Google+ Aislado en este planeta: Lunes de aguas

sábado, 20 de septiembre de 2014

Lunes de aguas

Salamanca es una ciudad rica en historias, leyendas, ocurrencias y hechos pintorescos, más si cabe que otros lugares, ya que ha sido ciudad muy viva, llena de gentes de toda índole y condición. Esta historia circula por la ciudad y es muy fácil que algún lugareño te la cuente, si se presenta la ocasión.

Salamanca desde la otra orilla del Tormes

La tradición del Lunes de Aguas, tiene su origen en el siglo XVI cuando Felipe II, con solo 16 años, llega a Salamanca para celebrar sus bodas con la princesa María de Portugal. Después de los esponsales, siguieron varios días de festejos en los que el rey tuvo ocasión de conocer la ciudad que, al igual que ahora, estaba poblada masivamente por estudiantes. Allí advirtió de una afición muy arraigada y es que descubrió con asombro que esta sobria y señorial ciudad de la vieja Castilla, además de ser un templo del conocimiento y la luminaria del cristianismo, era al mismo tiempo un garito de diversión y sede de las más depravadas costumbres. Y es que en esa época Salamanca albergaba a más de ocho mil estudiantes, solo varones, entre los cuales había becarios, vividores y señoritos de postín que movían a su alrededor un complejo entramado humano compuesto de criados, mozos de cuadra, taberneros, curas corruptos, catedráticos rectos y torcidos, lavanderas, amas de llaves, buhoneros y feriantes y, como no, prostitutas para todos los bolsillos y aficiones, rameras sin fin con más bachillerías y licenciaturas que los más aventajados estudiantes.

Celebrando el Lunes de Aguas bajo el puente romano
En Salamanca, las más eminentes aulas, oratorios, escuelas mayores, patios de lectura y bibliotecas, coexistieron con tabernas insanas, garitos de juego, casas de amancebamiento de toda índole y toda suerte de atentados contra el sexto y todos los demás mandamientos de la ley. Pícaros, incluseros, lazarillos avispados, ciegos resabiados, alcahuetas y celestinas poblaban los arrabales de Salamanca, para mayor gloría de estos géneros literarios. 

Pero incluso el desmadre tenía reglas y para evitar los problemas, sobre todo de salud, que la actividad sexual de la estudiantina podía acarrear, el comercio carnal estaba perfectamente regulado por la Casa de la Mancebía, establecimiento que tenía el monopolio sobre la prostitución y que era regentado por el Municipio en colaboración con el Cabildo catedralicio, impartiendo normas sanitarias y administrando los jugosos impuestos de la actividad.

Felipe II, dentro de su rectitud casi monástica, quedó perplejo con semejante espectáculo y de inmediato, promulgó un edicto en el que ordenó que durante los días de Cuaresma y Semana Santa, la prohibición de comer carne se hiciera extensible en todos los sentidos, y para evitar tentaciones, obligando a las prostitutas a abandonar la ciudad y a permanecer a una legua de la muralla, en la otra orilla del Tormes, apercibidas de grandes castigos si osaban desobedecer.

A partir de entonces, las prostitutas de Salamanca abandonaban la ciudad antes de comenzar la Cuaresma y se refugiaban extramuros aguardando el fin de la forzada abstinencia. Hay un pintoresco personaje, el Padre Lucas, conocido entre los estudiantes como el "Padre Putas", que se encargaba de conducir, cuidar y vigilar a las meretrices y pupilas durante su exilio temporal, así como de organizar su aclamado regreso.

Hornazo salmantino
Acabada la Semana Santa y con ella la prohibición, las rameras regresaban a Salamanca el lunes siguiente al Lunes de Pascua, para lo cual se organizaba una enorme fiesta, en las calles de la ciudad volvía a correr el vino y los estudiantes salían a recibirlas a la ribera del Tormes con gran júbilo y ansia desmedida. Ellos mismos se encargaban de pasarlas en barca de una orilla a otra del río, y allí mismo se dedicaban al desenfreno, a la carnalidad y al éxtasis etílico, dando rienda suelta a sus instintos reprimidos por tal largo tiempo. La gran orgía estudiantil a orillas del río, se culminaba con un gran remojón colectivo de rameras y estudiantes completamente borrachos.

Este día, que ha quedado en la tradición popular como el "Lunes de Aguas", permanece en la actualidad como una fiesta menos desenfrenada, de carácter lúdico y familiar donde las gentes se reúnen en comida campestre para degustar el tradicional hornazo, una especie de empanada horneada con diversos embutidos y huevo duro en su interior, típica en Salamanca y en muchos otros lugares de España.

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