Google+ Aislado en este planeta: Expolio del patrimonio artístico español

jueves, 7 de febrero de 2013

Expolio del patrimonio artístico español

En los dos últimos siglos, España ha sufrido varios episodios dramáticos de destrucción de su patrimonio artístico y cultural. Las guerras, la incultura y la avaricia han sido, como casi siempre, la causa de nuestras penurias.
El primer desaguisado fue perpetrado por las tropas napoleónicas durante la Guerra de Independencia y concretamente por sus generales, que encontraron en España una fuente inagotable de tesoros artísticos para sus colecciones y más aún para sus negocios.

La carga de los Mamelucos. Francisco de Goya
Guerra de la Independencia
A ellos se sumó el propio Napoleón que tenía previsto crear en París, el Museo Napoleónico que albergaría todas las obras de arte saqueadas durante sus campañas por Europa. Numerosas pinturas fueron llevadas allí para no volver. En aquellos años, incontables obras salieron de España hacia toda Europa, pero principalmente hacia Francia. Además, a la rapiña hay que sumar la destrucción sembrada en numerosos conventos, palacios y lugares públicos, como daños colaterales de aquella guerra.

En el expolio colaboraron también los ingleses, aunque en menor medida, robando todo aquello que juzgaron de valor y pudieron llevar consigo. Una manifestación artística que sufrió especialmente fue la orfebrería. Custodias monumentales, cruces procesionales, arcas, cálices, etc., fueron robados, requisados y fundidos por uno y otro bando para transformar en lingotes o monedas los metales preciosos.

Después de la Guerra de Independencia, llegó el período de las sucesivas desamortizaciones del siglo XIX, siendo las más relevantes las de Mendizábal y Madoz. En realidad, tenían un precedente en la expulsión de los Jesuitas de los territorios de la Corona española y la incautación de sus posesiones, decretada por Carlos III en 1767. La desamortización pretendía la formación de una propiedad coherente con el sistema liberal, es decir, la instauración de la propiedad libre, accesible para todas las capas sociales. Consistió en poner en el mercado, previa expropiación forzosa mediante subasta pública, las tierras e inmuebles hasta entonces en poder de las llamadas "manos muertas", es decir, la Iglesia Católica o las órdenes religiosas que los habían acumulado a través de donaciones y testamentos, así como otros bienes improductivos en poder de municipios o particulares.

Uno de los objetivos de la desamortización era permitir la consolidación del régimen liberal creando con los nuevos propietarios una nueva y amplia burguesía de clase media afín al régimen. Sin embargo no se consiguió este objetivo, ya que la mayoría de las adquisiciones se realizaron por la aristocracia y los grandes propietarios capaces de reunir el capital necesario para la compra de los bienes más importantes. Esto fue especialmente significativo en el sur de la península donde se formaron enormes latifundios.

El monasterio de Leyre fue una víctima
de la desamortización de Mendizábal
Otra consecuencia de la desamortización la sufrieron numerosos campesinos, que se vieron privados de unos recursos básicos que contribuían a su subsistencia (leña, pastos etc.) provenientes de los bienes comunales de los municipios, que fueron vendidos a particulares. Esto acentuó la tendencia emigratoria de la población rural que se dirigió a zonas industrializadas del país o a América, fenómeno que se extendió hasta bien entrado el siglo XX.

En el aspecto cultural, muchos cuadros y libros de los monasterios fueron vendidos a precios bajos y acabaron en otros países, pasaron a engrosar los fondos de las bibliotecas públicas y museos o fueron a parar a manos de particulares, que sin tener noción del valor real de los mismos, los dispersaron o se perdieron para siempre. Numerosos edificios de interés artístico, como iglesias y monasterios, quedaron abandonados y cayeron en la ruina. Otros en cambio se transformaron en edificios públicos y fueron conservados como museos u otras instituciones, contribuyendo a la transformación urbana de pueblos y ciudades. En esta época se pasó de la ciudad conventual, con grandes edificios religiosos, a la ciudad burguesa, con construcciones de más altura, ensanches, avenidas y nuevos espacios públicos. Los antiguos conventos se transformaron en edificios públicos, museos, hospitales, cuarteles y parroquias.

Desde el punto de vista del medio natural, la desamortización puso en manos privadas, millones de hectáreas de montes, que a falta de una conciencia medioambiental, acabaron siendo talados y roturados, causando un inmenso daño al paisaje español que aún hoy es perceptible, a pesar de los esfuerzos de reforestación que se han llevado a cabo desde hace setenta años para compensar aquellos destrozos.

Claustro del Monasterio de Sacramenia
reconstruido en Miami
En el siglo XX, se produjo un nuevo expolio de nuestro patrimonio, esta vez mediante la venta fraudulenta e ignorante de numerosas obras, incluyendo edificios completos, que fueron a parar a manos de coleccionistas y millonarios, principalmente americanos. Hay un personaje imprescindible en esta época: Arthur Byne, un licenciado en arte que se presentaba como arquitecto. En las dos décadas que vivió en España, de 1915 a 1935, desmanteló decenas de iglesias, palacios y conventos, que compró ilegalmente y trasladó a Estados Unidos, piedra a piedra, para atender a su selecta clientela de millonarios maniáticos por el arte. Robó, engañó, sobornó y consumó el mayor saqueo conocido del patrimonio arquitectónico español.

Resulta difícil imaginar cómo monasterios enteros salieron de nuestro país sin dejar rastro. Un ejemplo lo constituye el Monasterio de Sacramenia, en el norte de Segovia, que estaba en manos privadas desde la desamortización. Sus dueños lo vendieron en 1925, a través de Byne, al magnate de la prensa norteamericana y coleccionista de obras de arte William Randolph Hearst, incluyendo en el lote el claustro, la sala capitular y el refectorio de los monjes. Se desmontó completamente y fue embalado en cajas numeradas. Así llegó a la estación de Peñafiel, y de allí fue trasladado en ferrocarril hasta Valencia, en donde se embarcó hacia Estados Unidos con un permiso de exportación del Ministerio, en el que se indicaba que eran materiales de construcción. Actualmente el monasterio reconstruido se encuentra en Miami y se destina a la celebración de bodas y banquetes.

Reja de la Catedral de Valladolid
en el Metropolitan de Nueva York
Otros casos igualmente escandalosos de expolio y fraude son el Palacio de Vélez Blanco, Almería, que se encuentra en el Metropolitan Museum de Nueva York; los sepulcros del duque de Alburquerque, cuya parte principal se conserva en la Hispanic Society of America de Nueva York; la colección del conde de las Almenas, que terminó subastándose en Nueva York en 1927; el techo de la Casa del Judío, de Teruel así como otros artesonados de estilo mudéjar; el castillo de Benavente, del que se vendieron capiteles, columnas y puertas al millonario norteamericano Hearts. También se encuentra en Nueva York, la reja de la catedral de Valladolid, que se puede ver en la actualidad en el Metropolitan. El museo justifica su tenencia en un cartel explicativo que indica que, tras la reforma de la catedral en los años 20, la reja "ya no era necesaria". Hay muchos más casos de inmuebles y millares de otros objetos artísticos y antigüedades que harían la lista interminable.

Y para rematar la faena, llegó el período republicano y la Guerra Civil española. Este fue un tiempo triste de olas de violencia anticlerical que se dieron al comienzo de la Segunda República y también en los primeros días que sucedieron a la rebelión militar del 18 de julio de 1936, que se materializaron en más de un centenar de edificios pasto de las llamas, a los que se añaden los que fueron destruidos en bombardeos y explosiones. 

Aunque pueda parecer sombrío el panorama descrito, la realidad es que en España tenemos, junto con Italia, el patrimonio artístico más importante de Europa, distribuido por todo el territorio. Si además hay obras españolas diseminadas por el mundo, estas son nuestra mejor embajada y un buen reclamo para atraer visitas a nuestro país.

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