Google+ Aislado en este planeta: Las Misiones españolas de California

domingo, 27 de enero de 2013

Las Misiones españolas de California


En la segunda mitad del siglo XVIII, la Corona española se planteó un objetivo en los dominios americanos, que fue la ocupación y colonización de la Alta California, territorio situado al noroeste del entonces virreinato de Nueva España (México), y que se corresponde, en líneas generales, con el actual Estado norteamericano de California. Como todas las expediciones del Imperio español, esta tenía también la doble misión de conquista militar y religiosa. También había una razón política que era el temor a que otra potencia europea, especialmente Rusia, que ya había llegado a Alaska, se estableciera en la zona.

La ocupación de la Alta California se planteó con una doble expedición, terrestre y marítima, al mando de Gaspar de Portolá, en 1769. El punto de partida fue la península de la Baja California, hoy día parte del Estado mexicano, y donde los jesuitas habían consolidado una serie de misiones desde finales del siglo XVII. Cuando los jesuitas fueron expulsados de España y sus territorios, en 1767, los establecimientos misionales se encomendaron a los frailes franciscanos, los cuales, poco después, recibirán el encargo de participar en la expedición de Portolá y evangelizar a los indígenas de las nuevas tierras.

La labor misionera iniciada en la Alta California, en 1769, correspondió a fray Junípero Serra, franciscano español, nacido en Mallorca. Serra era doctor en Teología y había llegado a la América española en 1749 desmbarcando en Veracruz. Según su lema, "siempre adelante nunca retroceder", Junípero Serra dirigió la fundación de nueve misiones, entre 1769 y 1782: San Diego, San Carlos, San Antonio, San Gabriel, San Luis Obispo, San Francisco de Asís, San Juan Capistrano, Santa Clara y San Buenaventura.

San Francisco de Asís - Misión Dolores
Fray Junípero se ganó el afecto de los indios y cuando murió en la misión de San Carlos, el 28 de agosto de 1784, más de 600 indios cristianos acudieron a su funeral y teniéndole por santo, fueron muchos los que se llevaron trozos de su hábito. En 1988, era beatificado por Juan Pablo II. También fue reconocida su tarea por los Estados Unidos y hoy una estatua de fray Junípero se alza en el Capitolio de Washington. Tras la muerte de Serra se fundaron doce misiones más, hasta un total de veintiuna.

California fue parte del territorio mexicano desde la independencia de México en 1821, hasta la guerra con los Estados Unidos de 1846-1848. Al finalizar el conflicto, como condición de paz, la República Mexicana fue obligada a ceder el territorio a los Estados Unidos en el Tratado de Guadalupe Hidalgo. La Fiebre del Oro en el período 1848-1849 provocó una inmigración de 90.000 estadounidenses procedentes del resto del país. Finalmente, California se convirtió en el 31 estado de la Unión en 1850.

Placa conmemorativa
A lo largo de un eje paralelo a la costa de la Alta California con casi 1.000 km de longitud, se desarrolló el Camino Real, que viniendo desde la Baja California, unía las 21 misiones franciscanas. Las edificaciones son sencillas, construidas con adobe encalado, el edificio principal es siempre una iglesia de alta fachada y tejado a dos aguas, donde unos pabellones anejos de una sola planta, forman un claustro con jardín y fuente. Frescas y silenciosas, ofrecían reposo para la educación y cuidado de los nativos, refugio para la oración y sede para gestionar la agricultura y la ganadería. Fueron secularizadas en 1834 por el Gobierno Mexicano y se convirtieron en propiedad estatal, entrando pronto en una imparable decadencia.

San Juan Capistrano
Por desidia, saqueos o por la inestabilidad sísmica, las misiones quedaron totalmente arruinadas a principios del siglo XX sin que a nadie pareciera importarle, salvo a William Randolph Hearst, el conocido Ciudadano Kane, quien se construyó un delirante castillo en las inmediaciones de la misión de San Antonio de Padua. En cualquier caso, las misiones, engullidas por la expansión urbanística, fueron devueltas a los franciscanos a mediados del siglo XX. Actualmente, todas están perfectamente restauradas y son visitables. Algunas tienen un uso turístico, y otras, educativo o de culto.

Misión de Santa Bárbara
La Reina de las Misiones es la de Santa Bárbara, que se alza desde 1786 sobre la ciudad, en lo alto de una colina. Hoy es un monasterio franciscano, además de parroquia y museo histórico. Lo mejor, su claustro y su imponente fachada dórica. Aquí, en Santa Bárbara, está también el Presidio, un fuerte construido en 1782 entre las misiones de San Diego y Monterrey, que fue el último bastión español en la Alta California.

Además, Santa Bárbara es una de las imágenes más idílicas de la costa, con sus palmeras mecidas por el viento, sus playas blancas y cientos de embarcaciones en el puerto. Por algo la llaman la Riviera americana.

Santa Bárbara
La última y más septentrional de las misiones es la de San Francisco Solano, fundada por el padre Altimira en 1823. Se atribuye a este fraile la plantación de las primeras vides en el valle de Sonoma, hoy mundialmente famoso por sus vinos.

Las misiones californianas no interesan tanto por su valor arquitectónico, que no es grande, como por el trasfondo histórico que tienen. Son el legado de la presencia española en un territorio en el que aquellos franciscanos establecieron los primeros asentamientos europeos, en una parte del mundo por entonces remota y desconocida.

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