Google+ Aislado en este planeta: Tecnología temeraria

domingo, 7 de septiembre de 2014

Tecnología temeraria

De entre la avalancha de inventos y desarrollos que nuestra tecnocivilización nos ofrece a diario, hay dos inventos emergentes que me llaman la atención porque sin duda tendrán gran impacto y que naturalmente ya están dando que hablar en periódicos y emisoras. Se trata de los drones para uso civil y de los coches sin conductor.

Es curioso que dos empresas punteras en sus respectivos sectores estén empleando la tecnología llevada al extremo para innovar, marcando la pauta de los desarrollos más futuristas. Por un lado Amazon, que comenzó hace 20 años como una librería online y hoy es uno de los gigantes mundiales de Internet con desarrollos de negocio en multitud de áreas y con intereses en una veintena de empresas de comercio electrónico, cloud computing, creación de contenidos, lectores de libros electrónicos y otros gadgets. Y hasta se ha permitido crear su propia moneda, Amazon Coins, para las compras por Internet.

Reparto aéreo de paquetería
Pues bien, Amazon se ha embarcado recientemente en un proyecto fantástico llamado Amazon Prime Air, consistente en utilizar drones autónomos capaces de entregar paquetes a domicilio en 30 minutos. Estos miniaviones funcionan con una batería, son guiados por ordenador y por sus propios sensores y están geolocalizados permanentemente, desplazándose a 80 km. por hora y portando una carga de unos dos kilos que cubre la mayoría de los envíos que efectúa Amazon. No es de extrañar que la compañía intente revolucionar el sistema de entregas que es el eslabón final de su cadena logística, altamente robotizada y que funciona como un reloj, según se puede comprobar al efectuar una compra en su portal online.

Estas megaempresas se permiten el lujo de hacer incursiones en áreas ajenas a su actividad, siendo visionarios e invirtiendo en medios y en tecnología, de modo que un proyecto como el de Amazon pueda llegar a convertirse en pionero en el ámbito del transporte, donde puede causar una completa revolución. Otras empresas como UPS y DHL también están trabajando en esta idea aplicada a la entrega de paquetería.

El mayor obstáculo que Amazon ha encontrado no es tecnológico sino legal. Actualmente la legislación americana y la de cualquier país, prohíben el uso de aviones no tripulados para fines comerciales y las empresas que quieran utilizarlos, deben obtener un permiso de la Administración Federal de Aviación. En los últimos meses, por lo menos una veintena de empresas, además de Amazon, han solicitado permiso a las autoridades americanas para utilizar drones con fines tan diversos como la filmación de películas, la inspección de plataformas petroleras y oleoductos, el control de cultivos o la evaluación de daños catastróficos e incendios, de modo que nos encontramos en un escenario de enorme interés económico que sin duda generará conflictos entre los intereses de las compañías y la necesaria regulación en materias de control aéreo y seguridad de los ciudadanos.





El otro caso es el de Google en el terreno del automóvil sin conductor. ¿Por qué Google se adentra en el sector de la automoción donde no tiene experiencia?. La respuesta es sencilla; porque dispone de la tecnología para conseguir la otra parte de la premisa, esto es, que se conduzca solo. Es ahí donde el gigante de Internet brilla con luz propia ya que dispone de los ordenadores, los sensores, los mapas y muchos otros recursos para hacer posible esta realidad mágica.

El coche de Google
 El factor humano está presente en casi el 100% de los accidentes registrados en las carreteras. Los coches apenas fallan, sin embargo, un error de cálculo, un despiste, un desliz, un estado físico inadecuado del conductor son las causas del accidente. Google piensa que la tecnología puede conseguir esa meta de "cero accidentes" porque las máquinas ven más y mejor, procesan miles de situaciones en el acto, no se cansan y su reacción es inmediata.

Pero llegados a esa situación, la ausencia del humano en la conducción lo va a cambiar todo, desde la fabricación del coche y el diseño de las carreteras, hasta el código de circulación y el sistema de coberturas de las aseguradoras, que ahora mismo no contemplan este hipotético escenario. Además el impacto laboral en el sector del transporte será de una dimensión desconocida.

Ahora mismo la tecnología está a punto para llevarla a las calles. De hecho ya está circulando por las vías públicas de California desde hace unos meses, donde una flota de vehículos adaptados por Google ha realizado más de un millón de kilómetros de conducción autónoma, sin un solo accidente. Lo que parece caótico y arbitrario en una calle de ciudad para el ojo humano, resulta bastante predecible para un ordenador. Para ello, Google ha elaborado modelos de software en base a miles de situaciones diferentes que ha manejado en simuladores donde se analizan millones de casos y se aprende de los resultados. Con ese conocimiento en su memoria, el coche puede salir a un escenario real y comportarse de forma muy cercana a la perfección.

En la actualidad los estados de California, Nevada y Florida ya han adaptado sus leyes para permitir la circulación de estos vehículos. También el Reino Unido tiene prevista su autorización para 2015 y fabricantes como Volvo, Toyota, Audi, Nissan y muchos otros, ya trabajan desde hace un tiempo en la misma dirección que Google. Prácticamente no hay universidad, centro de investigación y fabricante de cualquier rama de la automoción que no esté dando pasos para posicionarse en estas tecnologías.

Vehículo de pruebas de BMW

Así que el coche sin conductor llegará, al igual que los drones. Aunque tarden en alcanzar un uso generalizado, estos desarrollos han venido para quedarse. Quizás su aplicación no sea exactamente como hoy se piensa, pero la tecnología desarrollada tendrá utilidades similares y también otras que aún no imaginamos. Conforme aumente su fabricación y empleo, los costes se reducirán y las leyes se adaptarán. Pronto nos sobresaltaremos con la presencia de vehículos que se mueven entre nosotros y que nadie conduce, como ocurrió con aquellos primeros carros que no tenían caballo y que tanto pavor causaron a nuestros bisabuelos.

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