanto no muy vistosa ya que el material expuesto está compuesto principalmente por planos, bocetos y escritos de la época.

En el siglo XVIII, Pamplona realiza dos grandes obras de ingeniería que la transforman en una verdadera ciudad: el alcantarillado o las minetas (acabado en 1773) y la traída de aguas de Subiza (1783-1790) gracias a la construcción del Acueducto de Noain. Esta es la primera infraestructura de abastecimiento de agua potable para la ciudad de Pamplona. Hasta ese momento la extracción de agua se hacía desde el río Arga o mediante la excavación de pozos, como demuestran los descubrimientos arqueológicos. Pero a finales del siglo XVIII la situación higiénica y sanitaria era casi insostenible y se planteó la traída de aguas, la construcción de fuentes públicas y un sistema de evacuación a través de alcantarillas.


¿Gravedad o presión? Este es el titulo de la exposición y también la pregunta que generó el gran debate de aquel momento entre los defensores del sistema tradicional de conducir el agua por gravedad a través de acequias y tubos, y quienes apostaban por la técnica de presión que implica el uso de tuberías herméticas de más difícil construcción en la época, que permiten un recorrido con bajadas y subidas adaptándose al terreno. Se impuso el sistema tradicional y supuso la primera gran obra de la Ilustración en la ciudad, un trazado de 15,5 kilómetros, desde un manantial situado en las estribaciones de la sierra del Perdón, en Subiza, hasta la ciudad amurallada, salvando una orografía ondulante mediante la construcción tanto de tramos subterráneos como aéreos.

El sistema de presión era el más novedoso y estaba avalado por los estudios de la Academia de París y en esencia era similar al que se utiliza hoy en dia. Por otro lado, la Academia de San Fernando de Madrid estaba más por la labor del sistema de gravedad, que consistía en trasladar el agua sin perder altura.

Tras un primer fracaso del arquitecto francés Gency, basado en el sistema de presión, se designó a Ventura Rodríguez, el mismo que firmó la fachada de la catedral de Pamplona, para la ejecución del proyecto siguiendo las pautas de la Academia de San Fernando. Ventura Rodriguez falleció en 1785 de modo que no pudo ver acabado el proyecto, pero la obra fue ejecutada por Santos Ángel de Ochandátegui que culminó con la llegada en 1790 del agua de Subiza al exterior de las murallas de la ciudad. La obra más destacada del proyecto es sin duda el Acueducto de Noain declarado Bien Cultural en 1990. 

El acueducto medía 1250 metros, y tenía 97 arcos. Los mayores arcos medían 18 metros de alto y 8,5 de ancho. En 1858 se unieron dos arcos, derribando un pilar para permitir el paso del tren. En 1895 se inauguró la traída de aguas desde Arteta, por lo que el Acueducto perdió su protagonismo. En 1939 el Ayuntamiento lo cedió a la Diputación para que lo conservara pero por desgracia se derrumbó en parte y en 1934 fue restaurado. En 1974 sufrió un nuevo expolio ya que se derribaron dos arcos para dejar pasar la autopista, por lo que actualmente se conservan 94 arcos.

En 1788 visitó Pamplona el pintor madrileño Luis Paret, al que el Ayuntamiento encargo los bocetos de varias fuentes monumentales que servirían como complemento a la traída de aguas, para la distribución al vecindario en distintos puntos de la ciudad, cuya instalación quedó terminada en 1800.


Entre las fuentes de Paret destaca la Fuente de la Beneficencia o de la Abundancia que fue la más hermosa y se instaló en el centro de la Plaza del Castillo hasta 1910, en que fue demolida. Estaba coronada por la estatua de la Beneficencia, conocida como la “Mari Blanca”. La estatua se encuentra actualmente en los jardines de la Taconera.

Otras fuentes conocidas son la Fuente de Neptuno Niño instalada en la Plaza del Consejo, la Fuente de Santa Cecilia que tras varios traslados se encuentra ahora en la Navarrería y la Fuente de la Plaza de Recoletas que inicialmente se proyectó para la plaza Consistorial.

En el siglo XIX hubo hasta 16 fuentes públicas de diversos autores repartidas por la ciudad, unas más artísticas y monumentales y otras más prácticas, dotadas de un abrevadero para caballerías.

Las fuentes públicas perdieron su importancia conforme las viviendas se fueron dotando de conducciones hasta los grifos de cada hogar y actualmente permanecen con escasa utilidad como hermosos objetos de decoración urbana.

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