Google+ Aislado en este planeta: Marc Chagall

viernes, 25 de mayo de 2012

Marc Chagall

Es un pintor no demasiado conocido, aún siendo uno de los grandes del siglo XX, pero las recientes exposiciones de Madrid, lo han puesto de moda. El estilo pictórico de Chagall es muy personal y difícil de clasificar. Expresivo, colorista y con una combinación de elementos del cubismo y el fauvismo. El pintor es también un precursor del surrealismo por el contenido de sus cuadros: un violinista, un rabino, una pareja de enamorados, un cristo, un saltimbanqui, paisajes y animales fabulosos. Un mundo en el que todo es posible, pintado a golpe de vivos azules, verdes, rojos y amarillos.

En sus casi cien años de vida, a Chagall le dio tiempo a explorar el óleo, el grabado, la escultura, la cerámica y la vidriera, entre otras técnicas. Otra faceta menos conocida del pintor fue su labor como ilustrador de libros. Chagall conoció a lo largo de su vida a muchos poetas y escritores: Breton, Malraux, Cendrars, Apollinaire... Todos veían en él a un "pintor literario" y es que el artista amaba la literatura.


Chagall nace, y aprende a mirar la vida, en un pequeño pueblo bieloruso, Vitebsk, a finales del siglo XIX. Destinado a ser un modesto agricultor, logra saltar barreras y conseguir una beca para ir a San Petersburgo y ser aceptado en la escuela de la Sociedad Imperial para el Fomento de las Artes. Tiene 19 años y una determinación tozuda, de campesino, con la que logra salir de aquel ambiente y conseguir ayudas para ir a París. Y allí se produce la eclosión, ha encontrado un espacio en un lugar lejano, en el que su mundo es posible.

En Rusia, la revolución bolchevique triunfa y Chagall siente que tiene un compromiso con su gente. Regresa a San Petersburgo y se alista en el ejército. Vuelve a su pueblo, Vitebsk, se casa con Bella y poco después es nombrado Comisario de Bellas Artes. Funda la Academia e invita como profesores a Lissitsky y Malevich. Enseña dibujo en las colonias de huérfanos de la guerra, y esa experiencia le marcará para siempre. 

El dibujo es solo el punto de partida, les había explicado a sus alumnos. El dibujo marca los contornos pero el asunto básico se debate en el interior del trazo, con el color, que es pura materia, pura sensualidad. Una respuesta emocional y gestual a las geometrías del cubismo. Incluso en sus grabados el trazo está empastado, como si dibujase no con grafito sino con una brocha.

El mundo de Chagall hay que leerlo como una fábula, y la fábula es siempre circular, repetitiva, como una liturgia en la que siempre suceden cosas. No hay que interpretar. Basta mirar. Una novia, un asno, un carro, el sol, una muchacha y un músico, ramos de flores imposibles y seres que vuelan, casas y cabras…

Se ha dicho que la pintura de Marc Chagall gustaba incluso a aquellas personas que no entendían el arte moderno. En París alcanzó una gran popularidad entre artistas, poetas y el público en general. Su estilo es colorista, naïf y fantástico, cargado de humor y de nostalgia por el mundo rural, y fue aplaudido tanto por la alta burguesía  parisina, como por los más radicales activistas políticos, vinculados a la revolución bolchevique. Aunque después de ejercer como comisario de arte para la región de Vitebsk, cargo que le dio el ministro de cultura soviético, entendió que su pintura, caracterizada por una fuerte personalidad de autor, no encajaba en los postulados propagandísticos impuestos al arte que imperaron en la Unión Soviética.

Vive en París, más tarde en Nueva York, de allí a Palestina y luego México. Algunas estancias en Grecia y en Chicago, hasta que casi con 80 años se instala definitivamente en la Costa Azul, cerca de Niza. Durante toda su vida permanece fiel a un estilo pictorico que parece un relato sin tiempo, anacrónico. Igual sucede con los colores, una misma paleta duradera en toda su larga vida.

El mundo que pinta a lo largo de toda su existencia es la representación subconsciente del mundo de Vitebsk, su pueblo natal, almacenado en su memoria. Sus cuadros representan un universo propio en el que los personajes sobrevuelan los paisajes, las vacas tocan el violón o los rabinos se quedan dormidos.

Un fantástico mundo que trato de plasmar en este montaje con fotos tomadas el año pasado en el Museo Nacional Marc Chagall de Niza y algunas más.


Puedes cambiar la calidad a HD y verlo a pantalla completa.
También en YouTube: http://youtu.be/u0tyaNd6_T8

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