Google+ Aislado en este planeta: Volumen y color

viernes, 23 de noviembre de 2012

Volumen y color

Así se puede resumir, en dos palabras, la exposición que he visto en el Museo Bellas Artes de Bilbao del pintor colombiano Fernando Botero.

El volumen ha hecho famoso a Botero por sus señoras gordas, orondos obispos y desproporcionados animales, de modo que ésta es una de sus señas de identidad universal. Por cierto, se trata de una originalidad en su estilo pictórico muy personal y poco imitada.
El color en Botero se derrama sin mesura por sus obras, con una paleta abundante y dulce. Mucho color pero sin estridencias. Es el reflejo de un país, de sus paisajes y de sus costumbres. Trae a la memoria, en alguna de sus series, la literatura de García Márquez convertida en lienzo.

Botero ante una de sus obras
Fernando Botero es el artista iberoamericano más cotizado del mundo. Por su tendencia a la monumentalidad y el tratamiento exagerado de las proporciones, sus obras son inconfundibles incluso para personas poco familiarizadas con el mundo del Arte. Público y crítica han sabido apreciar el fino sentido de la ironía que siempre combina con una aparente ingenuidad, a veces un poco näif.

Nacido en Medellín, Colombia, hace 80 años, celebró su primera exposición individual en 1948, cuando empezaba a ser conocido en su ciudad por sus acuarelas de toreros. Ese año viajó a Bogotá para participar también en una exposición colectiva y en 1950 se trasladó ya a vivir a la capital. Muy pronto, con sólo 20 años toma un barco hacia Barcelona y desde allí viaja a Madrid donde se inscribe en la Academia de San Fernando. En el Museo del Prado descubre a Goya y Velázquez y allí comienza a pintar para los turistas, con lo que financia sus primeros viajes a París, Roma y Florencia. Esa etapa de su vida es fundamental para la formación del artista ya que le permite estudiar a los antiguos maestros y adquirir gradualmente el dominio del espacio y el volumen que terminarían caracterizando su pintura. Es en esos años cuando se acentúa su atracción por el aspecto monumental del Arte.

En 1956 se radica en México, donde se interesa por el Arte precolombino y el trabajo de los pintores surrealistas. A partir de su obra "Naturaleza muerta con mandolina", realizada en México, todo su trabajo adquiere la "proporción boteriana" y él mismo ha definido aquel momento como el hecho de "atravesar una puerta para entrar en otro cuarto".

En 1958 representa a Colombia en la Bienal de Venecia y un año después participa también en la de Sao Paulo. En 1960 viaja a Nueva York, donde atraviesa un momento difícil de su carrera artística. Es el tiempo del auge de la pintura abstracta y pocos son los críticos y coleccionistas atraídos por las obras figurativas de Botero. Todo cambia un año después, cuando el MoMA adquiere una de sus pinturas: "Mona Lisa a los doce años", una pieza que se haría mundialmente famosa tres años más tarde, cuando se expuso al público coincidiendo con la exhibición de La Gioconda de Leonardo da Vinci en el Metropolitan neoyorquino.

Botero viaja sin cesar por distintas ciudades del mundo y reivindica permanentemente sus orígenes iberoamericanos. "Quiero ser capaz de pintar todo, hasta María Antonieta y Luis XVI, pero con la esperanza de que todo lo que yo haga esté impregnado del alma latinoamericana", decía. Su primera exposición en Europa se celebró en Alemania, en 1966, y a continuación vendrían Nueva York, París, Baden-Baden, Londres y otras muchas ciudades donde se reclamaba su presencia con creciente interés. En 1973 se instala en París y da un giro temporal a su carrera interesándose por la escultura a la que se dedica casi por completo durante los diez años siguientes. Fue, sin duda, una consecuencia natural de su pasión por el volumen.

"Mujer fumando", subastada en un millón de dólares
En 1980 se instala en Pietra Santa (Italia), una región famosa por sus canteras de mármol y fundiciones, aunque sigue manteniendo abiertos los estudios de Nueva York, París y Bogotá. Hubo que esperar casi cinco años para que volviera a pintar sus amables escenas taurinas que pudieron verse de nuevo en 1985 en la Galería Marlborough de Nueva York y después recorrieron numerosas ciudades, por todo el planeta. En 1992 se exhibieron en los Campos Elíseos de París más de treinta de sus esculturas monumentales que luego iniciaron una gira de más de diez años por el mundo entero. En Madrid pudimos verlas en el Paseo de Recoletos, en 1994.

Una de sus especialidades es la reproducción en versión propia de obras famosas de la pintura universal. Así ha creado originales réplicas de Jan van Eyck, Leonardo, Rubens, Piero della Francesca, Rafael, Ingres o Goya, que resultan reconocibles aún recreadas al "estilo Botero".

Versión de Botero del "matrimonio Arnolfini", obra de Jan van Eyck

Los animales misteriosos, los toreros de traje apretado y las mujeres dulces y sensuales de Fernando Botero, son ya parte del paisaje de las ciudades más importantes del mundo, en cuyos museos pueden verse sus cuadros mientras que sus bronces gigantescos impresionan en las calles. Botero es un maestro indiscutible de una corriente conocida como Realismo Mágico de Iberoamérica y es el más destacado representante de la cultura mestiza del siglo XX en Europa y América.

La visita ha merecido la pena. También he visto la muestra de Egon Schiele en el Guggenheim, pero esa página prefiero dejarla en blanco ya que el expresionismo me resulta difícil. Me gustan algunos pintores de esa etapa, pero éste en concreto, no me dice gran cosa.

Aquí dejo un pequeño vídeo que he montado con los colores infinitos de Botero.
http://www.youtube.com/watch?v=CuMXzywxaKg&feature=plcp

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