Google+ Aislado en este planeta: Tierras de Castilla (I)

viernes, 4 de octubre de 2013

Tierras de Castilla (I)

Me gustan las ciudades castellanas porque son cómodas para ser vividas y disfrutadas. Su dimensión de ciudades medianas o pequeñas, las hace muy asequibles para la visita turística y supongo que también para residir en ellas. Son realmente atractivas porque conjugan perfectamente la historia, la cultura, el paisaje y la gastronomía. Los castellanos son un tanto reservados, de recio temperamento pero amables, educados y bastante tradicionales lo que en definitiva les hace unos buenos anfitriones.

Panorámica desde el Castillo
Burgos es el paradigma de ciudad castellana. Este año ostenta el título de Capital Española de la Gastronomía, un galardón que premia a la ciudad que destaca por su calidad culinaria, la creatividad de los profesionales, la riqueza de sus productos y de sus denominaciones de origen. No sé si este año se han esforzado más pero el nivel de su oferta gastronómica es magnífico y eso contribuye a que el recorrido por su patrimonio artístico sea más gratificante.

La Catedral de Burgos es uno de los más bellos monumentos del arte gótico que existen y por ello ostenta el título de Patrimonio de la Humanidad concedido por la UNESCO en 1984. Fue mandada construir por Fernando III el Santo en 1221 y su estilo es gótico clásico de varias épocas. La visita debe comenzar descubriendo el templo al cruzar el Arco de Santa María, una bella puerta medieval de la ciudad. Después te podrías quedar una semana observando el monumento por fuera y más aún por dentro, aunque no lo haces porque te esperan otros destinos. Pero hay que detenerse como mínimo para admirar la cúpula estrellada que cubre las tumbas del Cid y Doña Jimena, el coro, la Capilla del Condestable y la Escalera Dorada del arquitecto y escultor burgalés Diego de Siloé, uno de los artistas más destacados del Renacimiento español.

Catedral de Burgos

En el casco viejo, de traza medieval, hay numerosas y destacadas iglesias donde se escribe la historia de la ciudad. En la arquitectura civil hay bellos palacios nobiliarios empleados ahora como museos pero sobre todos destaca la Casa del Cordón, que fue palacio de los Condestables de Castilla, donde los Reyes Católicos recibieron a Cristóbal Colón tras su segundo viaje a tierras americanas.


También se puede subir al cerro de San Miguel donde está enclavado el Castillo que data de los primeros tiempos de la Reconquista. Desde allí hay una vista perfecta de la ciudad. En 1812, los franceses en su huida ante el asedio del Duque de Wellington, lo volaron parcialmente destruyendo las vidrieras de la catedral así como algunas iglesias y matando accidentalmente a numerosos soldados de su propio bando.

Santa María de las Huelgas
Saliendo de la ciudad por ambos extremos del casco histórico, se encuentran dos importantes monumentos. Hacia el oeste podemos encontrar el Real Monasterio de Santa María de las Huelgas, habitado por las monjas cistercienses de San Bernardo. Fue fundado a finales del siglo XII por el rey Alfonso VIII de Castilla y su iglesia que sigue el modelo  del Cister, es sepulcro de reyes desde aquella época. También destaca su claustro gótico que se visita en el recorrido guiado en horarios algo restringidos. 
Cartuja de Miraflores
Hacia el este, siguiendo el curso del Arlanzón a unos tres kilómetros, se encuentra la Cartuja de Miraflores que fue fundada en 1441 por el rey Juan II de Castilla, padre de Isabel la Católica. Fue entregada a los cartujos con el fin de velar por los sepulcros; el de Juan II e Isabel de Portugal colocado en el centro de la nave y el de su hijo menor, el infante Alfonso, situado en el lado del Evangelio que, junto con el retablo policromado, son obra de Gil de Siloé. Todo el interior de estilo gótico isabelino, es de gran belleza, destacando además las vidrieras procedentes de Flandes. La Cartuja es en definitiva un monumento de visita obligada.

San Pedro de Cardeña 
Alargando el recorrido unos 8 kilómetros, nos encontramos el Monasterio de San Pedro de Cardeña, un precioso y enorme edificio cuyos orígenes se pierden en la Alta Edad Media y que a lo largo de su historia ha vivido importantes episodios como el martirio de 200 monjes a manos musulmanas en el siglo X o que fue refugio del Cid y su familia así como su tumba. Incluso su caballo Babieca está enterrado en el patio. El Monasterio tiene la bodega más antigua de España que aún elabora y vende sus vinos.

Vista del Claustro
Además de la monumentalidad que aporta haber sido capital de Castilla durante cinco siglos, Burgos está en el Camino de Santiago, lo que le supone otra fuente de riqueza histórica medieval. A unos 15 kilómetros de la ciudad se encuentra el yacimiento arqueológico de Atapuerca, escenario de excepcionales hallazgos paleontológicos como los fósiles de homínidos antecesores de la raza humana. Para recoger y mostrar el fruto de las excavaciones, se ha construido en el centro de Burgos el Museo de la Evolución Humana, una obra de grandes dimensiones, de planta rectangular, compuesto por tres edificios y recubierto en su mayor parte de cristal, que fue inaugurado hace tres años y supuso una inversión que me recordó de inmediato los tiempos de "cuando éramos ricos". La visita, con las explicaciones del guía, resulta muy interesante y aleccionadora.

Museo de la Evolución Humana
Lo bueno que tiene Burgos es que después de la fatiga que supone tanta incursión en el arte y la historia, se puede regresar a la actualidad más prosaica, internándose en su casco viejo a repostar. La zona de bares es rica y abundante y para comer te puedes dirigir a Casa Ojeda, un auténtico templo culinario, pero si quieres gastar la mitad sin que desmerezca el resultado, basta con internarse por la calle San Lorenzo y aledaños para encontrar sin esfuerzo magníficos muestrarios de la gastronomía local con sus joyas principales: la morcilla y el lechazo asado. Además, estamos en tierra de vinos con destacadas denominaciones como Ribera de Duero y Arlanza. Con todo esto, ¿Qué más se puede pedir?

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