Google+ Aislado en este planeta: Crónica negra de España (I)

miércoles, 20 de febrero de 2013

Crónica negra de España (I)

El Caso
Portada "sangrienta"

Esta es una historia de aquella España en blanco y negro que casi hemos olvidado los que la conocimos. Un tiempo que resulto muy largo y gris, con aquella monotonía y silencio impuestos por el régimen y la mentalidad de la época y que se tornaba negro a la hora de relatar las noticias más truculentas que ocurrían en el país.

Un periódico que se especializó en la narración de sucesos trágicos, fue El Caso, un semanario de cierto éxito, que explotó el morbo de cualquier hecho sangriento en una sociedad en que las mayores emociones pasaban por el logro de comer caliente cada día. Apareció en los quioscos el 11 de mayo de 1952, y hasta su cierre en 1987, se caracterizó por relatar en sus páginas los más variopintos sucesos que iban de un crimen pasional a una aparición extraterrestre, pasando por cadáveres olvidados, atracos a joyerías y asesinos en serie. Hubo historias de gran repercusión que elevaron la tirada de El Caso a cientos de miles de ejemplares pero sobre todas, destacó esta que mezclaba dosis de glamour, dramatismo y sangre.


El Jarabo

José María Jarabo fue uno de los asesinos más fríos y despiadados de la crónica negra de Madrid y de toda España, que elevó la tirada de El Caso a cotas insuperables.

El día 4 de julio de 1959 se le ejecutó mediante garrote vil, en cumplimiento de las cuatro sentencias de muerte a las que había sido condenado. Casi un año antes, había asesinado a dos hombres y dos mujeres, una de ellas embarazada. 

"El Jarabo" había nacido en Madrid en el seno de una buena familia y se educó en buenos colegios de los Estados Unidos. Cosmopolita y hombre de mundo, Jarabo representaba también el prototipo de "crápula", bebedor, jugador, toxicómano, mujeriego y sin escrúpulos. Mientras su familia estaba en Puerto Rico, él dilapidaba la fortuna familiar en juergas, mujeres y drogas.

Corría el año 1958 y España comenzaba a remontar la posguerra, pero para Jarabo los tiempos empezaban a ser difíciles, muy difíciles. Desde el año 1950 en el que había regresado a España, había dilapidado unos 15 millones de pesetas, una fortuna en la época. Ahora, escaso de dinero, con la amenaza de que su familia regresaba a España, lo que hubiese cercenado su forma de vida, y con el chalet familiar de la calle de Arturo Soria hipotecado, los buenos tiempos se estaban terminando. El dinero que su madre le enviaba desde el extranjero no le llegaba ni a la mitad del mes.

La tragedia se precipitó cuando una de sus amantes, Beryl Martin Jones, casada y de nacionalidad inglesa, le comenzó a apremiar para que le devolviese una joya de brillantes regalo de su marido y que esta le había entregado para que Jarabo la empeñase. Al empeñar la joya, en la casa de empeños Jusfer, Jarabo obtuvo 4.000 pesetas, un importe infinitamente menor que el valor de la sortija en prenda. Al intentar recuperar la joya, se encontró con una dificultad añadida a la escasez de dinero; los prestamistas le pedían una autorización de la propietaria por lo que Jarabo tuvo que entregar una carta de su amante que probaba su propiedad, pero que contenía otras declaraciones muy comprometedoras.

Jarabo llevaba una vida social intensa
Sin dinero para recuperar lo empeñado, apremiado por su amante y por las deudas y enfrentado a una situación límite, el sábado 19 de julio de 1958, se encaminó a la vivienda de uno de los propietarios de la casa de empeños, Emilio Fernández Diez. Su intención era recuperar la joya y la carta en la creencia que podían estar en el domicilio del prestamista. Cuando llega a la vivienda le abre la criada Paulina Ramos Serrano, de 26 años que se resiste a franquearle la entrada ante la ausencia del dueño de la vivienda. En un descuido, la golpea con una plancha y la aturdida muchacha no tiene tiempo de recuperarse cuando Jarabo le clava un cuchillo en el corazón que la mata en el acto.

Con posterioridad llega a la vivienda Emilio Fernández a quien Jarabo asesina en el cuarto de baño de un tiro en la nuca que le causa la muerte instantáneamente. La tercera muerte se produce poco después cuando Amparo Alonso, la esposa de Emilio, acude al oír ruidos alarmantes y recibe otro disparo en la cabeza en su propia alcoba. Esta muerte es doble ya que Amparo estaba embarazada.

Jarabo repara en que ha matado a tres personas y que, por mucho que busque en la vivienda, no están los objetos que busca. Aun así se cambia de camisa, dispone la vivienda y los cadáveres de tal forma que de la impresión de que ha ocurrido un crimen de índole sexual y decide pasar la noche en la casa durmiendo sin mayor problema. Su situación es desesperada y solo le queda una carta. El domingo por la mañana se encamina al cine Carretas, un cine de sesión continua, y luego pasa la tarde descansando en la pensión donde reside. Tiene que esperar al lunes para intentar su última jugada con el socio de Emilio Fernández, Felix López Robledo.


Justo en el momento en que López quiere entrar en la casa de empeños que dirige, Jarabo ya está allí esperándole. Sin darle tiempo a nada, le dispara 2 tiros en la nuca matándole en el acto. Entra en la tienda y lo registra todo sin encontrar ni la joya ni la carta. Su suerte estaba echada ese 21 de julio, como declaró con posterioridad.

Aun así, llevó el traje ensangrentado a una tintorería de la calle Orense, cometiendo un nuevo y fatal error. Estaba dejando demasiadas pistas y eso supuso su perdición. En la mañana del día 22 de julio, cuando va a recoger el traje ya limpio, le espera la policía para detenerle. Se habían descubierto los cadáveres de las víctimas y el propietario de la tintorería había sospechado de aquel traje ensangrentado y acudió a la comisaría.

Aquel cuádruple crimen, la brutalidad con la que se cometió, y las circunstancias personales de Jarabo, impactaron a la sociedad española. La condena a cuatro penas de muerte fue entendida como justa en la España de la época y se llevó a cabo mediante garrote vil, el 4 de julio de 1959. Jarabo ostenta el dudoso honor de ser el último ajusticiado mediante garrote vil en España, por delitos comunes.

Tengo otra historia de la época que también dio mucho que hablar y que El Caso reflejó en sus páginas, con gran éxito de tirada. Lo contaré en breve en una segunda Crónica Negra.

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