Google+ Aislado en este planeta: Los incopiables

martes, 10 de junio de 2014

Los incopiables

Cada año, varias docenas de pintores solicitan permisos especiales a la oficina de copias del Museo del Prado para reproducir alguna de las obras de la mayor pinacoteca de España. De este modo continúa una tradición desde sus orígenes ya que desde su apertura en 1819, el Prado fue concebido como una academia para que los pintores vinieran a aprender. Entonces los visitantes sólo podían entrar una vez a la semana.

Museo del Prado


En la actualidad, unas 70 copias al año son las que se hacen en el interior del museo, siendo más solicitados los cuadros de Goya, Murillo, El Greco y, naturalmente, Velázquez. La cifra ha descendido notablemente con relación a los años sesenta del siglo pasado cuando la demanda de copias era enorme y se encontraban hasta 50 artistas, la mitad japoneses, copiando cuadros para el mercado americano, en gran medida. Ahora se conceden hasta 19 permisos a la vez que es el número de caballetes que dispone el museo mientras que el copista, además de sus pinturas, tiene que aportar un canon de 18 euros por la autorización anual más un importe de 60 euros por cada obra copiada.

La actuación de los artistas debe someterse al reglamento que tiene el museo, con una serie de normas como que no se podrá copiar en salas de gran afluencia de visitantes ni en pasillos o en la entrada a salas donde se interrumpa la circulación del público. Por esa razón, de viernes a domingo, los copistas abandonan las salas del noble edificio diseñado por Juan de Villanueva a finales del siglo XVIII y ampliado por Rafael Moneo en 2007.

Tampoco pueden hacer una recreación exacta de la obra original. El tamaño importa, porque marca la diferencia que hay entre una copia y una falsificación. Las dimensiones siempre deben ser inferiores a la de la obra original, al menos en cinco centímetros, tanto de ancho como de largo y la copia nunca podrá superar un metro y treinta centímetros en cualquiera de sus lados. También el tiempo concedido esta reglado, de modo que el pintor tiene que terminar su obra, generalmente en un plazo máximo de seis semanas.

Por cuestiones de seguridad y para evitar que puedan ser vendidas como originales, las reproducciones se escanean y se guardan en los libros de registro del museo, un completo inventario que data de principios del siglo XIX. En tiempos pasados artistas como Picasso, Sargent o los Madrazo, fueron copistas del museo y tuvieron la oportunidad de pintar sin limitaciones. Hoy en día, cada pintor puede reproducir cualquiera de los cuadros expuestos, excepto estas cuatro obras maestras:

Las Meninas


Es una de las obras de mayor tamaño de Velázquez y en la que puso un mayor empeño para crear una composición a la vez compleja y creíble, que transmitiera la sensación de vida y realidad, y al mismo tiempo encerrara una densa red de significados. Gracias a Antonio Palomino sabemos que se pintó en 1656 en el Cuarto del Príncipe del Alcázar de Madrid, que es el escenario de la acción. El tratadista cordobés también identificó a la mayor parte de los personajes; son servidores palaciegos, que se disponen alrededor de la infanta Margarita, a la que atienden doña María Agustina Sarmiento y doña Isabel de Velasco, meninas de la reina. Además de ese grupo, vemos a Velázquez trabajar ante un gran lienzo, a los enanos Mari Bárbola y Nicolasito Pertusato, que azuza a un mastín, a la dama de honor doña Marcela de Ulloa, junto a un guardadamas, y, al fondo, tras la puerta, asoma José Nieto, aposentador. En el espejo se ven reflejados los rostros de Felipe IV y Mariana de Austria, padres de la infanta y testigos de la escena.


El jardín de las delicias


Esta obra creada por El Bosco hacia 1500, tampoco se puede reproducir. Se trata de un tríptico considerado una de las obras más fascinantes, misteriosas y atrayentes de la historia del arte, e incluye tres escenas. La tabla izquierda está dedicada al Paraíso, con la creación de Eva y la Fuente de la Vida, mientras la derecha muestra el Infierno. La tabla central da nombre al conjunto, al representar en un jardín, las delicias o placeres de la vida. Entre Paraíso e Infierno, estas delicias no son sino alusiones al Pecado, que muestran a la humanidad entregada a los diversos placeres mundanos. Son evidentes las representaciones de la Lujuria, de fuerte carga erótica, junto a otras de significado más enigmático. Otro mensaje simbólico reside en la fugaz belleza de las flores o en la dulzura de las frutas, que transmiten un mensaje de fragilidad y del carácter efímero de la felicidad y de los placeres. El tríptico cerrado representa en grisalla, el tercer día de la creación del Mundo, con Dios Padre como Creador, según rezan las inscripciones del Génesis que figuran en cada tabla.

Las majas de Goya

Estas tampoco se pueden copiar. Tanto la maja vestida como la desnuda reciben millones de visitas cada año. Son dos de las obras más aclamadas por el público de todo el mundo. Se mencionan por primera vez a fines de enero de 1808, en el inventario de los bienes de Manuel Godoy, que registra estas obras como "Gitanas", seguramente por el atuendo de la maja vestida. Tras la salida de los franceses, en el inventario de los bienes incautados efectuado en 1813 se les denomina "Venus" y poco después como "una mujer vestida de maja", siendo la primera vez que recibe este nombre. En noviembre de 1814 son reclamadas por el Tribunal de la Inquisición al considerarse ambas como "pinturas obscenas" y su autoría se atribuye a GoyaTras estos dos retratos hay numerosas especulaciones como que la modelo sea la Duquesa de Alba, pues a la muerte de ésta en 1802, todos sus cuadros pasaron a propiedad de Godoy, pero también podría tratarse de un encargo directo a Goya de una amante o una cortesana.

Afortunadamente para quienes no tenemos originales ni copias, el Museo sigue ahí ofreciéndonos, sin limitaciones, el inmenso regalo de su colección que se puede disfrutar recorriendo sus salas y ahora también mediante una visita virtual en su página, donde hay acceso a más de 8.000 obras en alta resolución, con su ficha correspondiente:


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