Google+ Aislado en este planeta: España... como siempre

martes, 2 de octubre de 2012

España... como siempre

Vivimos ahora una época de tensiones, intrigas y manejos políticos en torno a la unidad nacional, donde cada aprovechado tira de la manta para su lado sin importarle dejar al vecino con el culo al aire. Oímos propuestas que no pasan de ocurrencias oportunistas para pescar en río revuelto. La colección de desatinos va del centralismo, al federalismo, las autonomías, foralismo, confederalismo, república federal, estados asociados e independencia. Tantas fórmulas como interpretaciones interesadas y la mayor parte carentes de rigor y sobre todo de sentido común.

Cuando se lee la historia con la suficiente perspectiva que da el paso del tiempo, no se puede menos que sonreir. En efecto, hay sucesos que a pesar del dramatismo del momento, han quedado para la historia como anécdotas y chascarrillos. Además dejan patente que lo que hoy ocurre, ya sucedió en el pasado y en muchos casos fue intrascendente o terminó mal.

He aquí algunas anécdotas del separatismo en el siglo XIX, en el período de la I República. Un tiempo lleno de episodios grotescos que ahora nos harían sonreir si no hubiesen sido el origen de desórdenes, linchamientos, ajustes de cuentas, robos, latrocinios... y en el que se pusieron las bases de posteriores calamidades históricas que han llegado hasta nuestros días.

La llegada de la I República

Se cuenta en la tradición madrileña, que el 11 de febrero de 1873, al rey Amadeo I de Saboya le comunicaron el "despido" mientras esperaba su comida en el restaurante del Café de Fornos. De inmediato, anuló el pedido, pidió una grappa, recogió a su familia, renunció al trono y, sin esperar la preceptiva autorización de los diputados, se refugió en la embajada italiana. En su discurso de despedida dejó escrita una gran frase: 

"Dos años largos ha que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la nación, son españoles"

Dos años necesitó el italiano para conocer el percal y con desespero, arrojar la toalla.

La bandera de España se mantuvo
durante la I República, eliminando
únicamente la corona monarquica
Ese mismo día, el federalista Francisco Pi y Margall presentó la propuesta republicana en las Cortes. La Asamblea Nacional aprobó el advenimiento de la I República, por mayoría absoluta, con 258 votos a favor y 32 en contra, a pesar de la mayoría de parlamentarios monárquicos de la Cámara. Amadeo I dimitió de inmediato y se largó a Italia echando pestes de los españoles, dando paso a un nuevo sistema de Gobierno en España que se recuerda como ejemplo de inestabilidad institucional, gobiernos breves e ineficaces y sobre todo, por el intento de organización federal del Estado que derivó en una atomización cantonal y después en una espiral revolucionaria.

La "fuga" de Figueras.

En menos de un año, la I República tuvo cuatro presidentes. El primero de ellos fue Estanislao Figueras, catalán progresista y demócrata que tuvo que enfrentarse a una situación absolutamente esperpéntica. Diputados monárquicos votando por la república; republicanos centralistas votando por el estado federal, republicanos federalistas exigiendo el sistema confederal, sublevaciones de cantones soberanistas por todo el país, el estallido de la Tercera Guerra Carlista, la Guerra de los Diez Años en Cuba, una crisis económica de dimensiones mundiales, una deuda exterior apabullante y una corrupción e inoperancia parlamentaria suicida, con diputados y senadores cuyos usos eran incluso peores que los actuales.

Alegoría de la I República
En medio de aquel gallinero llamado España, Figueras, que era hombre cabal y de buenas maneras, tras cuatro meses de locura, no pudo más y explotó en un consejo de Ministros con una frase en catalán para la historia: "Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!". Al día siguiente, sin comunicarlo a nadie, escribió su carta de dimisión, discretamente la dejó sobre el escritorio y salió a dar una paseo por el parque del Retiro. En vez de regresar, tomó el primer tren que salió de la estación de Atocha y no se bajó hasta llegar a París. Dicen que dos días después envió un telegrama: "Soy Figueras -stop- estoy en París -stop- llegué bien -stop- saludos" 

La nueva Constitución

Las Cortes Constituyentes aprobaron el establecimiento de la República Federal, con 219 votos a favor y 2 en contra, el día 8 de junio de 1873. La victoria de los federalistas se dio en un marco de escasísima participación en la que se mantuvieron al margen el resto de fuerzas políticas y sociales por lo que el resultado no fue en absoluto, representativo de la realidad social y política de España.

La nueva constitución, que nunca llegó a ser redactada en su totalidad, preveía una organización federal a la manera de los EE UU. España quedaría articulada en 17 Estados autónomos con su propio poder ejecutivo, legislativo y judicial, que cederían parte de su soberanía al poder central de la República en la representación de los intereses nacionales.

Sin embargo, antes de que la Carta Magna hubiese sido concluida, la revolución cantonalista se extendió como un reguero de pólvora. Y no fue en forma de 17 estados regionales históricos, como estaba siendo debatido, sino en una pléyade de cantones locales independientes y minúsculos, entre ellos las “naciones” de Valencia, Alcoy, Cartagena, Sevilla... y la más pintoresca y efímera, la nación de Jumilla cuyo manifiesto fundacional es una joya impagable: 
"La nación jumillana desea vivir en paz con todas las naciones vecinas y, sobre todo, con la nación murciana, su vecina. Pero si la nación murciana, su vecina, se atreve a desconocer su autonomía y a traspasar sus fronteras, Jumilla se defenderá, como los héroes del Dos de Mayo, y triunfará en la demanda, resuelta completamente a llegar, en sus justísimos desquites, hasta Murcia, y a no dejar en Murcia piedra sobre piedra."
Mapa de los conflictos en España durante la I República

El cantón de Cartagena

En Cartagena, los republicanos federales proclamaron el cantón el 12 de julio de 1873, colocando su bandera en el castillo de San Julián. Los cantonalistas ocuparon el Ayuntamiento, el Arsenal y las baterías de costa, consolidando la más importante de las aventuras secesionistas de la historia de España.

La proclama tuvo su anécdota, que hoy nos parece de broma pero que en su momento fue dramática. Con el triunfo de la insurrección, en medio del caos y la confusión propia del momento, un despacho de la capitanía llegó al Ministerio de Marina informando de una singular noticia en una de las fortalezas de la base naval: "Castillo San Julián enarbola bandera turca". Esto llevó al ministro a preguntarse si en Cartagena estaban todos locos. ¿Que habia sucedido?. Pues que la señal convenida de la toma del castillo para informar a la flota e iniciar la sublevación, era el cañonazo y el izado de la bandera roja, pero ocurrió que no había ninguna de ese color y en medio de las prisas, echaron mano de la más parecida: la bandera turca.

El cantón de Cartagena permaneció independiente del Gobierno central debido a que era una ciudad fortificada y a que contaba con el arsenal y el grueso de la flota española, lo que le permitió además, saquear las "naciones" vecinas de Almería y Alicante imponiéndoles impuestos para financiar el cantón. La Junta Revolucionaria creó el periódico "El Cantón Murciano", para la difusión de sus ideas y noticias, y en un gesto de ingenua honradez, acuñó moneda con un peso y una ley de plata superiores a los de la moneda oficial del Estado.

Alfondo XII llegó al trono con 17 años de edad

El 3 de enero de 1874, el general Serrano instauró una dictadura republicana y decretó la disolución de las Cortes Generales. El nuevo presidente consiguió la derrota definitiva del cantón de Cartagena mediante su conquista por el general José López Domínguez el 12 de enero de 1874. Los cantonalistas se rindieron tras un asedio continuado de seis meses y la destrucción de la mayor parte de la ciudad en los bombardeos. Los insurrectos se enfrentaron a penas de muerte o cárcel tras la entrada de las tropas. Los más afortunados, como el líder cantonal Antonete Gálvez, lograron huir al exilio de Argelia y algunos consiguieron una amnistía del Gobierno. Una vez resuelto el problema cantonal, el general Serrano delegó el poder político para dirigir la lucha del ejército contra las tropas carlistas en el Norte peninsular. El general Arsenio Martínez Campos selló el final de la I República con el triunfo del golpe de Estado de Sagunto el 30 de diciembre de 1874, que supuso la restauración de la monarquía en el rey borbón Alfonso XII.

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