Google+ Aislado en este planeta: Viena

sábado, 26 de abril de 2014

Viena

He pasado una Semana Santa muy agradable y bien aprovechada. Una escapada a Viena es sin duda uno de los viajes más sugerentes que se pueden realizar por la vieja Europa.

Palacio Belvedere

Viena es una ciudad tranquila, pero no en un sentido negativo de la palabra sino todo lo contrario; es lo suficientemente grande para que no falte nada, pero no tanto para ser agobiante. Está llena de historia pero no está anclada a ella, de modo que vive en un espléndido presente. Se halla en el corazón de Europa y desde esta posición privilegiada observa al oriente y al occidente, logrando al final una conjunción perfecta de los modos de vida del continente. Da la impresión de ser un lugar acogedor tanto para el residente habitual como para el visitante esporádico.
Como yo me cuento entre estos últimos, puedo intentar relatar mis experiencias, pero sin duda serían un compendio de tópicos y referencias que se pueden encontrar en cualquier guía de viajes, así que desisto de ir por ese camino y en cambio prefiero señalar algunas de sus señas de identidad que me han llamado la atención.

La Opera

Quizás sea la más prestigiosa del mundo y tiene una interesante historia. El edificio se construyó entre 1861 y 1869, en estilo neorrenacentista y fue muy criticado por los vieneses de la época e incluso por el propio emperador Francisco José I. Los  arquitectos que la construyeron fueron Eduard van der Nüll y August Sicard von Sicardsburg, ambos originarios de la ciudad. Ninguno de los dos pudo asistir a la inauguración del teatro. El primero se suicidó al parecer debido al rechazo popular de su obra y el segundo murió poco después de un infarto.

La Opera

En 1945, una bomba de la aviación aliada dañó gravemente el edificio de la ópera, lo que fue considerado como una afrenta a los vieneses. Diez años después del bombardeo, la ópera reabrió sus puertas con los daños reparados, con una decoración actualizada a los nuevos gustos, con recubrimientos de madera para recuperar la acústica original y dotada de la mejor tecnología del momento. La fachada y el vestíbulo se restauraron en su estilo original. No obstante, en su decoración se advierte la austeridad de aquellos años y por ello no me pareció tan deslumbrante como correspondería a su prestigio. El teatro reconstruido consta de 2.284 localidades y se reabrió el 5 de noviembre de 1955, al poco de la firma del tratado que devolvió a Austria su independencia.

Las entradas para la ópera son muy caras, una butaca de precio bajo supera los cien euros y esta cifra puede multiplicarse por cinco dependiendo de la obra programada. Sin embargo, no es el precio la mayor dificultad ya que las listas de espera pueden superar un año para algunas representaciones y conseguir una entrada de forma improvisada puede ser imposible o costar una fortuna.

No obstante hay quien asiste a la opera por 4 ó 6 euros en unas localidades de pie, que solo se obtienen haciendo cola antes de cada representación. Desde algunos lugares de este "low cost" se ve el espectáculo, pero desde otros hay que conformarse solo con escuchar la función. Además, durante los meses de abril, mayo, junio y septiembre se retransmiten en vivo y en directo unas 150 actuaciones de ópera y ballet en una plazoleta lateral del edificio, en una pantalla gigante, de forma gratuita para el paseante que quiere disfrutar los clásicos.

A pesar de las cotizadas localidades y de que la temporada dura diez meses con un repertorio de más de 50 obras diferentes, la ópera es deficitaria en una importante suma que está sufragada por el estado. No es extraño ya que cuenta con una plantilla de unas 300 personas a las que se suman una orquesta de 99 músicos y el caché de las compañías de élite que actúan en este lugar.

La huerta vienesa

Como estamos a orillas del Danubio y el clima es templado la mayor parte del año, es tradicional y abundante la producción de frutas y verduras en las cercanías y aun en la misma capital. Pero llaman la atención algunos productos como los cítricos que se cultivan en más de 40 variedades, debido a la vieja tradición importada por la monarquía en el siglo XVIII y desarrollada en la Orangerie del palacio de Schönbrunn, que después ha continuado en los huertos de la capital a pesar de que el clima de Viena no es precisamente el más adecuado para este cultivo.

Jardines de Schönbrunn

Otro producto que sorprende son los caracoles de viña de la región que aparecen en las cartas de los buenos restaurantes de cocina vienesa. Están cultivados ecológicamente en el campo y gozan de gran tradición desde la Edad Media por lo que actualmente se celebran dos eventos anuales de exaltación de este producto, patrocinados por la hostelería local.

Hay que citar también la miel de Viena que se produce en las colmenas situadas en los tejados de los edificios, algunos de ellos muy famosos como la propia Opera, el hotel Intercontinental o el Marriott. Dicen que se trata de una miel ecológica que supongo que encuentra su materia prima en los floreados y abundantes parques de la ciudad.

Y como no, el vino. En el área urbana hay más de 700 hectáreas de viñedos en los que se cultiva, de forma tradicional, uva blanca en más de un 80% de la superficie. Las variedades van de la Gruner Vertliner y la Riesling hasta la Gemischter Satz, la más característica de la región vienesa. Cada año la ciudad celebra el festival internacional del vino VieVinum además de otros actos festivos dedicados a este producto. El vino austriaco tiene prestigio internacional pero supone un cierto lujo, quizás debido a su producción artesana. En los mercados es difícil encontrar botellas por debajo de los 20 euros.


Viñedos artesanos cerca de Viena

Además del vino y con un consumo superior, se encuentra la cerveza que ya sea de producción industrial como artesana, es de una gran calidad. Después hay que citar unos excelentes snaps (orujos destilados de frutas) y como curiosidad, su bebida más internacional que es Red Bull.

Desgraciadamente, el turista de corta estancia no tiene mucha oportunidad de adentrarse en los secretos culinarios de esta ciudad pero hay constancia de que los vieneses son buenos gastrónomos y de costumbres sibaritas que van mucho más allá del codillo, el gulash, los strudel y la tarta de chocolate. No podría ser de otra forma ya que este es un país culto que alimenta el espíritu de sus gentes con las artes, pero sin descuidar los placeres de la buena mesa.

La Cultura

En este capítulo Viena resulta apabullante. Se respira una tradición cultural por todas partes y se percibe que sus ciudadanos, y también los visitantes, participan con devoción en todas las manifestaciones ilustradas, desde las más tradicionales hasta los movimientos más vanguardistas. La cultura cívica se percibe incluso en el orden de sus calles, en el tráfico, en la limpieza de plazas y jardines y en la cortesía de sus gentes.

Museo de Historia del Arte

Hay mucho y de calidad. Museos clásicos alojados en impresionantes palacios que conviven en armonía con los movimientos de vanguardia, Teatros y salas de conciertos, unos majestuosos y otros más modestos, incluso parques e iglesias, se ven invadidos por una legión de aficionados que escuchan y conocen las composiciones más variadas. Las diversas óperas, los niños cantores, la Filarmónica, los repertorios clásicos, el vals vienes... son demostraciones permanentes de su afición durante todo el año. La arquitectura de todas las épocas, pero principalmente de los siglos XVIII y XIX, en tiempos del Imperio, llenó la ciudad de espléndidos palacios y casas señoriales plagados de historia, que ahora se aprovechan perfectamente como sedes de un sinfín de centros y organizaciones culturales. Incluso los cafés vieneses, tan selectos, refinados y tradicionales, hacen accesible el acceso a un ambiente elegante y culto del que se participa con cierto respeto y admiración.

Viena, sin duda, una ciudad para no perdérsela.

He puesto fotos de Viena y del Danubio en mi sitio de Google+

No hay comentarios:

Publicar un comentario