Google+ Aislado en este planeta: Everest

sábado, 1 de junio de 2013

Everest

En estos días se cumplen 60 años de la primera ascensión al Everest, El neozelandés Edmund Hillary se convirtió en leyenda del alpinismo al coronar junto al sherpa Tenzing Norgay la cima del Everest, de 8.848 metros, el 29 de mayo de 1953.

El techo del mundo

Actualmente la cima del mundo ya no es lo que era. El mito romántico de la montaña inalcanzable, se ha convertido en destino turístico, hoguera de vanidades y plataforma de hazañas posmodernas. En estos días sabemos que la ha conquistado un japonés de 80 años que está picado con un nepalí un año mayor que él y que está empeñado en arrebatarle el récord. Han llegado a la cima una mujer india amputada de una pierna, un palestino con dedicatoria política reivindicativa, una joven saudí y otra paquistaní que muestran con orgullo la liberación de las mujeres oprimidas en países islámicos. 

En mayo de 2005, un piloto francés logró aterrizar con un helicóptero Eurocopter, en la cima del monte Everest y en 2006 el neozelandés Mark Inglis, llegó a la cumbre con sus dos piernas ortopédicas. El ruso Valery Rozov, escaló hace unos días, por la cara norte, hasta 7.220 metros para realizar el mayor salto de parapente en caída libre de la historia. 




Cara norte del Everest.
A todos ellos, con el mismo afán de protagonismo, se añaden cada año cientos de personas que esperan su turno en los campamentos base para alcanzar el techo del mundo. A los alpinistas profesionales cada vez se les suman más turistas sin preparación en alta montaña. Los expertos denuncian que estos ascensos se están convirtiendo en un simple negocio con mucho riesgo ya que a la falta de experiencia se suma el hacinamiento en los pasos críticos, en los días en que la predicción del tiempo es favorable. Las tarifas por participar en una expedición, oscilan entre los 40.000 y los 120.000 dólares, lo que constituye un sustancioso negocio para las empresas organizadoras, la mayoría occidentales, que trabajan con la connivencia de las autoridades locales.

El Everest visto desde el Tibet
Entre los más de 600 montañeros que han intentado la hazaña en este mes de mayo, hay un español que ha llegado a la cumbre. Es el aragonés Carlos Pauner, que el pasado miércoles añadió a su palmarés la cima del Everest y se ha convertido en el cuarto español en coronar los 14 ochomiles.

El Everest visto desde Nepal
Muy lejos quedan los tiempos de leyenda de los pioneros, cuando los británicos intentaron la primera ascensión al techo del mundo, en 1924. Tras dos fracasos anteriores de otros miembros de la expedición, George Mallory y Andrew Irvine partieron hacia la cumbre en un último intento de alcanzar la gloria, pero nunca regresaron.

Monumento a George Mallory y
Andrew Irvine en el campo base.
Desde entonces se especula con la posibilidad de que hubieran logrado alcanzar la cima, 29 años antes que Edmund Hillary. El cadáver de Mallory fue encontrado en 1999, a unos 500 metros de la cumbre, pero sus últimas horas siguen envueltas en el misterio. Posteriormente, diversas expediciones han buscado el cuerpo de su compañero Irvine. Este portaba una cámara fotográfica cuyo contenido podría esclarecer definitivamente tanto si llegaron o no a la cima como las causas de que no volvieran con vida de su intento.

Hasta el día de hoy, cerca de 200 cadáveres permanecen en el monte Everest, de ellos, 150 nunca se han encontrado. Los accesos a la cima están plagados de víctimas visibles, más de 40, que han quedado al aire en el punto exacto donde cayeron, por lo que los escaladores, en una tétrica ascensión, van sorteando cuerpos congelados, que se han bautizado con nombres alusivos porque se usan como puntos de referencia en el camino.

Sin embargo, pese a estas dramáticas cifras, la montaña más peligrosa del Himalaya no es el Everest. Con mucha diferencia, es el Annapurna de 8.091 metros, donde encontró la muerte Iñaki Ochoa de Olza en mayo de 2008. El coeficiente de peligrosidad de esta montaña es de 40 fallecidos por cada 100 intrépidos que alcanzan la cumbre. En el Everest esta cifra es sólo del 8 por ciento.

Espectacular vista aérea
El Himalaya encierra una enorme belleza, magníficos episodios de solidaridad y compañerismo, enormes gestas deportivas y también dramáticos sucesos de vida y muerte, por lo que se puede concluir que todas las historias de la alta montaña son poesía en alguna de sus vertientes: épicas, líricas o dramáticas.

(Pinchar en las fotos para verlas a pantalla completa)

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