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domingo, 25 de mayo de 2014

Orden público

Curiosa, larga y anecdótica es la historia de las fuerzas del orden de España, que representando al poder de forma legal, se han encargado del mantenimiento del orden público a lo largo de los tiempos. Naturalmente, su sometimiento al poder ha determinado que estas fuerzas sean tan justas o represoras como el poder mismo, en cada momento de la historia.

Soldados de la Santa Hermandad
Fue el rey Alfonso VI de Castilla, en el siglo XI, el primero que empleó las Hermandades, una fuerza armada formada en los pueblos, para defenderse de los ataques de caciques rebeldes, de las algaradas de los moros en las zonas fronterizas y para perseguir a los bandoleros. Para su formación, el monarca concedió los primeros privilegios a las Hermandades castellanas. A semejanza, se crearon otras organizaciones similares en los distintos reinos cristianos, pero ninguna de ellas tenía la competencia en todo el reino. En tiempos de Fernando IV, había algunas Hermandades como las de Toledo, Ciudad Real y Talavera, que fueron unificadas con la denominación de Santa Hermandad Vieja.

Corresponde a Enrique IV de Castilla el primer intento para crear una Hermandad General, con carácter de institución nacional, proyecto que fue aprobado en Villacastín en 1473, pero que no llegó a cristalizar. Cuando subieron al trono los Reyes Católicos, la Santa Hermandad Vieja de Castilla y León, estaba prácticamente disuelta, y, con excepción de los hombres que disponían de las armas, la población se encontraba a merced de toda clase de abusos y vejaciones. 

Los deseos de los Reyes Católicos de poner fin a este estado de cosas comenzaron a tomar forma en el Ordenamiento de Madrigal (1476), donde se reglamenta lo relativo a delitos comunes y manera de perseguirlos, estableciendo puestos de la Santa Hermandad, a base de un jinete por cada 100 vecinos y un hombre de armas por cada 150. Los Reyes Católicos, en Dueñas (1476), promulgan las Ordenanzas de la Santa Hermandad Nueva. La paz interior, la seguridad en los caminos y la tranquilidad social se consiguieron rápidamente. Los castigos fueron muy duros para los malhechores e incluso la nobleza perdió gran parte de su inmenso poder teniendo que doblegarse a la autoridad real.


Sin embargo y pese a su éxito inicial, la Hermandad fue decayendo debido a unas causas que hoy en día conocemos muy bien: la financiación de estos cuerpos que nadie quería asumir y la descentralización del mando al confiar en cuadrilleros y alcaldes, es decir políticos, que eran elegidos anualmente bajo la presión de los caciques locales. Dicho de otro modo; que les pague la Corona (el Estado) pero que estén al servicio de intereses particulares. Por ello en los grandes conflictos y en misiones de orden público, resultaban ineficientes y tenían que intervenir, cada vez más frecuentemente, las tropas reales, de modo que la Santa Hermandad fue arrastrando una vida cada vez más lánguida, hasta que en 1834, fue votada en las Cortes una ley que ordenaba su disolución.

Detención de una partida de bandoleros

Ya desde mucho antes de su desaparición, comenzaron a formarse otros cuerpos de seguridad pública que adoptaron diferentes nombres como las Guardas de Aragón, los Caudillatos de Galicia, los Fusileros y Migueletes de Valencia, los Miñones de Álava y Vizcaya, los Migueletes de Guipúzcoa, los Mozos de Escuadra de Cataluña y otros cuerpos para defensa de costas y bosques.

La escasa consistencia política del país al terminar la Guerra de la Independencia, hizo que en 1814, Fernando VII dictase una Pragmática, dedicando fuerzas del Ejército a la persecución de malhechores. Como el estado de inseguridad persistía en 1820, siendo ministro de la Guerra el Marqués de las Amarillas, primer Duque de Ahumada, se elaboró un proyecto para crear la "Legión de Salvaguardas Nacionales" con unos 5.200 hombres, proyecto que fue desechado por las Cortes al considerarlo "atentatorio a las libertades". En los años siguientes hubo intentos de restaurar el orden mediante los Celadores Reales (1823) y las Salvaguardias Reales (1833) pero de escaso éxito, por lo que existía un ambiente de inquietud que el bandolerismo nacido después de la Primera Guerra Carlista, había agudizado, de modo que en este clima, se tomó al fin una decisión definitiva.

Retrato del pintor Augusto Ferrer-Dalmau
El primer Decreto por el que se creaba la Guardia Civil data del 28 de Marzo de 1844. Pero este Decreto tenía unos defectos considerables, como eran la excesiva dependencia de las autoridades civiles, la ausencia de una jefatura que sirviese de nexo entre lo civil y lo militar, y los sueldos mezquinos que establecía. La organización del nuevo Cuerpo fue confiada, poco después, al segundo Duque de Ahumada (hijo del Marqués de las Amarillas), de nombre Francisco Javier Girón y Ezpeleta, nacido en Pamplona en 1803, el cual formuló acertados reparos, que fueron tenidos en cuenta en el Decreto de 13 de mayo del mismo año, verdadero punto de partida para la organización de la Guardia Civil. El nuevo Cuerpo quedaba sujeto al Ministerio de la Guerra en lo referente a organización, personal y disciplina, y al de Gobernación, en cuanto a servicios y movimientos. Se establecieron 14 Tercios distribuidos en 34 Compañías y 9 Escuadrones con unos efectivos cercanos a los 6.000 hombres. Esta cifra fue ampliada al año siguiente con otros 1.500 efectivos.

La intervención de la Guardia Civil desde el primer momento, en la lucha contra los bandoleros rurales (Andrés López (Curro Jiménez), Luis Candelas, José María el Tempranillo…) y en la implantación del orden, siempre alterado por la inestabilidad política de la época, la hizo cada vez más estimada, hasta el punto de que en el año 1853 se adaptó su organización con vistas a que pudiese también cumplir misiones en caso de guerra. En este mismo año se creó la llamada Compañía de Guardias Jóvenes, que a partir de aquel momento, fue un auténtico vivero de guardias civiles. También se concedió al Cuerpo el uso de bandera. En la segunda mitad del siglo, la Guardia Civil fue creciendo en número y en prestigio, a la vez que se iba involucrando en los diversos acontecimientos de esta época turbulenta. En 1852 se publicó la Cartilla, verdadero código moral del Guardia Civil, cuyos preceptos se han mantenido inalterables con el paso del tiempo.

Patrullera de la Guardia Civil

Extirpado el bandolerismo andaluz, aparece a finales del siglo XIX en la comarca jerezana una organización anarquista dedicada al crimen, conocida por "La Mano Negra". Su origen e incluso su existencia son un misterio mal resuelto ya que mientras unos mantienen que la Guardia Civil consiguió eliminarla tras una laboriosa labor policial, otros aseguran que fue una operación de represión inventada por el gobierno de Sagasta para aplacar las revueltas campesinas del sur, creando un falso enemigo al que se combatió acusando a los cabecillas de pertenencia a aquella sangrienta organización. El resultado fueron quince campesinos condenados a muerte, de los cuales siete fueron ejecutados en la Plaza del Mercado de Jerez de la Frontera, el 14 de junio de 1884. Simultáneamente, los jueces que dictaron las sentencias fueron condecorados con la Gran Cruz de Isabel la Católica, con el consiguiente escándalo en la opinión pública.

En 1871, la Guardia Civil, siempre en aumento, se transforma y expande fuera de nuestras fronteras con la publicación de una ley por la que se unifican en la Península los Tercios de la Guardia Civil de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, en un total de siete y se crea una Subdirección General en La Habana. Esta Guardia Civil de ultramar había sido creada a expensas de los Capitanes Generales de las colonias a imagen y semejanza del cuerpo de la península.

Monumento al fundador
En la Regencia, durante la minoría de edad de Alfonso XIII, hubo una aparente tranquilidad, hasta el momento en que comenzaron los movimientos anarquistas catalanes (1893), que fueron duramente combatidos por los hombres de la Guardia Civil. En los comienzos del siglo XX, volvieron a aparecer nuevos brotes de bandolerismo y alteraciones del orden público como la Semana Trágica de Barcelona (1909), donde se hizo necesaria la intervención de la Benemérita cuyas unidades seguían en aumento. En 1924 el número de efectivos superaba la cifra de 26.000.

Durante la Dictadura del General Primo de Rivera (1923-30), se respiró un ambiente de tranquilidad, que hicieron menos necesarias las actuaciones para restaurar el orden. A partir de 1931, con el advenimiento de la Segunda República, las ocasiones de intervención fueron constantes, como corresponde a un periodo con numerosas huelgas, algaradas y actos terroristas, muchos de los cuales costaron pérdida de vidas a la Guardia Civil. En este periodo convulso el prestigio de la institución se puso en entredicho ya que las fuerzas más radicales veían al Cuerpo como un elemento represor al servicio del gobierno.

De esa época es el "Romancero Gitano" de Federico García Lorca, donde en diversos pasajes narra el antagonismo entre los gitanos y la Guardia Civil. Puesto que se trata de poesía épica y bastante surrealista, no es fácil adivinar la verdadera opinión del poeta frente a los picoletos. Lo que si es cierto es que Lorca murió asesinado en agosto de 1936 y su detención se llevó a cabo por agentes de la Benemérita, aunque su muerte sigue siendo un misterio.

Spanish Village 1950, foto de Eugene Smith

Después de la Guerra española, Franco se cuestionó la disolución de la Guardia Civil por su actuación durante la contienda, pero finalmente obró con cautela y prefirió encomendarle la misión de acabar con el maquis que en 1944 llegó a invadir el Valle de Arán. Erradicar este fenómeno en los años siguientes, costó a la Guardia Civil la pérdida de más de 600 hombres. En los años siguientes tiene lugar la asunción de nuevas misiones y así se crea en 1959 la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil y progresivamente, los servicios de Montaña, Actividades subacuáticas, Servicio aéreo, Costas, Desactivación de explosivos, Aduanas, Terrorismo, Narcotráfico, Inmigración, Protección del Medio Ambiente, Delitos informáticos, etc., hasta llegar a nuestros días con una carta de servicios que le convierten en un organismo fundamental para la seguridad del Estado.

Hoy en día es impensable el funcionamiento del país y la seguridad ciudadana sin el concurso de los agentes de la Guardia Civil que con su presencia en cada rincón del territorio nacional, garantizan la seguridad de todos los ciudadanos. Aunque es uno de los organismos más reconocidos por la sociedad española, la Benemérita no es del agrado de todo el mundo y tiene sus detractores. Faltaría más.

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