Google+ Aislado en este planeta: Yo solo

lunes, 4 de marzo de 2013

Yo solo


En la avenida Virginia de Washington, cerca del Capitolio, hay una estatua ecuestre en un pequeño parque, que lleva el nombre de Bernardo de Gálvez, considerado en Estados Unidos, un héroe de la Independencia Americana, un hombre que desfiló a la derecha de George Washington aquel histórico 4 de julio. Aquí en España es poco conocido. Menos que en Estados Unidos y menos de lo que le correspondería por su hazaña y su valor. Veamos su historia.

La batalla de Pensacola fue la revancha a la humillación que Inglaterra y sus aliados infligieron a España (integrada en una coalición de países), en aquella compleja y desastrosa Guerra de los Siete Años, (1756-1763), donde perdimos territorios como Florida y Menorca.

Terminada la guerra, Madrid y París firmaron un pacto basado en el principio de que "quien ataca a una Corona ataca a la otra". Carlos III no estaba dispuesto a sufrir más humillaciones. La supervivencia de la América hispana pasaba por el enfrentamiento directo con Inglaterra. Sólo faltaba elegir el momento y éste llegó en 1776, con la sublevación de las Trece Colonias americanas (1775) contra el gobierno de Londres, que para sufragar las guerras de la metrópoli, veían cómo las cargas impositivas de los ingleses, aumentaban sin cesar. 

La gota que colmó el vaso fue un nuevo impuesto sobre los productos que se enviaban a Inglaterra, que originó una revuelta en Boston conocida como el Motín del Té, en el que se lanzó al mar todo un cargamento de té, en un acto de protesta que es considerado como el precedente de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos.

Al estallar la guerra en abril de 1775, España respondió con generosidad, ayudando en todo lo posible a los norteamericanos a alcanzar su independencia. Desde el primer momento ayudó económicamente a los rebeldes llegando a pertrechar a 30.000 soldados con uniformes y fusiles además de 216 cañones, pero... ¿debía intervenir militarmente como lo hizo la Francia de Luis XVI tras la insistencia de Benjamín Franklin?. He ahí el dilema del Rey Carlos III que se encontró acosado por las opiniones opuestas del Conde de Floridablanca, que abogaba por mantener la neutralidad y la del Conde de Aranda, embajador en París, que veía en el apoyo a las Trece Colonias una oportunidad idónea para recuperar Gibraltar

Definitivamente se impusieron las tesis de Aranda y en 1779, España declaró la guerra a Gran Bretaña. A partir de ese momento comenzaron los verdaderos problemas de Inglaterra que se vio obligada a dividir esfuerzos en el Canal de la Mancha contra Francia, en el Mediterráneo contra España y en el Golfo de México, en las antiguas plazas españolas de la Florida como Pensacola. Con la presencia española, las fuerzas en guerra se igualaron a las inglesas, contando con un número similar de navíos.

Aquí es donde aparece la figura de Bernardo de Gálvez y Madrid, malagueño de origen, que era a la sazón gobernador de la Luisiana y que lucía un historial plagado de heridas y medallas ganadas en combate. Gálvez fijó como objetivo recuperar Pensacola pero antes caerían las posesiones británicas de Manchac y Baton Rouge, en la desembocadura del Mississipi, estrechando así el cerco en torno a la capital de la Florida. Sin embargo, su situación geográfica y su estrecho con escasa profundidad, impedían acometer la empresa.

Mapa de la formación de los EE.UU.
1) Territorio de las Trece colonias; 2) Territorios anexionados en 1773;
3) Territorios adquiridos a Francia en 1803 y anexión de Florida en 1812;
4) Colonización del Nordeste; 5) Territorios conquistados a México en 1849;
6) Rectificación de fronteras en 1853
Una expedición española al mando de José Calvo de Irazábal, había partido de La Habana el 28 de febrero de 1781 y contaba con 36 buques de guerra. Mientras por tierra, otras tropas españolas y francesas esperaban el desembarco para envolver la plaza de Pensacola.
La ciudad se encuentra al fondo de una ensenada y para llegar hasta su objetivo, la escuadra tenía que pasar a través de un estrecho flanqueado por dos baterías de cañones. A un lado, la Isla de Santa Rosa y al otro las Barrancas Coloradas. Galvez atacó la isla desde mar abierto y la encontró desmantelada, así que sin un solo disparo, consolidó la posición.
Una vez conseguido esto, lo que pretendía Bernardo de Gálvez era penetrar en la bahía con toda la escuadra, eso sí, lo más cerca posible de la isla conquistada para evitar el fuego de las baterías situadas en la orilla opuesta.

Al aventurarse por el estrecho, el fondo del casco del navío "San Genaro" en el que viajaban Gálvez y Calvo, tocó fondo descubriendo que tenía demasiado calado para pasar y fue necesario salir a aguas más profundas para no quedar encallados. En ese momento comenzaron las discrepancias pues, mientras Gálvez quería entrar en la bahía y tomar Pensacola a toda costa, José Calvo, que era el comandante, se negaba en rotundo a atravesar el estrecho. Y es que tenía sus argumentos ya que no conocían el terreno y una tormenta tropical se aproximaba hacia el lugar. Además, la batería situada en el fuerte de las Barrancas Coloradas seguía activa y en el caso de que un navío quedara encallado, toda la escuadra quedaría colapsada a merced del fuego enemigo.

Entrada a la bahía de Pensacola
Para Gálvez, en cambio, no había opción. El marino subió a bordo de un bergantín llamado "Gálveztown", de menor calado que el "San Genaro" y se dispuso a llevar a cabo un acto heroico a la par que una temeridad de las mayores que contempla la historia española: entrar sólo en la bahía pasando a través del fuego enemigo. 

Los historiadores citan sus palabras al partir: "El que tenga honor y valor que me siga" (seguramente empleó otras palabras) y añadió: "Yo voy por delante para quitarle el miedo". Gálvez enarboló la bandera de Comandante y entró en el puerto junto con dos pequeñas cañoneras y un buque de transporte. En contra de lo que cabía pensar, no sufrió serios daños a pesar de atraer el fuego enemigo sobre sus barcos. De aquí es donde viene la leyenda que se puede leer en su escudo de armas: "Yo Solo", porque pasó sin que le siguiera en principio ningún comandante. Después pasó toda la escuadra, ya que desde el interior de la bahía distrajeron a las baterías inglesas, que tuvieron que atender a dos frentes y pudieron atravesar la bocana con seguridad.

Tras la entrada de Gálvez en la bahía, el resto de buques se decidieron a seguirle. Pero no todos. Hubo uno que se retiró, y fue, según fuentes históricas, el navío en el que se encontraba José Calvo. Al parecer, el oficial avergonzado, decidió volver a La Habana tras ver el éxito del malagueño. Definitivamente, su misión había acabado, como más tarde le haría saber a Gálvez mediante una misiva.

Tras el ataque naval, una fuerza terrestre española tomó posiciones para ayudar a asediar la ciudad. Después llagaron nuevos refuerzos por mar comandados por José Solano y Bote. Con esta flota eran ya casi 8.000 los hombres preparados para iniciar el asedio en contra de unos 3.000 "casacas rojas" bien fortificados. A los españoles también se les unieron cuatro fragatas francesas con casi 800 soldados. Y es que Francia quiso aportar también en esta batalla su porción de pólvora en contra del pérfido inglés.

Asalto al Fuerte del Sombrero
Las fuerzas terrestres al mando de José de Ezpeleta, tomaron uno a uno los tres fuertes que defendían Pensacola y en menos de diez días los ingleses se rindieron entregando la ciudad el 8 de mayo de 1781, cayendo prisioneros el general Campbell y el almirante Chester. A pesar de las pocas bajas que sufrieron los dos bandos durante esta contienda, (74 españolas por 145 inglesas), sin duda la de Pensacola fue una de las batallas que favoreció la independencia de los Estados Unidos. Y es que, gracias a la toma de la ciudad, se abrió otro frente para los ingleses, que se vieron obligados a destinar fuerzas en esta zona, lo que favoreció la situación de los colonos independentistas.

La hazaña le valdría a José Solano y Bote el título de "Marqués del Socorro" por la ayuda prestada. A su vez, Gálvez recibiría gracias a la toma de Pensacola, el nombramiento de mariscal de campo, además de un título que no le abandonaría jamás… «Yo solo».

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