Google+ Aislado en este planeta: La Ley Seca

viernes, 31 de enero de 2014

La Ley Seca

Andrew Volstead, el padre
de la polémica ley
En la medianoche del 17 de enero de 1920, uno de los más arraigados hábitos de la sociedad norteamericana como es echar un trago, se volvió ilegal. En aquellos días los Estados Unidos vivían una euforia que se había desatado tras el fin de la Primera Guerra Mundial que traía nuevas modas y hábitos sociales, nuevas músicas y bailes, nuevos pintores y literatos e incluso un despertar del feminismo unido a un cierto relajamiento de las severas costumbres de la sociedad americana.

En este entorno sorprende que se impusiera un movimiento tan restrictivo como fue la Ley Volstead, más conocida como "la prohibición" y más aún, como Ley Seca. Para su aprobación fue necesario articular una reforma de la Constitución, la Enmienda 18, que puso fin a la importación, exportación, envasado, transporte, venta o elaboración de toda bebida alcohólica. Curiosamente, la ley no prohibía el consumo.
Como suele ocurrir cuando se legisla contra la tradición y las costumbres, la gente pasó a buscarse la vida y como siempre, "hecha la ley, hecha la trampa", y así rápidamente empezaron a surgir numerosas destilerías clandestinas y locales camuflados en los que se servía bebidas alcohólicas en la parte trasera y se montó toda una perfecta red de tráfico y venta ilegal.


Incautación de licor en Boston

Para entender esta desobediencia civil espontánea, hay que considerar que en esos años, los Estados Unidos estaban generando una enorme riqueza gracias a que coincidieron al unísono varios factores como el liberalismo empresarial, la concentración de capitales, la reducción de impuestos, la incorporación de nuevos métodos productivos, un extenso mercado interno sin barreras arancelarias y una gran libertad de movimientos migratorios que le estaban llevando a la cabeza de las economías mundiales. Sus ciudadanos, en esta situación de bienestar, vivían mirando a las estrellas de la radio, el cine y el espectáculo e imitando sus formas de diversión basadas en la fiesta, el espectáculo y los bares donde la vida social de adereza con tabaco y alcohol.

Destrucción de licor clandestino
Otra modalidad que se extendió hasta el último rincón del país fue la fabricación clandestina de licor, por cualquiera, en su casa, de forma artesanal. Así se hizo popular el gin de la bañera, un explosivo y peligroso cóctel elaborado con alcohol puro y aderezos químicos. Se intentaba fabricar ginebra en vez de whisky porque no requiere un tiempo de añejación y se puede poner en circulación rápidamente. Se hacía remojando alcohol de grano con bayas de enebro y agua, en un recipiente grande. A causa de la escasez, se usaba alcohol desnaturalizado lo que en muchas ocasiones causaba intoxicaciones y enfermedades. Incluso con la mejor elaboración, este gin resultaba muy seco y tenía mal sabor. Muchos cócteles modernos se crearon en esa época para enmascarar el sabor del gin de bañera.

Fueron los años dorados de las bandas mafiosas que proliferaron por todo Estados Unidos, pero cabe destacar los gánsteres que operaban en Chicago, con el famoso Al Capone a la cabeza del "sindicato del crimen", una organización que controló toda la red de distribución en los garitos en los que se servía clandestinamente. La Ley Seca trajo consigo un efecto contrario al deseado, fomentándose no solo la bebida de forma ilegal, sino que a su alrededor se crearon toda clase de turbios negocios relacionados con el juego, la prostitución, la extorsión y las drogas. Forma parte del decorado de esa década la imagen mítica de Elliot Ness, un oscuro recaudador de impuestos, convertido por las circunstancias en un auténtico sheriff de Chicago, si bien su esfuerzo tuvo escasos resultados.

Al Capone "rey del hampa" en Chicago

En la práctica fue imposible controlar el contrabando. Las mafias protegían su negocio a través de sobornos a las autoridades policiales, congresistas y funcionarios federales. Aunque los americanos eran conscientes de la corrupción generalizada, no se oponían al tráfico de licor y más bien eran favorables a la actividad que les permitía beber casi abiertamente aunque con el inconveniente de un precio elevado. En esa década, los homicidios aumentaron en un 78 por ciento en relación con la anterior. La cantidad de convictos en prisiones federales durante la Prohibición se multiplicó por cinco. Aquella legislación puritana destruyó miles de empleos, encendió una salvaje violencia en los bajos fondos y dio al crimen organizado un poder y un protagonismo que ha durado hasta nuestros días.

Celebrando el fin de la prohibición

La Ley fue un enorme fracaso en todos los sentidos. En marzo de 1933, el candidato del Partido Demócrata, Franklin Delano Roosevelt, asumió la presidencia de los Estados Unidos. Ese mismo año, el Congreso votó otra enmienda constitucional que derogó la anterior y el 5 de diciembre de 1933, el país celebró su defunción entre muestras de alegría y, por supuesto, bebiendo.

Jack Daniels Old No.7
Como dato anecdótico, llama la atención que en algunos estados, tras la derogación de la Ley Volstead, se siguieron manteniendo algunos aspectos de la prohibición y si bien se permitió la destilación y consumo, sin embargo no se podía vender en ningún establecimiento, como es el caso de Tennessee. Allí, en el pueblo de Lynchburg, se encuentra la destilería de Jack Daniel’s y se da la circunstancia de que en ese condado aún está vigente, en parte, la Ley Seca de modo que se puede fabricar whiskey, se puede beber, pero no se puede vender o comprar.

Una recomendación: la serie de televisión "Boardwalk Empire" trata de lleno este tema en aquellos años veinte con los personaje y los lugares emblemáticos de la prohibición. Sin ninguna duda, muy interesante.

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