Google+ Aislado en este planeta: Las Navas de Tolosa

viernes, 11 de mayo de 2012

Las Navas de Tolosa

Poco antes de abandonar Andalucía en dirección norte, encontramos la localidad jienense de Santa Elena. Se accede justamente por la salida 257 de la A4, y recorriendo tan sólo 500 metros, encontramos sobre una colina, un moderno edificio, el museo de la Batalla de las Navas de Tolosa.

En estas fechas en que conmemoramos el octavo centenario de aquella batalla historica que marcó un punto de inflexión en la Reconquista, merece la pena detenerse en los parajes de la batalla, cercanos al lugar donde se ha levantado este museo temático. El museo constituye una reseña de los hechos ocurridos en 1212 cuando los ejercitos cristianos entraron en combate con las tropas almohades dirigidas por el califa Muhammad An-Nasir (Miramamolín para los cristianos).

Tapiz del Palacio de Navarra

Las crónicas dicen que el 16 de julio de 1212 en los llanos de las Navas de Tolosa, ubicados en el Puerto del Muradal en Sierra Morena, hoy conocido como Despeñaperros, situados en el término de Santa Elena, se reunió un numeroso ejército europeo, feudal y cruzado, que encabezaba el rey de Castilla Alfonso VIII juntamente con Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra. De toda Europa llegaron refuerzos acudiendo a la llamada del Papa Inocencio III que había proclamado una cruzada contra los infieles, a la que acudieron numerosos caballeros de las órdenes militares, como las de Calatrava, el Temple, Santiago y Malta. Este poderoso ejercito, se enfrentó a un contingente islámico, andalusí y norteafricano, que lideraba el califa almohade Muhammad al-Nasir.

En tiempos de gran fervor religioso y más aún tratandose de una guerra de religión, la batalla fue precedida de cantos religiosos, confesiones, misas y sacramentos en las tiendas cristianas. Después, tomando las armas salieron al campo de batalla. Cuando clareó el día ya se habían desplegado las fuerzas. En el campo cristiano tres cuerpos de ejército dispuestos en línea ocupaban la llanura. El central estaba formado por las tropas de Castilla, a su izquierda las de Aragón con Pedro II al frente y a la derecha los navarros de Sancho el Fuerte.

La vanguardia del cuerpo central, que sería el eje de la lucha, iba mandada por el veterano don Diego López de Haro. En la segunda línea se ordenaban los caballeros templarios y en la retaguardia iba Alfonso VIII acompañado por el arzobispo de Toledo y otra media docena de obispos castellanos y aragoneses y probablemente también por el arzobispo de Narbona.

Vidriera de Roncesvalles
La batalla fue una sucesión de escaramuzas tal como las había planeado cada ejercito, sin que se viera durante horas quien llevaba ventaja, pero tuvo su momento crucial en la carga lanzada por los tres reyes cristianos, que enfiló su objetivo y cruzó el campo de batalla sin perder cohesión. Con su ímpetu inicial apenas mermado llegaron al palenque de Miramamolín. De aquel momento supremo del combate apenas hay noticias fiables ya que las crónicas recogen narraciones y leyendas que no podemos descifrar pero pudo ocurrir que Sancho el Fuerte de Navarra fuera el primero en romper las cadenas y pasar la empalizada, lo que justifica la incorporación de aquellas cadenas al escudo de Navarra.

La carnicería en aquella colina fue tal que después de la batalla, los caballos apenas podían circular por ella, de tantos cadáveres como había amontonados. El ejército de Al-Nasir se desintegró. En la terrible confusión cada cual buscó su propia salvación huyendo. La caballería cristiana, dispersa en pequeños destacamentos, prosiguió su carrera lanceando y derribando a los fugitivos. La cifra de bajas almohades fue tan alta porque en la cacería tras la huida, perecieron tantos hombres como en el propio combate.


La batalla de las Navas de Tolosa, tuvo múltiples consecuencias políticas y territoriales, y es considerada ya desde el siglo XIII como una de las grandes batallas de la historia y un acontecimiento militar determinante que permitió la entrada de los cristianos en el corazón de Al-Andalus, conquistando poco después todo el valle del Guadalquivir.

Esta historia tal como la plantea el museo, es un canto a la multiculturalidad aunque con cierto tinte favorable a lo musulmán. El argumento que se muestra es que los reyes cristianos y en particular Alfonso VIII de Castilla, acuden al combate con el rencor acumulado desde la derrota en la batalla de Alarcos, en 1195, mientras que el moro es un caballero más civilizado que gobierna sus estados con justicia y equidad. Pero digamos que salvando estas pinceladas de "buenismo" propio de un pasado reciente, la narración de la historia es muy didáctica e interesante. Se utilizan audiovisuales y paneles interactivos ademas de rótulos, carteles y vitrinas con objetos de la época y también hay amables señoritas para guiar al visitante, en fin, que aún siendo la entrada gratuita, no se escatima en medios ya que el dinero sale del erario público, pero en este país por la cultura y la promoción turística, lo que haga falta.

En la web del museo puedes hacer un breve repaso de la historia: 
http://www.museobatallanavasdetolosa.es/

En Navarra, conmemorando aquella batalla tenemos dos recuerdos gráficos significativos: uno es el tapiz de Vicente Pascual que adorna el despacho del presidente en el Palacio de Navarra y otro, la vidriera de las Navas de Tolosa en Roncesvalles.

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