Google+ Aislado en este planeta: El robo de la Gioconda

lunes, 6 de febrero de 2012

El robo de la Gioconda

Cuando Leonardo da Vinci viajó a Francia hacia el año 1517, por invitación del rey Francisco I, la Mona Lisa salió de Italia con él, al parecer para siempre. El artista murió dos años más tarde y a mediados de ese siglo, la pintura comprada por una considerable suma, había entrado en la colección de la monarquía francesa. Luis XIV dio a la Mona Lisa, un lugar de honor en su galería personal de Versalles. Pero su sucesor, Luis XV, devaluó el cuadro al mandarlo colgar en la oficina del jefe de los edificios reales. Sin embargo, en 1797, la Gioconda fue elegida como una de las obras a exhibir en el museo nacional, el Louvre, que es donde permaneció, salvo una breve estancia en la habitación de Napoleón, hasta que alguien se la llevó del museo en agosto de 1911.

Fue un lunes y el Louvre estaba cerrado. Como era una práctica habitual en el museo en ese día de la semana, sólo los trabajadores de mantenimiento, personal de limpieza, restauradores y algún otro empleado, recorrían los pasillos oscuros del edificio que alguna vez fue hogar de los reyes de Francia, pero que a partir de la Revolución, fue destinado a exhibir y conservar los tesoros de arte de la nación.

A primera hora de la mañana, el director de mantenimiento del museo, Mr. Picquet, paso por el Salón Carré donde "la Gioconda" destacaba rodeada de obras de Tiziano, Rafael, Veronese y otros maestros. Comentó con su ayudante que el cuadro era el objeto más valioso del museo y continuó su ronda. Lentamente una puerta de un armario de la sala se abrió para dejar salir a un hombre que había permanecido oculto desde el día anterior cuando accedió como uno más de los numerosos visitantes del domingo.

Había muchas habitaciones pequeñas y nichos escondidos en el edificio antiguo, que se utilizaban para ocultar de la vista materiales de restauración, lienzos, pinturas y caballetes empleados por los estudiantes de arte para practicar copiando las obras de los grandes maestros.

¡Se ha ido!
El hombre que emergió del armario vestía un delantal blanco al igual que el personal de mantenimiento. Sin dudar el ladrón se dirigió directamente hacia la Mona Lisa, descolgó el cuadro de la pared sujeto tan solo por cuatro ganchos y lo transportó a un recinto cerrado cerca de las escaleras lo que no fue tarea fácil debido a que el cuadro, con su ostentoso marco y la protección del vidrio frontal, pesaba unos 80 kilos. 

Una vez a salvo fuera de la vista, el ladrón despojó a la pintura de sus adornos y protecciones dejando únicamente la tabla en la que Leonardo plasmó su obra, que con unas dimensiones de 55 x 75 cm., pudo ocultar debajo de sus ropas.

Aunque estaba familiarizado con el diseño del museo, el ladrón cometió un error crucial en su planificación. En la parte inferior de la escalera interior que conducía al primer piso, se encontró una puerta cerrada. El ladrón había conseguido una llave, pero no le funcionó. Nervioso al oir pasos que venían de arriba, utilizó un destornillador para quitar el pomo de la puerta y tuvo que esperar a que llegara el hombre, un fontanero del museo, al que se quejó de que alguien habia quitado el pomo. Sin sospechar nada anormal, el fontanero abrió la puerta con la ayuda de un alicate y se despidió del ladrón, quien le dió las gracias sinceramente. Este hombre fue la única persona que vió al autor del robo esa mañana, según declaraciones posteriores de los empleados.

La puerta daba a un patio. A partir de ahí, a través de otras galerías, el ladrón optó por dirigirse con naturalidad hacia la entrada principal del museo. La vigilancia era escasa ese día y sólo un guardia estaba asignado a esa entrada. La suerte quiso que el guardia había dejado su puesto para buscar un cubo de limpieza y nadie le vió abandonar el edificio.

Solamente un transeúnte se fijó en un hombre en la acera con un paquete envuelto en tela blanca. Este testigo recordó en su declaración, que le había llamado la atención que el hombre arrojó un objeto a una zanja. Era un pomo de puerta.

El Louvre en 1911
En el interior del museo, todo estaba tranquilo y así seguiría durante muchas horas. Increíblemente, no fue hasta el martes, cuando el Museo del Louvre volvió a abrir sus puertas al público y un artista que instaló su caballete en el Salón Carré, se dio cuenta de que la pieza central de su trabajo no estaba en la pared. Se quejó a un vigilante que simplemente se encogió de hombros pensando que el cuadro se habría trasladado al estudio de los fotógrafos. Ante la insistencia del pintor comenzaron las pesquisas pero ni los fotógrafos ni los restauradores sabían nada así que informaron a un superior. La búsqueda comenzó y pronto se convirtió en frenética e infructuosa. El director del museo se encontraba de vacaciones, por lo que la noticia fue comunicada a la policía por el jefe en funciones, que sólo supo explicar lacónicamente: Elle est partie!. Se ha ido.

El cuadro recuperado

Tuvieron que pasar 28 meses hasta que la pintura fue recuperada y detenido el autor del robo, Vincenzo Peruggia, al intentar vender el cuadro al director de la Galleria Uffizi, de Florencia, Alfredo Geri, quien se hizo acompañar de la policía. Cuando fue detenido e interrogado, Peruggia dijo que quería devolver el cuadro a Italia, a donde pertenecía por lazos históricos y culturales. En 1913 la obra regresó a París trás ser exhibida en Florencia, Roma y Milán. Peruggia sólo permaneció 6 meses en la cárcel. En Italia lo consideraron un héroe nacional y un patriota.


Tras el robo, se dieron algunos intentos de estafa cuando aparecieron supuestos traficantes de arte que aseguraban tener la obra en su poder. También algunos pintores afirman que puede dudarse de la originalidad del cuadro en exhibición, puesto que fácilmente puede ser una copia muy perfecta al haber dispuesto del original durante tanto tiempo. 
Durante la Segunda Guerra Mundial, el cuadro fue custodiado en el castillo de Amboise, donde Leonardo vivió sus últimos años y posteriormente en la abadía de Loc-Dieu.

Y esta es la historia de los dos años de vacaciones de la Mona Lisa.

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