Google+ Aislado en este planeta: Portugal

domingo, 1 de junio de 2014

Portugal

Con motivo de la clamorosa final futbolera entre equipos madrileños e inducido por las noticias, me he trasladado mentalmente a Lisboa a la que siempre recuerdo como una ciudad que resulta apasionante y encantadora. Es un lugar donde se está bien, es alegre, algo melancólica y tiene lugares históricos y monumentales muy bellos. Además goza de un buen clima, buena gastronomía y de unos alrededores maravillosos que se suman a unos precios asequibles para los españoles. No se puede pedir más.

Torre de Belém en Lisboa
Lisboa fue la capital de un imperio y eso le confirió una impronta y una personalidad que aún conserva, aunque ahora inmersa en un ambiente decadente. El Imperio portugués se formó en la Era de los Descubrimientos, es decir, en los siglos XV al XVII y llego a ser, junto con España, una auténtica potencia mundial. Las posesiones se extendían principalmente por la India, el extremo oriente, el Golfo Pérsico, las costas africanas y Brasil ocupando temporalmente numerosas islas y ciudades en todos los mares.

El imperio fue aún más grande en el período iniciado en 1580 con la anexión de Portugal a España por Felipe II y que terminó en 1640 con Felipe IV, en la que ambos reinos fueron uno solo. Sin embargo aquella unión fue forzada y se produjo por la muerte sin sucesión del rey Enrique I, hecho que aprovechó el monarca español para invadir el país amparándose en sus derechos de sucesión a la corona portuguesa. Tras su victoria en la Batalla de Alcántara, añadió a sus numerosos títulos el de Rey de Portugal.

Monumento a los Descubrimientos
Ahora bien, aquella anexión solo significó compartir un mismo soberano, y nunca se produjo una verdadera unificación administrativa ni judicial, manteniendo cada una de las partes una completa autonomía. Además provocó que las colonias portuguesas fueran objetivo de los ataques holandeses, que se apoderaron de varios puertos orientales.

Esta situación terminó con la Guerra de la Restauración iniciada a partir del Levantamiento por la Independencia de 1640 y que se prolongó, con distintos enfrentamientos armados, hasta la firma del Tratado de Lisboa de 1668, firmado por Alfonso VI de Portugal y Carlos II de España, en el cual se reconoció la total independencia del país vecino y el inicio del reinado de la Casa de Braganza.

Desde entonces las relaciones hispano-portuguesas siempre fueron conflictivas y en los siglos siguientes cada país tomó partido por alianzas diferentes en el contexto europeo. Aunque es una regla con muchas excepciones, los portugueses tuvieron sus preferencias por Inglaterra, mientras que España se aliaba más fácilmente con Francia.

Palacio Nacional de Sintra

Las razones del distanciamiento político de los dos países ibéricos pueden deberse principalmente a la pugna por la hegemonía peninsular. Portugal, tradicionalmente ha visto a España como un potencial enemigo al ser su único vecino. Todavía ahora se recuerda con desagrado la invasión de Felipe II y el período de dominación española. Por su parte España ha ninguneado a Portugal tratándolo como a un hermano pequeño con actitud paternalista y despectiva.

Otra razón del distanciamiento han sido las alianzas internacionales antagónicas de uno y otro país. En la historia contemporánea de Portugal y España sus posiciones son diametralmente opuestas. Napoleón al invadir España, la situó bajo la influencia francesa y como reacción, Portugal afianzó su alianza con los ingleses de modo que les permitió retener su imperio colonial africano y asiático hasta 1975, mientras España perdía el suyo a lo largo del siglo XIX.

Monasterio de Batalha
Conmemorativo de la victoria de Aljubarrota sobre los castellanos

Se ha dicho que Portugal y España son dos países que se acuestan en la misma cama pero que se dan la espalda. Esto ha sido cierto durante muchos años pero en la actualidad la actitud va cambiando y parece que ha llegado la hora de superar esa situación siquiera por razones de orden práctico. Desde el ingreso en la UE en 1986, se van trenzando muchas relaciones comerciales muy interesantes entre ambos países, que nos llevan a pensar que en vez de darse la espalda, resulta que son dos hermanos siameses, forzosamente unidos y que su desarrollo vital tiene una dependencia mutua. Es evidente que uniendo intereses y objetivos se puede tener un mayor peso en los escenarios internacionales.

¿donde está Portugal?
También en los hechos cotidianos deben darse pasos de acercamiento. Resulta evidente que, mientras muchos portugueses hablan castellano bastante bien, pocos españoles se atreven más allá de algunas palabras en portugués. Aunque sea anecdótico, cuando la televisión española da la predicción del tiempo, Portugal no existe. En su lugar solo hay una mancha o un vacío absurdo. ¿no parece esto un ninguneo, casi un insulto?. Muchos portugueses ven los canales españoles y no vendría nada mal prestarles un poco de atención en aspectos informativos.

Dándole vueltas a estas ideas, me apunto al "Iberismo", ese movimiento que tuvo su origen en el siglo XIX, que con distintos enfoques ha propugnado la unión de España y Portugal en un formato de estado federalista o similar y que según parece, tendría numerosos partidarios a ambos lados de La Raya.

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