Google+ Aislado en este planeta: Abdicaciones y sucesiones

viernes, 8 de agosto de 2014

Abdicaciones y sucesiones

En el pasado mes de junio, España vivió fechas memorables con hechos que suceden con cierta frecuencia en la Historia, pero que la generación actual de españoles vivos nunca había presenciado. Ha sido la abdicación de un rey y la sucesión en el trono de su hijo.

Hay una época en nuestra historia en la que un rey no tuvo un solo sucesor sino tres y los tres fueron reyes de España. Así fue la historia de Felipe V y de sus herederos de la corona.


Cuando en 1700, Carlos II, "el Hechizado", último monarca de la dinastía de los Habsburgo murió sin descendencia, dejó escrito en su testamento que el trono de España lo ocupara Felipe de Borbón, Duque de Anjou, un joven francés de 17 años, nieto del rey Luis XIV y de su esposa, la española María Teresa de Austria.

Hace 314 años, el 16 de noviembre de 1700, el duque de Anjou, aceptó el trono de España adoptando el nombre de Felipe V. Tres meses después, el representante de la nueva dinastía, entraba en Madrid, donde fue acogido con júbilo singular. Sin embargo, España se convirtió poco más tarde en un campo de batalla, con la consiguiente destrucción, odios y perdurables efectos territoriales como consecuencia de aquella nefasta Guerra de Sucesión. No obstante, el reinado introdujo también profundas reformas que modernizaron el país y lo incorporaron al mundo de la Ilustración. Aunque mal preparado para dirigir un Imperio en apuros, Felipe V se ganó el calificativo de "animoso" en la labor de gobierno durante sus primeros años de reinado, pero hacia 1717 comenzaron sus depresiones, que acabaron llevándole al extravío.

Luis I con atuendo de Principe de Asturias

Felipe V e Isabel de Farnesio


Dejó el trono abdicando en 1724 en su hijo Luis I, "el bien amado", de diecisiete años, casado con Luisa Isabel de Orleans. Los reyes Felipe e Isabel se retiraron a su palacio favorito de La Granja de San Ildefonso. El joven monarca Luis I reinó sólo durante ocho meses. A mediados de agosto enfermó de viruela y murió el día 31 del mismo mes, después de 229 días de reinado.

Aunque con la oposición de importantes sectores de la nobleza castellana que mantenían la imposibilidad de que el rey abdicado regresara al trono, la reina Isabel de Farnesio presionó al Consejo de Castilla para que pidiera a Felipe V que volviera a reinar. El 7 de septiembre de 1724, una semana después de la muerte de su hijo Luis, Felipe V volvía a ostentar la Corona de España, iniciando un segundo período de su reinado hasta su muerte en 1746.

Real Sitio de La Granja de San Ildefonso

El siguiente Borbón, Fernando VI, "el Prudente", era el cuarto hijo de Felipe V y de su primera esposa María Luisa Gabriela de Saboya. Vivió una infancia muy infeliz, ya que perdió a su madre a los cinco meses de nacer y su padre contrajo nuevas nupcias siete meses después de haber enviudado, con la princesa del ducado de Parma, Isabel de Farnesio, que le dio seis hijos. El primero fue el infante Carlos nacido el 20 de enero de 1716. Así la nueva reina se preocupó más por la suerte y el futuro de sus propios hijos que por la de sus hijastros, de modo que Fernando vivió recluido durante años en diversos palacios sin hablar con nadie, como si fuera un apestado.

Pero ocurrió que Fernando se enamoró de la princesa de Portugal, Bárbara de Braganza con la que se casó en 1728 cuando el infante sólo tenía 15 años, dos menos que ella. Fernando encontró en su esposa un amor y un refugio para él desconocido y vivió pendiente de ella durante los treinta años que duró su matrimonio, siendo posiblemente el único borbón en la historia, que permaneció fiel a su esposa.
Estatua de Fernando VI frente al Tribunal Supremo en Madrid

Fernando fue Principe de Asturias y por tanto heredero de la corona, durante 22 años en los que la enfermedad mental y el deterioro físico de Felipe V se fueron acentuando hasta que en la noche del 9 de julio de 1746 murió de una apoplejía. Una semana después, Fernando VI fue coronado y su primera medida fue ordenar a su madrastra, la reina viuda Isabel de Farnesio, que abandonara el palacio real del Buen Retiro, y se marchara a vivir a una casa de la duquesa de Osuna. Un año después ordenó su destierro de Madrid permitiéndole residir en el palacio de La Granja de San Ildefonso.

Desde el comienzo de su reinado impulsó una política de neutralidad y paz en el exterior para posibilitar un conjunto de reformas internas en los aspectos económicos, modernización de la marina, el comercio de las Indias y el florecimiento de la cultura con la creación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Arbitró otras medidas más pintorescas como la prohibición de la masonería y la orden de prisión general de los gitanos, en un intento de extinguirlos del reino obligando a trabajar a hombres y mujeres por separado, que se conoció como la Gran Redada. En el exterior, el principal conflicto fue el enfrentamiento con Portugal por la colonia de Sacramento, desde la que se facilitaba el contrabando británico por el Río de la Plata. Estos hechos son los que se relatan en la película "La Misión", que trata el conflicto de las reducciones guaraníes de los jesuitas.

Cuando en 1758, su esposa Bárbara murió en el palacio de Aranjuez, a los 47 años de edad, el rey Fernando VI se volvió completamente loco. Se apartó de las funciones regias para refugiarse en el castillo de Villaviciosa de Odón, donde se pasaba días y noches gritando y llamando a su esposa, a la que buscaba por todas partes. Murió un año después que Bárbara de Braganza y lo enterraron junto a ella en el convento de las Salesas Reales en Madrid. En vez de "el Prudente" le podían haber llamado "el Enamorado", pues murió de amor como antes ocurrió con Juana la Loca.

Felipe V comenzó las obras del Palacio Real que se terminó en tiempos de Fernando VI

Fernando VI fue sucedido por su hermanastro, Carlos III, al no tener descendencia propia. De este modo por tercera vez, un hijo de Felipe V alcanzaba el trono español. El infante Carlos había nacido en 1716 y era complicado que llegase al trono de España, pues en la línea sucesoria estaban antes sus hermanastros, así que su madre Isabel de Farnesio, pronto comenzó a hacer planes para su primogénito. La ocasión se le presentó con la muerte sin descendientes de su tío, el duque Antonio de Farnesio, en 1731, precisamente el día en que Carlos cumplía quince años, lo que propició que el joven infante fuera enviado a tierras italianas. Primero se asentó en los históricos ducados de Parma, Piacenza y Toscana, herencia de su madre, donde permaneció poco tiempo pues en mayo de 1734, durante la Guerra de Sucesión Polaca, el futuro monarca español, entró en Nápoles y se coronó rey haciendo lo mismo en Sicilia al año siguiente.

Nápoles no fue para Carlos un destino provisional pues no entraba en sus planes el trono de España. Allí vivió un cuarto de siglo, emprendiendo una política reformista en un complicado país dominado por las clases privilegiadas y allí formó, con su amada esposa María Amalia, una familia numerosa de trece hijos, siete mujeres y seis varones.

Madrid recibió a Carlos III con gran alborozo
En 1759, Carlos III dejo el trono de Nápoles en manos de su hijo Fernando y regresó a España para coronarse rey, lo que le correspondía al ser el siguiente en la línea de sucesión. Llegó a España con experiencia de gobierno y con claras ideas reformistas y liberales siempre que éstas no pusieran en peligro su poder absoluto y el orden social tradicional. Por ello Carlos III es considerado como el máximo exponente del llamado despotismo ilustrado. En un escrito dirigido a su hijo, el futuro Carlos IV, deja claro su pensamiento: «Quien critica los actos de gobierno comete un delito, aunque tenga razón».

Fue un rey austero, devoto y de costumbres rutinarias, poco dado a la pompa cortesana y gran aficionado a la caza. Tuvo que soportar un motín de los madrileños por las medidas impopulares propuestas por Esquilache como la subida del precio de los alimentos o la que prohibía el uso de la capa larga y el embozo tradicionales. Otra medida complicada fue la expulsión de los Jesuitas de España, a fin de frenar su poder político.

Carlos III, el mejor Alcalde de Madrid
El que ha sido considerado el mejor rey de España, tomó importantes medidas como la reforma de la Hacienda, la unificación de la moneda, la emisión de deuda pública. También comenzó a funcionar el primer Banco del Estado y se creó la Lotería Nacional. En el transporte se inició la red radial de carreteras y comenzó a funcionar el Correo postal.

Hizo un plan industrial ambicioso, creando manufacturas reales para satisfacer las necesidades de la Monarquía (cañones, pólvora, armas blancas, cristal, porcelana…), y para estimular en el país una producción industrial de bienes de consumo y de lujo. De aquella época son la porcelana del Buen Retiro y los cristales de La Granja de Segovia. Otra medida de gran alcance fue la constitución del Catastro, inventariando toda la riqueza del país y creando una contribución universal para todo el reino.

Madrid fue la gran beneficiaria de los proyectos reales con la construcción de hospitales, alumbrado de calles y recogida de basuras sacando a la capital de aquel estado ruinoso y mugriento de antaño. En el aspecto monumental las mejoras de la capital van desde la Puerta de Alcalá hasta el Museo del Prado pasando por el Jardín Botánico, la Cibeles o el Real Observatorio.

Carlos III falleció el 14 de diciembre de 1788. En su testamento prohibió expresamente ser embalsamado, ordenando su sepultura al lado de su difunta esposa, María Amalia de Sajonia, en la cripta de El Escorial. Con él termina la historia del reformismo ilustrado en España ya que al año siguiente estalló la Revolución Francesa que vino seguida de la guerra de la Independencia, trayendo tiempos mucho más conservadores y monarcas muy mediocres.

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