Google+ Aislado en este planeta: Amo a mi iPhone

domingo, 21 de abril de 2013

Amo a mi iPhone

Estoy leyendo hace un tiempo en las revistas de noticias y tendencias tecnológicas, diversos artículos sobre un tema que parece trivial pero que debidamente analizado, no lo es tanto. Los americanos, que son amigos de poner nombre a cualquier cosa y sobre todo aplicarle unas siglas adecuadas, han acuñado el termino BYOD que significa "Bring Your Own Device", es decir, cuando vengas al trabajo o a la escuela, trae su propio teléfono, tablet, ordenador...


Este acrónimo BYOD, recuerda a otro que fue muy popular hace varias décadas en algunos países. Se trata del conocido como "Bring Your Own Bottle", que algunos restaurantes y locales empezaron a implantar en los años 70 y que permitían a los clientes llevar su propia botella de vino, y les cobraban únicamente un "corking fee" por descorcharla y servirla en las copas. El término tuvo mucho éxito en la organización de reuniones y saraos de todo tipo: "ven a la fiesta, y tráete una botella de lo que quieras beber".

Hasta ahora, cualquier corporación que se precie, proporciona a sus empleados los equipos informáticos necesarios para desarrollar el trabajo cotidiano y de paso, controla la seguridad de los sistemas y la actividad del trabajador, pero parece que hay una fuerte tendencia a que esto no sea así. El fenómeno se esta imponiendo con más fuerza en países en desarrollo como Rusia, Brasil o India donde los trabajadores presionan con más intensidad para rechazar los equipos de la empresa y en su lugar usar sus propios dispositivos para las comunicaciones y las tareas empresariales.

Las empresas que admiten esta tendencia BYOD tienen algunas ventajas sobre sus competidores. Para empezar, aplicando este concepto, el costo de los dispositivos y de las cuotas de funcionamiento se transfiere a los empleados, bien parcialmente o incluso en su totalidad. Se podría esperar que los usuarios se rebelen contra el pago de las tarifas y de la tecnología que usan en beneficio de la empresa, pero no es así. 

Según estudios recientes, el 50 por ciento de las empresas que admiten esta práctica, están exigiendo a los empleados que cubran todos los costes de su bolsillo y sorprendentemente, ellos están felices de hacerlo. En otros casos, la empresa colabora en una parte de la financiación, pero es el trabajador quien elige y compra el dispositivo que quiere usar.

Esto nos lleva a la segunda ventaja importante: la satisfacción del trabajador. Los usuarios tienen los portátiles y los teléfonos inteligentes por una razón; esos son los modelos que prefieren, los que compran para su vida privada y por tanto, no les importa usarlos en beneficio de la empresa sin percibir nada a cambio, en vez de usar los sistemas propuestos por el departamento de TI. Hay dos ventajas adicionales: los usuarios suelen ser más vanguardistas y caprichosos que la organización, por lo que ésta se beneficia de las últimas características y capacidades y además, los usuarios, muchos de ellos auténticos "techno victims", ponen a la última el hardware con mayor frecuencia que los ciclos de actualización dolorosamente lentos de la mayoría de las organizaciones.

Pero también esta tendencia tiene inconvenientes que las empresas ya descubrieron hace tiempo y que les llevó a implantar sistemas uniformes y normas estrictas del uso de los recursos informáticos. Ahora es un poco más complicado decirle a un empleado lo que es o no un "uso razonable" cuando estamos hablando de su propio ordenador portátil o smartphone, y esto puede llevar a abusos y a pérdidas de rendimiento laboral. Por otro lado están las medidas de seguridad que el empleado tiene que someterse a su cumplimiento ya que tiene en sus manos datos sensibles o confidenciales que no deben ser publicados. Además la organización está sometida a normas como la Ley de Protección de Datos y por tanto debe exigir su cumplimiento al empleado mediante rigurosos contratos. 

Otro problema se presenta cuando el empleado se va de la empresa y se lleva su propio dispositivo. Hay que tener prevista una desconexión lógica del acceso a datos y comunicaciones para que no se pueda hacer un uso fraudulento de la información por parte del trabajador despedido o, peor aún, que ha fichado por la competencia.

Se trata de tendencias que van llegando y que en breve serán motivo de controversia en algunas empresas. Muy pocos escapan a la tentación del consumo de los tecnogadgets, principalmente de los teléfonos inteligentes. La comodidad y ventajas que aportan a nuestra vida nos impiden rechazar la feroz avalancha comercial. Todos somos algo víctimas de la tecnología, en mayor o menor grado dependiendo del nivel adquisitivo. Y así  enamorados de nuestros juguetitos, queremos que nos acompañen en cualquier ocasión, sin distinción entre trabajo y ocio.

Tampoco es algo demasiado extraño, ya que en España estamos acostumbrados a un fenómeno similar con los automóviles particulares que se usan en beneficio de la empresa. Aunque se perciba un precio por kilómetro recorrido, en la mayoría de los casos no se cubren los costes de amortización pero la gente es más feliz conduciendo su propio y querido coche, así que... todos contentos.

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