Google+ Aislado en este planeta: Paseo por Salamanca

lunes, 15 de septiembre de 2014

Paseo por Salamanca

La próxima vez, en otra vida, quiero ir a estudiar a Salamanca. Acabo de volver de esta ciudad y ya siento haber dejado algo pendiente, como los malos estudiantes, para recuperar en otro curso. Es que esta ciudad atrae, llama, incita y contagia. Uno siente que hay que pensar más, aprender más y sobre todo, vivir más. Todo esto constituye el reclamo de Salamanca que desde hace ocho siglos está impartiendo al mundo luz, ciencia, sabiduría y vida, es decir, universitas.

La tradición estudiantil dota a Salamanca de una atmósfera especial, con millares de jóvenes que se aglomeran en sus antiguas calles y disfrutan como nadie, sin hora de cierre. No se sabe cuándo tienen tiempo de estudiar pero se supone que lo hacen y sobre todo gozan del enorme privilegio que es casi un título: ser estudiante en Salamanca. La oferta del conocimiento, las titulaciones, la investigación y los congresos es inmensa y también su nómina que puede superar los 40.000 alumnos.

Tintes dorados en la piedra de la Catedral

Fue en 1218 cuando se fundó su universidad, la más antigua de España y tuvo su primera sede en el claustro de su catedral vieja, que es la que ahora llamamos románica y que sigue en pie y celebra culto a pesar de la presencia cercana y avasalladora de su catedral nueva, que es gótica, renacentista y barroca pues se construyó entre los siglos XVI y XVIII y es grandiosa de proporciones y alturas.

Otro elemento que la hace única es su encanto añejo, con un centro histórico donde se ha conservado intacta su pureza arquitectónica y donde se sigue construyendo igual en las modernas edificaciones, respetando estilos y materiales como la tradicional piedra de Villamayor presente en toda la ciudad, que le ha proporcionado el apelativo de "ciudad dorada". Dicen que hay que llegar a Salamanca por el lado del Tormes en una tarde soleada, cuando la piedra luce sus tintes dorados. Yo no tuve esa suerte pero a cambio una tormenta con negros nubarrones puso un magnifico telón de fondo a la visión de la catedral desde el Puente Romano. 

Plaza Mayor. Ayuntamiento

El corazón de Salamanca late en su Plaza Mayor. En ese "cuadrilátero irregular, pero asombrosamente armónico", como la definió Unamuno, discurre la vida social de la ciudad como si de un escenario barroco se tratara. Construida en la primera mitad del siglo XVIII por Alberto Churriguera, es la sede del Ayuntamiento y el auténtico cuarto de estar de la ciudad.

En un recorrido de apenas un kilómetro podemos visitar los pilares históricos y monumentales de esta ciudad como la Clerecía, la casa de las Conchas, las Catedrales, el convento de San Esteban, los palacios de Anaya y Monterrey y un sinfín de iglesias, conventos y palacios que harán las delicias de los amantes del arte en piedra, en lienzo y en madera. Todos ellos son argumentos sobrados para que fuera declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 1988 y años después, Capital Europea de la Cultura.

Con una historia tan densa, Salamanca tiene una extensa nómina de celebridades que vivieron en ella que van desde Antonio de Nebrija hasta Miguel de Unamuno pasando por Fray Luis de León, Colón, Hernán Cortés, Cervantes, Francisco de Vitoria y Torrente Ballester, personajes que sin duda escribieron con letras de oro, la historia de esta ciudad.

Paisaje urbano

Paisaje rural

Salamanca alberga dos poderosos ingredientes capaces de aglutinar la cultura y el ocio a partes iguales. Los estudiantes y el turismo consiguen que, en un mismo espacio, convivan ciencia, arte, gastronomía y diversión. Aquí se come bien en un sinfín de locales para todos los gustos y los bolsillos. La comida castellana de esta zona es sabrosa y contundente. Algo menos refinada, para mi gusto, que en las provincias más orientales de la región pero haciendo gala de un producto estrella: esas patas negras que cuelgan con profusión en muchos de los figones de la ciudad. Además del jamón ibérico, todos los derivados del cerdo están magníficamente tratados en todas partes y no hay que perder de vista productos con D. O. como la ternera morucha y el queso de las Arribes. También hay vinos de la provincia con un buen pasar, pero en este asunto mejor es surtirse de los vecinos; Valladolid y Zamora.

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