Google+ Aislado en este planeta: F de Fraude

miércoles, 13 de febrero de 2013

F de Fraude

Se cuenta una anécdota en la que el marchante Fernand Legros, que fue socio de Elmyr de Hory en su negocio de falsificaciones, llevó a Picasso uno de los dibujos imitados por el virtuoso húngaro para que lo autentificara y, ante la duda, el artista malagueño dijo: "¿Y dice usted que alguien ha pagado por esto 100.000 dólares?. Pues si se ha pagado tanto debe ser mío, claro". O sea, que a Picasso no le interesó comprobar estilísticamente si era suyo o no, con el precio tuvo bastante para autentificarlo. Es lo que está pasando en el arte moderno: "Todo necio confunde valor y precio", como advirtió Machado. Y este puede ser un aforismo que encuentra fácil aplicación en la feria ARCO, que comienza hoy en Madrid.

Pero, ¿quién fue realmente Elmyr de Hory? ¿Cómo llegó a convertirse en el falsificador más importante de todos los tiempos? ¿Por qué el cineasta Orson Welles se inspiró en él para realizar "F for Fake", película-documental de 1973, y hasta la revista Time le dedicó su portada?

Exposición de obras falsificadas
Este genio de la falsificación nació en 1905 en Budapest, hijo de dos ricos aristócratas de origen judío. Decidido a ser artista, se trasladó a París, donde trabajaban entonces Matisse y Derain, y por donde aparecía a menudo Picasso. Como la mayoría de los pintores jóvenes del momento, conoció a todas las figuras de renombre.

La II Guerra Mundial trastocó su mundo. Fue conducido a Alemania y, en un interrogatorio, la Gestapo le rompió una pierna. Trasladado a un hospital en las afueras de Berlín, logró escapar de la manera más increíble: un día notó que la puerta de entrada estaba abierta y se marchó andando de puntillas. Consiguió llegar a Budapest, donde aguantaría oculto hasta el final de la guerra.

Tras el conflicto, volvió a París. Pero ahora era un pintor pobre y ya no era joven. Entonces, una amiga noble y multimillonaria, lady Campbell, se fijó en un dibujo que él había hecho en 10 minutos y lo confundió con un Picasso. Desconcertado, Elmyr se lo vendió. "Fue tan fácil que no podía creerlo. Ni siquiera me sentí culpable, era una cuestión de supervivencia".

Pensó que había encontrado un filón y muy pronto, se dedicó a recorrer Europa vendiendo sus dibujos de Picasso. Tras las penalidades de los últimos años, era maravilloso volver a alojarse en los mejores hoteles, pedir buenos vinos y viajar en primera clase. Cada vez que vendía algo, lo celebraba con Mouton-Rothschild cosecha de 1929.

Elmyr en su taller
En agosto de 1947 se trasladó a Nueva York. A la fiesta de inauguración de su nueva casa estaban invitados importantes figuras del cine y el arte, entre ellos René d’Harnoncourt, en aquel momento director del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Empezó entonces un periplo que le llevó de Hollywood a San Francisco, Portland, Seattle y San Diego. En Texas tuvo un éxito inmediato con los nuevos magnates de la industria petrolífera, ansiosos de cultura inmediata. "Yo era una gran atracción", recordaba Elmyr. "Me gustaba Texas y me gustaban los americanos. Me sorprendía lo generosos y sencillos que eran todos".

Pese a algún pequeño tropiezo, su negocio iba viento en popa. Su colección privada pronto incluyó gouaches, dibujos, acuarelas y pequeños óleos falsos de Matisse, Picasso, Braque, Derain, Bonnard, Degas, Vlaminck, Laurencin, Modigliani y Renoir. 

En los años 50, empezó a vender por correo a museos de arte moderno y galerías de todo Estados Unidos. A menudo, retenían las obras durante varias semanas mientras buscaban asesoramiento de expertos. Pero el resultado siempre era positivo: la obra era auténtica. En todo este tiempo, sólo un par de dibujos fueron puestos en duda.

Finalmente, sucedió lo inevitable. Vivía entonces en Florida, cuando un coleccionista, a quien De Hory había vendido algunas obras, prestó sus dibujos para una exposición que tuvo que ser cancelada porque dos de ellos "no eran originales". Elmyr huyó durante unos meses a México. Después se enteraría de que el FBI había visitado su apartamento, preguntando cuándo volvería.
"A la manera de Matisse"

Fiestas y museos. Por esa época, el precio de sus obras estaba alcanzando cotas astronómicas. Las piezas ya vendidas iban dispersándose y terminaban a menudo en colecciones particulares y museos. En el de Detroit encontró expuesto un Modigliani salido de su mano. En libros y catálogos aparecían piezas suyas. Todo eso empezaba a deprimirle, más que a halagarle. De regreso a Estados Unidos, Elmyr continuó con su vida de siempre. Dio una fiesta a la que fue Marylin Monroe . "Allí abajo, frente a mi puerta, había tres Rolls Royce". Pero empezaron a circular rumores entre los grandes marchantes que advertían "ten cuidado con un amable húngaro de 50 años con un monóculo y un Matisse bajo el brazo". Entonces empezó a falsificar litografías, más fáciles de colocar, y entre ellas, muchas de la serie Tauromaquia, de Picasso.

Tras un intento de suicidio, en 1959, Elmyr decidió huir de América. En sus 13 años allí se había convertido en el falsificador más prolífico y de más éxito de la Historia. Sus obras colgaban en las paredes de museos e instituciones. Había viajado tanto y había utilizado tantos alias, que nadie, ni siquiera los escasos marchantes que habían detectado alguna de sus falsificaciones, estaba en condiciones de imaginar la magnitud de su trabajo.

Un Picasso firmado por Elmyr
Justo entonces, descubrió Ibiza. Unido a dos jóvenes manipuladores, Legros y Lessard, el negocio prosperó más que nunca. En el año 1962, Elmyr asimilaba las técnicas al óleo de grandes pintores, mientras sus socios vendían su obra por París, Nueva York, Chicago, Suiza y el sur de Francia. Al año siguiente recorrieron Río de Janeiro, Buenos Aires, Ciudad del Cabo, Johanesburgo y Tokio. En esta última, Legros vendió al Museo Nacional de Arte Occidental, tres piezas sobre las que el mismo ministro francés de Cultura, André Malraux, fue invitado a dar su opinión y sentenció que "los precios eran muy razonables para unas obras de tal categoría".

El multimillonario Algur Hurtle Meadows, magnate del petróleo y poseedor compulsivo de obras de arte, les compró en dos años quince Duffys, siete Modiglianis, cinco Vlamincks, ocho Durains, tres Matisses, dos Bonnards, un Chagall, un Degas, un Laurencin, un Gauguin y un Picasso. Pero Elmyr apenas recibía unos cientos de dólares al mes, mal y tarde. "Teníamos que mantenerle pobre, explicaría Lessard después, para que siguiera a nuestras órdenes". 

Biografía de De Hory por Clifford Irving
La última etapa de su vida tiene aires de sainete. Sus socios llegaron a pelearse públicamente y terminaron ante los tribunales en varios países. Eso afectó a Elmyr, cuyos trabajos perdieron calidad. Algunas de sus obras despertaron sospechas y pronto el nombre de Fernand Legros empezó a estar comprometido. Tantos escándalos acabaron escamando al magnate texano que pidió el asesoramiento de cinco expertos. La conclusión fue inapelable: 44 cuadros no eran originales. Meadows se convirtió, según un periodista, en "el hombre que posee la mayor colección de falsificaciones del mundo".

"Esto se ha ha terminado", anunció entonces Elmyr, "yo ya he sufrido bastante". Las autoridades españolas habían puesto la vista sobre él y se le abrió una investigación a cargo del Tribunal de Vagos y Maleantes. Le condenaron a dos meses de cárcel por homosexualidad, convivencia con delincuentes y "carecer de medios demostrables de subsistencia".

En los últimos tiempos fue perseguido por estafa en varios países  pero él siempre se defendió diciendo que no había falsificado. Simplemente pintaba "al estilo de..." y de hecho, no firmaba sus obras. De eso se encargaban sus socios. Comparaba la pintura con la música afirmando que no es una falsificación que la Orquesta Sinfónica de Berlín interprete a Bach. Finalmente, todo se serenó y De Hory pudo vivir los últimos años de su vida en relativa paz, en su querida isla de Ibiza, donde se suicidó en diciembre de 1976, ante la amenaza de una inmediata extradición.

Lo más asombroso, sin embargo, es que pudiera engañar a tantos expertos durante décadas. Elmyr, desde los comienzos de su carrera, en 1946, pintó unas 1.000 obras de arte atribuidas a maestros desde Modigliani hasta Picasso. Sólo en la etapa con Legros se calcula que ganó 35 millones de dólares. Y si no hubiera sido por los graves conflictos personales de sus dos socios y vendedores, jamás hubiera sido descubierto.

La película-documental de Orson Welles, se puede ver subtitulada en: 

Fuente documental: Magazine de El Mundo, abril de 2006

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