Google+ Aislado en este planeta: Ciudad Rodrigo

domingo, 28 de septiembre de 2014

Ciudad Rodrigo

La provincia de Salamanca es bastante extensa y alejándose de la capital unos 90 kilómetros en dirección a Portugal se encuentra esta pequeña ciudad que supone un oasis en la enorme extensión del campo charro.

Bajo sus murallas discurre el río Águeda

Ciudad Rodrigo está lejos de todas partes ya que no se pasa por allí con facilidad salvo que te dirijas a Portugal por la frontera de Fuentes de Oñoro que está a 25 kilómetros. Su alejamiento le dota de cierta cultura algo endogámica pero rica e ilustrada. Visitando la ciudad me han llamado la atención algunos lugares, costumbres y hechos históricos de la villa.

Aunque es ciudad muy antigua de origen celta y está amurallada desde el siglo XII, su protagonismo histórico en épocas medievales es más bien escaso. Fue durante la Guerra de la Independencia cuando su posición de plaza fortificada entre Portugal y Salamanca le hizo tener un papel importante. Esta fue una época crítica en la historia de la ciudad, pues sufrió importantes daños que aún se pueden observan en algunos edificios, durante los dos sitios que sufrió. Primero fueron los franceses quienes asaltaron la ciudad en 1810 y después los aliados la recuperaron en 1812.

La fachada de la Catedral conserva las huellas de los cañonazos
Durante el sitio francés, el mariscal Michel Ney tomó la plaza de Ciudad Rodrigo el 9 de julio, tras un sitio de 24 días. Las tropas españolas del mariscal Andrés Pérez de Herrasti hicieron una valiente defensa, rindiéndose sólo cuando los franceses abrieron una brecha en las murallas y pudieron hacer valer su superioridad en número y armamento. La resistencia que ofreció la ciudad retrasó durante un mes la tercera invasión de Portugal del mariscal francés André Masséna y en ese tiempo el duque de Wellington, al mando de las tropas aliadas, pudo organizar la defensa de Lisboa con la construcción de las Líneas de Torres Vedras, fortificación infranqueable que obligó al ejército francés a desistir en sus pretensiones sobre la estratégica desembocadura del Tajo.

Año y medio más tarde, se volvieron las tornas y el ejército francés estaba en retirada. El general británico Wellington inició el 9 de enero de 1812, el segundo sitio de Ciudad Rodrigo, tomando finalmente la ciudad a los franceses la noche del 19 de enero, tras abrir brecha en las murallas en el mismo lugar del ataque francés. Durante el sitio murieron los generales británicos Mackinnon y Craufurd.

La ciudad vieja mantiene su contorno amurallado
Tras la captura de la plaza, Wellington dirigió su ejército a Badajoz para liberar la ciudad y continuó su campaña de éxitos con la batalla de Arapiles en Salamanca, el sitio de Burgos, la batalla de Vitoria, la liberación de Pamplona y la batalla de San Marcial que culminó con la salida de las tropas francesas de España. En recompensa por la liberación de la ciudad, a Wellington se le concedió el título de "Duque de Ciudad Rodrigo".

Hay en la ciudad un pequeño museo dedicado a aquella batalla donde, entre mapas y fusiles, se expone una edición completa de "Los desastres de la guerra", serie de 82 grabados que Goya dedicó a las crueldades cometidas en la Guerra de la Independencia Española.

Hablando de museos, Ciudad Rodrigo tiene otro muy original y exclusivo. Se trata del Museo del Orinal. Tan estrafalaria colección solo puede ser obra de un personaje excéntrico y peculiar, José Mª del Arco, apodado "Pesetos" que desde los años 80 puso su empeño en esta empresa llegando a reunir más de 1.300 piezas recopiladas en muchos años y países, en tiendas, mercadillos, subastas, desvanes, y hospitales, todas diferentes y de distintos tamaños, formas, materiales y épocas.



Según se explica en los paneles del museo, el orinal se conoce desde la más remota antigüedad y ha tenido diversas formas y aplicaciones. Ya los griegos lo llamaron "amigo" y los romanos "matula" y eran normalmente de bronce. En la edad media eran piezas rústicas de barro aunque se conocen ejemplares en plata y con la aparición de la porcelana se mejora la higiene y algunas piezas se ennoblecen con lujosas decoraciones en esmalte. Con la Revolución industrial se popularizan al extremo de que no hay cama digna que no tenga uno en sus bajos. La pieza se especializa para usos delicados con modelos como la "galana", que es vertical, la "chata" para uso en cama y la "cuña" para enfermos. El rey de los modelos es el "dompedro", un mueble de maderas nobles, a veces con incrustaciones de marquetería, marfil o pan de oro, que esconde un orinal en su interior. Incluso los hay portátiles para su uso en viajes o durante los oficios religiosos. Un auténtico icono que podía mostrar la importancia social de su propietario.
  
Otra curiosidad local que los mirobrigenses, (así es el gentilicio de sus habitantes), disfrutan con orgullo es su Carnaval del Toro. Es la fiesta más importante de la localidad y se celebra coincidiendo con las fechas anteriores a la Cuaresma. La plaza mayor se convierte en un coso taurino de madera de forma rectangular, que los vecinos montan cada año para los festejos, que son los más madrugadores de la temporada taurina en España.

Fiesta taurina en la Plaza con el Ayuntamiento al fondo
Por sus calles discurren encierros de toros, tres veces al día, hay corridas y capeas, charangas y disfraces y sobre todo destaca el encierro a caballo del domingo, en el que caballistas y garrochistas conducen a los toros bravos por el campo salmantino para terminar en la plaza. Debe ser fiesta antigua porque un edicto de la época de los Reyes Católicos ya la menciona. Es un carnaval único en el mundo donde se unen la máscara y el toro y están declarados como Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Y como en toda fiesta, la gastronomía. Aquí tienen un plato local exportado a toda la provincia que es el farinato. Se trata de un embutido sencillo que se elabora con miga de pan, manteca de cerdo y cebolla, sazonando con sal, pimentón, comino, ajo, cebolla, y un poco de aceite de oliva. Se cocina en sartén acompañado de huevos fritos y se degusta en almuerzos y meriendas y también en formato de tapa en la barra de muchos locales. Debido a la fama del producto, ha pasado a llamarse también "farinatos" de una forma coloquial, a los habitantes de Ciudad Rodrigo.

Ya falta menos...

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