Google+ Aislado en este planeta: Pelotazo urbanístico

viernes, 14 de junio de 2013

Pelotazo urbanístico

La corrupción en los círculos de poder es algo tan frecuente que ya no produce ni sonrojo ni extrañeza, pero vamos a desear que no deje de producirnos al menos, indignación. Nadie sabría decir cuándo o dónde comenzó, pero la corrupción seguramente es innata con la condición humana. Está tan extendida que hasta hay una entrada en la Wikipedia con este título: Corrupción urbanística en España y en ella figuran incluso los mapas de distribución de este fenómeno por el territorio nacional. Sin embargo, allí no aparece el caso más importante registrado en la historia de España. Su protagonista fue el Duque de Lerma en el siglo XVII, que utilizando las artimañas vigentes en la época, sorteó a la Justicia y salió impune de la situación.

Felipe III. Plaza Mayor de Madrid
El 13 de septiembre de 1598 fallecía en El Escorial el rey Felipe II y era coronado su hijo Felipe III. La primera media que tomó, fue nombrar a su amigo Francisco de Sandoval y Rojas, por aquel entonces marqués de Denia, valido del rey que era un puesto de confianza por nombramiento directo y que se ocupaba de las cuestiones de Estado. Como el rey estaba preocupado por cuestiones ajenas a la política como el teatro, la pintura o la caza, su valido ejerció como verdadero rey de España, se rodeó de un equipo de gente de su confianza y distribuyó los puestos más importantes de la corte entre miembros de su familia y amigos. Además, en 1599, el rey le otorgó el título de Duque de Lerma.

En su ventajosa situación de cercanía al rey, el Duque de Lerma comenzó a mover los hilos convenciendo al monarca de que sería bueno alejarse de la influencia de su tía y abuela María de Austria, trasladando la corte a Valladolid donde había mejores campos para cazar. Pero la realidad era bien distinta ya que tenía en marcha una jugosa operación inmobiliaria.


Recreación del Palacio de la Rivera
a orillas del Pisuerga, en Valladolid
En 1601 trasladó la corte de Madrid a Valladolid. Su argumento ante el rey fue que lo hacía por alejarle de la influencia de su tía y abuela María de Austria; al rey fue suficiente con decirle que en Valladolid había mejores campos para cazar. Pero la realidad era bien distinta ya que con antelación y manteniendo en secreto el traslado de la corte, el duque de Lerma había comprado varios solares, casas y terrenos en Valladolid que, lógicamente, con la presencia de la corte, supusieron un pelotazo en toda regla. Además tenía posesiones en la zona y amplia influencia en el municipio por lo que también consiguió un generoso donativo del concejo de la ciudad que se veía favorecida al convertirse en capital del Reino.

Pero no terminó ahí la cosa, ya que en 1602 vendió a la Corona una de sus adquisiciones conocida como Huerta de la Ribera, por 30 millones de maravedíes, en la que el rey mandó construir el Palacio de la Ribera, del que apenas quedan rastros hoy en día, que estaba terminado en 1605, año en que nace en Valladolid, Felipe IV, el sucesor al trono. 

Restos del Palacio de la Ribera
Y por último, la jugada perfecta. Puesto que ni Valladolid resultaba una ciudad cómoda para la corte ni Madrid estaba dispuesta a dejarse arrebatar tal privilegio, el duque negoció la vuelta de la corte con Felipe III, tras pactar un sustancioso donativo de 250.000 ducados (unos 93 millones de maravedíes). De esta cantidad se entregó una tercera parte al Duque de Lerma y el resto a la Corona, que lo empleó en el inicio de las obras de mejora del Alcázar madrileño. Además, y en connivencia con el alcalde de la villa, el duque había hecho alguna que otra inversión cuando los precios habían caído en Madrid tras el traslado a Valladolid y que, casualidades de la vida, volvieron a dispararse con el regreso de la Corona. Así que, ¡el pelotazo perfecto!.

Plaza Mayor en tiempos de Felipe III

A su regreso a Madrid continuó amasando una ingente fortuna logrando para la Casa de Lerma nuevos privilegios, títulos, cargos, rentas y territorios, aprovechándose de la incapacidad de Felipe III, más proclive a no complicarse la vida y dedicarse a la caza y las fiestas.

Sepulcro del duque de Lerma
Museo de Escultura de Valladolid
Cuando su entramado de corrupción fue destapado por iniciativa de la reina Margarita, esposa de Felipe III, hubo una investigación de las finanzas que fue descubriendo el entramado de corrupción e irregularidades. Empezaron a caer culpables e implicados, entre otros el valido del duque, don Rodrigo Calderón, que fue ejecutado en la plaza Mayor de Madrid. Ante el temor a ser igualmente juzgado y condenado, y con el fin de estar amparado por la jurisdicción eclesiástica, Francisco de Sandoval utilizó un as guardado en la manga: solicitó de Roma el capelo cardenalicio que se le concedió en 1618, al mismo tiempo que el rey le daba permiso para retirarse a sus propiedades de la ciudad de Lerma donde resultó intocable. Murió en Valladolid en 1625, retirado de la vida pública. Fue el hombre más poderoso del reinado de Felipe III, que se hizo inmensamente rico a costa de saber manejar el tráfico de influencias, la corrupción y la venta de cargos públicos. Un auténtico maestro para los que le habrían de imitar 400 años después.

No hay comentarios:

Publicar un comentario