Google+ Aislado en este planeta: La batalla de Vitoria

sábado, 8 de junio de 2013

La batalla de Vitoria

En estos días, la capital alavesa celebra el bicentenario de la batalla que lleva su nombre, con diversos actos y jolgorios. (ver programa). La Batalla de Vitoria se libró el 21 de junio de 1813 entre las tropas francesas que escoltaban a José Bonaparte en su huida de España y un conjunto de tropas españolas, británicas y portuguesas al mando del Duque de Wellington.

Grabado de la Batalla

Curiosamente, la llamada "Guerra de la Independencia" tiene su origen en el tratado de Fontainebleau, una alianza de amistad firmada el 27 de octubre de 1807 entre España y Francia que comprometía a ambas naciones a iniciar una acción militar conjunta para ocupar y repartirse Portugal, que era un país aliado de Inglaterra, el enemigo común desde la batalla de Trafalgar. Una de las claúsulas de este tratado era el derecho de tránsito y de alojamiento de las tropas francesas en España. Aprovechando este derecho, los ejércitos franceses se instalaron en las principales ciudades de España, iniciando una ocupación de facto del territorio español que sorprendió a la débil monarquía española de Carlos IV. Napoleón debió pensar que ya que estamos aquí, nos quedamos, derrocamos a la corrupta estirpe borbónica y la cambiamos por una monarquía ilustrada de ideas renovadoras y que sea capaz de transformar España en un país moderno y sobre todo, aliado de Francia.

Las tropas francesas no fueron mal recibidas ya que llegaron en plan amistoso y además, pagando hasta la última hogaza del pan que consumían. Pero al poco tiempo se cambiaron las reglas con unas nuevas disposiciones que señalaban la obligación de las ciudades ocupadas a proveer a sus expensas, el alojamiento y la manutención de las fuerzas francesas. A esto se añadió la forzada abdicación de la monarquía española en Bayona a favor de Napoleón y el nombramiento del nuevo Rey, José I Bonaparte, hermano mayor del emperador de Francia, lo que indignó enormemente al pueblo español. La explosiva situación se transformó en pocas semanas en una guerra generalizada donde las invencibles tropas francesas empezaron a sufrir graves dificultades. Las fuerzas británicas, que habían llegado a Portugal para contribuir a su defensa, aprovecharon la oportunidad y no dudaron en cruzar la frontera y hostigar a los franceses, no siempre muy de acuerdo con los españoles, que carecían de organización y liderazgo.

Sir Arthur Wellesley
Duque de Wellington
Así que los que ayer eran enemigos pasaron a ser aliados y durante los siguientes seis años, los ingleses con el Duque de Wellington a la cabeza y los españoles liderados por un puñado de valientes como Palafox, Castaños, San Martín y Espoz y Mina entre otros, fueron hostigando al ejercito imperial hasta su desalojo de España a finales de 1813. Uno de los últimos episodios de esta guerra fue la Batalla de Vitoria que puso en fuga a las tropas francesas y al monarca intruso.

La batalla tuvo lugar en la parte occidental de la llanada alavesa en un terreno muy diferente al que conocemos ahora, plagado de polígonos industriales. Los pueblos estaban separados por bosques comunales y los campos de labor, cerrados por tapias de piedra. Había igualmente, numerosos arroyos atravesando caminos y poblaciones. Un terreno poco adecuado para el uso de la caballería, arma poderosa en el ejército imperial.

Francisco Espoz y Mina
El día de la contienda, al amanecer, las tropas francesas estaban acampadas en los alrededores de la ciudad, donde se vieron sobrepasadas por el empuje furioso del ejército aliado. los generales Álava y Wellington lograron en pocas horas hacerse con el control de la ciudad, llegando a caballo hasta la misma plaza de España. La batalla, que tuvo tres escenarios diferentes, se prolongó desde primera hora de la mañana hasta las 8 de la tarde, y se saldó con unas 12.800 bajas entre ambos bandos y con las tropas imperiales huyendo a marchas forzadas a la frontera francesa. José Bonaparte, máximo responsable del ejército ocupante, salió a escape por la calle Portal del Rey. El hermano de Napoleón abandonó todo su equipaje y consiguió llegar a Salvatierra entrada la noche, para en la siguiente jornada seguir con su huida en dirección a Pamplona.

Fue, en cualquier caso, una batalla un tanto atípica, donde las maniobras de tropas fueron sustituidas por asaltos a pueblos o posiciones fijas; también lo fue por su desenlace, con pocos prisioneros, pues la presencia del botín abandonado abortó de raíz el objetivo principal de aniquilar al ejército invasor. Ante el inminente saqueo de la ciudad, el General Álava obtuvo de Wellington la autorización para adelantarse, expulsar a las tropas francesas que todavía permanecían en Vitoria y cerrar los portales exteriores, salvándola del pillaje que sucede a toda batalla.

Tropas inglesas asaltan Gamarra

El general Álava, que procedía de una familia vitoriana noble y militar, ha pasado a la historia entre otras cosas por haber participado en las tres contiendas que marcarían el devenir de la Europa del siglo XIX: Trafalgar (1805), Vitoria (1813) y Waterloo (1815). Miguel Ricardo de Álava fue embajador en Francia, presidente de las Cortes, embajador en el Reino Unido e Irlanda, ministro de Marina y presidente del Consejo de Ministros, entre otros cargos.

Pese a que, gracias a la actuación del General Álava, los soldados no pudieron saquear Vitoria, en esta batalla su recompensa fue inmensamente mayor, puesto que el propio José Bonaparte huyó de la ciudad abandonando todo su oro y sus joyas, incluso su famoso orinal de plata. Además, en las afueras de Vitoria, quedaron atrapados unos 2.000 carruajes de civiles "afrancesados", fieles a Napoleón y repletos de joyas y objetos valiosos. Ante la inminente llegada de sus enemigos, el tesorero real dio orden de abrir los cofres para que los soldados se entretuvieran en la rapiña y esto les dio resultado ya que los aliados, en especial los británicos, abandonaron la persecución de los franceses y se entregaron al reparto del botín. Esta conducta indignó a Wellington y le llevó a escribir en sus memorias: "El soldado británico es la escoria de la tierra, se alista por un trago".

La Guerra de Independencia, solo duro unos pocos meses más y dejó en España un panorama desolador. Además de una guerra contra el invasor, fue una guerra civil que enfrentó a los españoles divididos entre los dos modelos de monarquía que representaban por un lado el absolutismo de los borbones y por otro las ideas de la Ilustración y la división de poderes del estado. Fue una verdadera contrarrevolución encabezada por las clases altas y la Iglesia para defender sus antiguos privilegios, que veían seriamente amenazados por las reformas que proponían Jose I y los afrancesados.

Monumento a la Batalla en la plaza de la Virgen Blanca de Vitoria

La incipiente industria de España quedó destruida y se perdió una gran parte del patrimonio cultural a consecuencia de los saqueos de franceses e ingleses. La agricultura y la ganadería resultaron asoladas por los estragos de los ejércitos y el transporte desapareció ante la falta de animales de tiro. Se extendió el hambre y aumentó la mortalidad en los años siguientes. El estado quedó sumido en una terrible bancarrota de modo que en 1815, la deuda estatal superaba los 12.000 millones de reales, cifra veinte veces superior al PIB de la época.

Creo que en aquella ocasión, en la que el pueblo español vitoreó el regreso de Fernando VII, nos equivocamos de enemigo y el precio que pagamos fue muy alto.(ver ¡Vivan las cadenas!). Perdimos las colonias de América, nos sumimos en un atraso cultural y económico que nos convirtió en un país tercermundista y la población quedó tan fraccionada que se enzarzó, a lo largo del siglo XIX, en sangrientas guerras civiles para hacer prevalecer su posición. Efectos muy nefastos que han llegado hasta nuestros días.

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