Google+ Aislado en este planeta: Patente de Corso

sábado, 25 de octubre de 2014

Patente de Corso

En mitad del muelle largo del puerto de Ibiza, me encontré un sencillo obelisco dedicado a los corsarios ibicencos y más en concreto a la figura de Antonio Riquer, marino de la localidad, de quien nada sabía y movido por la curiosidad, he reunido algunas pinceladas de su figura. Según he podido saber, este monolito es el único homenaje público a los piratas que existe en el mundo, junto al monumento que los británicos dedicaron a su figura nacional, Sir Francis Drake, en Plymouth.

Monumento a los corsarios
Las Baleares, a partir de la reconquista aragonesa del siglo XIII, fueron víctimas frecuentes de la piratería en el Mediterráneo, protagonizada por los filibusteros turcos y los berberiscos del norte de África que asediaron sin piedad la costa de Ibiza y Formentera. Pero en el siglo XVII las tornas cambiaron y fueron los marinos ibicencos quienes comenzaron a hostigar a otras embarcaciones enemigas, lo que redundó en beneficio de la flota naval y de no pocas fortunas amasadas a la sombra de aquella figura: el corsario.

El corso, en contra de lo que comúnmente se cree, no es una práctica encubierta de pirateo, sino una actividad legal muy regulada por los gobiernos nacionales en siglos pasados. De esta forma quedaba claramente diferenciada de los actos de piratería, de modo que el corsario era auténticamente un mercenario al servicio de la Corona. De esta actividad, muchos particulares hicieron su forma de vida, otros tantos amasaron fortunas y algunos se labraron una carrera en la Armada Real que de otra forma les hubiera resultado inalcanzable.

En el siglo XVIII y principios del XIX el corso español jugó un papel muy importante en la política exterior española. Los corsarios, siempre bajo la "patente de corso" obligatoria para ejercerlo, hicieron la función de flota de guerra "paramilitar" al servicio del país. Entre los vastos territorios del Imperio Español, fueron imprescindibles como guardacostas, ya que era materialmente imposible contar con una escuadra real que pudiera proteger tantas millas de costa y tantas rutas marítimas. De este modo, el beneficio era mutuo; ganaba el corsario, que obtenía una gran parte del saqueo, y salía beneficiada la Corona de España, al incrementar sin ningún coste, su flota de guerra, y obteniendo de paso, una parte del botín.

En todos los mares del Imperio hubo corsarios locales, que en ausencia de barcos de la Armada, mantuvieron a raya a los ingleses y holandeses. Para medir la importancia del corso como herramienta para los fines de un gobierno, basta observar que los corsarios norteamericanos en la Guerra de la Independencia de los EE.UU., capturaron cerca de 3.000 buques ingleses, lo que dificultó enormemente el envío de provisiones a las tropas británicas en suelo norteamericano, contribuyendo decisivamente a la victoria de las colonias.

El barrio de la Marina y el puerto

Quizás una de las capturas más significativas y célebres de estos marinos, fue la del bergantín británico "Felicity", llevada a cabo por el más popular de los corsarios ibicencos, el patrón Antonio Riquer, un día de junio de 1806. El barco inglés, navegaba comandado por un famoso corsario, el capitán italiano Miguel Novelli, alias "el Papa". Aquel día se avistó al buque inglés en las proximidades del puerto de Ibiza, en actitud desafiante ya que por su tamaño y armamento era superior a los barcos isleños. Riquer, al mando del jabeque, "San Antonio y Santa Isabel", con cincuenta y ocho tripulantes armados de mucho entusiasmo y espíritu de combate, se hizo a la vela saliendo al encuentro del barco inglés. Puesto que en un combate artillero no tenían ninguna posibilidad, Riquer buscó una posición de viento favorable y se lanzó con gran valentía a abordarlo, atacando con arpones, arrojando a la vez frascos de fuego, una especie de "cóctel Molotov" de la época, matando a muchos tripulantes y quemando gran parte de la embarcación. El enemigo, sorprendido por tan temeraria acción, se defendió con granadas de mano y fusiles, acabando con cinco hombres, entre ellos con el segundo capitán, e hiriendo a muchos marineros. Sin embargo, después de media hora de refriega, los ingleses fueron doblegados y el navío ibicenco pudo volver a puerto trayendo prisionero al "Felicity".

Tras este combate, Riquer, que ya contaba en su cuaderno de bitácora con más presas que el pirata de Espronceda, fue admitido como oficial de la Marina de Guerra, con el grado de alférez de fragata y gracias a su ascenso social pudo  construirse un caserón en la parte alta de la ciudad, abandonando su barrio natal de la Marina.

Pronto volvió Riquer a la mar cosechando victorias frente a los ingleses. Su siguiente acción tuvo lugar dos semanas después, el 15 de junio. Esta vez sostuvo combate y puso en fuga a un bergantín inglés en las cercanías de la isla de Tabarca, frente a las costas de Santa Pola. Y así siguieron diversas escaramuzas hasta que al año siguiente cayó prisionero de los ingleses, siendo conducido a Londres, sin que se conozcan muchos detalles de su cautiverio.

Vista del puerto de Ibiza desde el Castillo

Recobrada la libertad, vuelve a Palma en 1811 y ahora ataca a los franceses y favorece a los británicos ya que con la evolución de la guerra se habían invertido las alianzas y cambiado los papeles. En los años siguientes encontramos a Riquer en diversas operaciones corsarias en las costas mediterráneas, que casi siempre se resuelven a su favor. Su vida corsaria se prolongó hasta pasados los 60 años habiendo acumulado un historial con más de cien apresamientos de barcos a favor de la Real Hacienda española.

Su retiro definitivo fue en 1840 instalándose en su Ibiza natal, en el mismo barrio de la Marina y en la misma casa que le vio nacer. A pesar de que pudo disponer de cierta fortuna en sus tiempos de corso, sus últimos años fueron de ciertas estrecheces económicas pero los vivió con dignidad y con el orgullo del deber cumplido. La muerte le llegó a D. Antonio de Riquer, el día 3 de julio de 1846, a los 73 años de edad, habiendo alcanzado el grado de Teniente de Fragata de la Real Armada de España, pero sobre todo habiendo entrado por méritos propios, en la leyenda de los corsarios españoles.

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