Google+ Aislado en este planeta: Berlín. Metamorfosis urbana

jueves, 11 de abril de 2013

Berlín. Metamorfosis urbana

La capital de Alemania es la nueva meca europea del arte y la modernidad, de la diversión y la libertad. Es una ciudad multicultural y con fama de igualitaria que en los últimos años ha recuperado el esplendor y el glamour que la hicieron famosa en los años veinte. Dicen que todavía hay una brecha mental y sociológica entre los berlineses que estuvieron divididos por el muro que se levantó hace 50 años, pero que un turista no puede detectar fácilmente a simple vista.

El muro. Una ciudad dividida

Desde la unificación, la ciudad disfruta de un despegue cultural y económico que ha traído como consecuencia un aburguesamiento y una invasión de modas y tendencias que invaden todos los aspectos de la vida urbana. Mientras que todo esto convierte a Berlín en un destino guay y muy "trendy", los auténticos berliners luchan por conservar su espíritu tradicional. Hay una pegatina "Berlín doesn't love you" (Berlin no te quiere), que se puede ver hace tiempo en algunas paredes. Parece una campaña anti-turismo pero en realidad es un grito de llamada a la conservación de una forma de vida, que el turismo de fin de semana procedente de media Europa, los erasmus que campan a sus anchas durante el curso y los extranjeros que son auténticas hordas en verano, están haciendo desaparecer atraídos por este destino de moda.

Gentrificación, o sea aburguesamiento, es el término que designa a este fenómeno vivido antes por muchas ciudades del mundo. La ciudad despega, se pone de moda y se satura de visitantes de todo pelaje. Esto dispara la especulación urbana, los precios suben en general, la vida en las zonas de moda se encarece y los tranquilos ciudadanos locales son víctimas de su propio modelo urbano que ha despertado la codicia y el interés de todo el mundo.

Berlín no te quiere

En estas cortas vacaciones de la Semana Santa, he sido una víctima más, alegre y confiada, del fenómeno de atracción que supone Berlín. La capital alemana es una maravilla que colma las expectativas que puedas alimentar para emprender este viaje, aunque con el clima invernal que hemos disfrutado, se pierde una parte de sus encantos consistente en la vida al aire libre. Lo he visto casi todo (lo que se puede ver en cinco escasos días), gracias a un guía excepcional y a unos compañeros muy agradables, de modo que he disfrutado de lo lindo sumándome a la riada humana que deambulaba por calles, museos, restaurantes y centros de ocio con la misma finalidad que yo y que en estas fechas era abundante. Y lo siento por los berlineses que hace poco vivían en una tranquila ciudad que se desarrollaba con orden y concierto y ahora tienen que soportar una fauna multicolor que a cambio les deja sus divisas. 

Berlín tiene un slogan que se oye con frecuencia: "pobre pero sexy". Pero esto al parecer está cambiando. El alcalde de Berlín firmaba hace poco una promoción turística de la cuidad en la que se leía: "Berlín no ha sido nunca rica en dinero, sino rica en ideas, creatividad y empuje, en trabajadores que luchan, rica en oportunidades, humor, educación y dotada de una cultura única. Esto ha hecho enriquecerse a Berlín en los últimos años… pero somos sexy de todos modos". 

Todo empezó con algunos restaurantes exóticos, siguió con los cibercafés, las citas internacionales del movimiento gay, la música alternativa y los conciertos, las cadenas de ropa de diseño, la moda de la bicicleta y el autobús multicolor del city tour. El fenómeno que ahora ataca a Berlín es antiguo y conocido en otras partes del mundo como Nueva York en los años 70. Tras la caída del muro, muchos ciudadanos del Berlín este, emigraron a occidente buscando oportunidades lejos del comunismo y la ciudad se llenó de gente joven, inmigrantes, punks y artistas que se mudaron a los bloques que quedaban vacíos, donde nadie quería vivir. Crearon una subcultura y una marca de cuidad que, hábilmente utilizados como reclamo turístico, siguen seduciendo a la gente hoy en día. 

Esta llamada de la bohemia atrae a jóvenes cada vez más adinerados, sean turistas o erasmus, lo que se traduce en subida de los precios de alquiler, desaparición de los antiguos comercios y su sustitución por boutiques, tiendas delicatessen y hoteles de diseño. Los locales se van transformando, con rentas siempre al alza y lo mismo ocurre con las viviendas en las zonas de moda, que se encarecen a la vez que disminuye su tamaño. El nivel económico del barrio sube, lo que lentamente se traduce en que los antiguos moradores tienen que abandonar el lugar en busca de otras zonas más asequibles. Es un proceso que también hemos vivido en España con casos paradigmáticos como Chueca en Madrid o El Born en Barcelona y en menor escala en otras ciudades.

Tradición. Palacio de Charlottenburg, residencia de los reyes prusianos

¿Que se puede recomendar de esta ciudad? No me voy a decantar por nada en particular. Basta con dejarse aconsejar por cualquier guía turística y el acierto es seguro. Es interesante su historia sobre todo los acontecimientos de los últimos dos siglos a lo largo de los cuales tuvo que sortear muchos episodios, no siempre gloriosos. La ciudad comenzó su andadura en 1415, cuando fue elegida capital del Estado de Brandeburgo, uno de los muchos Estados que formaban el Sacro Imperio Romano Germánico. El Reino de Prusia se estableció en 1701 con la coronación de Federico I como rey y Berlín como su capital. En 1806, Napoleón llegó con su ejército a Berlín finalizando la toma de Prusia en tan solo 19 días. Después, en 1871 se creó el Imperio alemán con la unificación de los territorios austriacos y la derrota de Francia. Pero los episodios más dramáticos de su historia se escriben en el siglo XX con las dos grandes guerras separadas por el oscuro periodo de Tercer Reich y la división de Alemania, simbolizada en su capital por el muro que dividió al mundo hasta 1989. Pocos son los vestigios de su historia que pueden verse hoy en día ya que la destrucción de Berlín en la Segunda Guerra Mundial, fue prácticamente total. Pero renaciendo de sus cenizas, hoy se muestra con unas señas de identidad singulares como una ciudad tradicional a la vez que moderna y transgresora.

Modernidad. Sony Center en Potsdamer Platz

Me quedo con algunas sensaciones que marcan la singularidad del viaje; la seria amabilidad de la gente, las obras omnipresentes en toda la ciudad, la comida bastante asequible aunque de corto repertorio, el orden alemán y la perfecta organización de casi todo y... naturalmente, la cerveza aunque no sea la mejor del mundo.

Las fotos de esta excursión se pueden ver en mi álbum en linea en:
http://picasaweb.google.es/murzainqui

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