Google+ Aislado en este planeta: Una estafa descomunal

lunes, 8 de diciembre de 2014

Una estafa descomunal

Está claro que todo estafador necesita víctimas incautas e ignorantes. Esta historia es una constante en cualquier época, ya que la ingenuidad y la codicia acaban llevando a mucha gente a timos y engaños, tal como sigue ocurriendo en nuestros días.

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Una vez terminadas las guerras napoleónicas de principios del siglo XIX y después de que el emperador francés fuera confinado en su prisión de Santa Elena, la economía del imperio británico despegó con fuerza al igual que el control geopolítico de sus colonias. La deuda pública británica era de gran solvencia pero un tanto aburrida, con intereses relativamente bajos. En este escenario comenzaron a tener éxito las inversiones inglesas en los países emergentes de la época como Rusia, Prusia y Dinamarca que ofrecían mejores réditos, pero el verdadero atractivo lo tenían las inversiones en América Latina. El colapso del imperio español significaba que había de repente una lista de nuevos países para invertir con la promesa de rentabilidades bastante superiores.

Es en ese ambiente de euforia donde aparece un personaje llamado Gregor McGregor que organizó la mayor estafa del siglo vendiendo bonos y propiedades imaginarios, de un mítico país llamado Poyais, que se situaba en la América Central.

McGregor con uniforme militar
McGregor procedía de la Royal Navy donde se enroló en 1803 y había llegado al grado de coronel luchando en la Guerra de Independencia de Venezuela, a las órdenes de Simón Bolívar. Tras varios años de viajes y escaramuzas militares en Centroamérica, en 1820 regresó a Londres y se inventó la argucia de que había sido nombrado Cacique del Principado de Poyais, un país imaginario que lo situó en la bahía de Honduras y que le había sido supuestamente otorgado a él, por el jefe nativo de la Costa de los Mosquitos. El país se extendía por 12.500 kilómetros cuadrados de tierras sin explotar, ricas en todo tipo de recursos donde solo faltaban colonos para desarrollarlas. 

Suele ser bastante difícil convencer a los inversores para que coloquen su dinero en una empresa que se inicia, pero se necesita verdadera habilidad para persuadirles de invertir en un país que no existe. ¿Cómo lo hizo el ingenioso McGregor?

Para promover su causa, echó mano de influencias y amistades, pues estaba casado con la hija de un almirante inglés y tenía cierta fama y buena posición. Publicó en Londres un libro que trataba de la Costa de los Mosquitos, donde se ubicaba el territorio de Poyais, supuestamente escrito por el capitán Thomas Strangeways. El libro narraba como colonos ingleses habían fundado la capital de San José, en la década de 1730, y que el país tenía minas de oro y plata sin explotar, un suelo fértil, y otros amplios recursos para beneficio de los emprendedores que se instalasen allí. Además el país disponía de una administración pública, un banco, un ejército, un gobierno democrático, y nativos con ganas de trabajar para sus amos británicos. El libro es real y se puede descargar de forma gratuita desde Google Books, para comprobar la relación de maravillas de este país que nunca existió, salvo en la imaginación de Gregor McGregor.

Además del interés despertado por la lectura de aquel panfleto, la gente se encontró que en los círculos económicas de Londres alternaba con soltura el Principe de Poyais, rodeado de los ricos y famosos de la capital, haciendo ofertas públicas de bonos del imaginario país.

McGregor creó una supuesta Legación de Poyais en Londres con oficinas en Glasgow, Stirling y Edimburgo para vender tierras a sus compatriotas escoceses, e incluso emitió su propia moneda que los colonos podrían utilizar una vez que llegaran al supuesto el DoradoEn octubre de 1822, ofreció para la gente acaudalada, 2.000 bonos de 100 libras cada uno que le reportaron una recaudación de 200.000 libras. Para los inversores modestos, ofreció terrenos a la venta a razón de 4 chelines por acre que equivalían a un día de salario, por lo que parecía ser una inversión muy atractiva.

Mapa de la región de Poyais

Logró embaucar a gentes de toda clase y condición que le confiaron sus ahorros, unos pensando en una rentabilidad y otros dispuestos a emprender una vida en aquella tierra de promisión. De este modo en un año, Gregor McGregor era un hombre muy rico en términos actuales.

Después de este éxito y por sorprendente que pueda parecer, la Legación de Poyais fletó dos barcos para llevar a los colonos a sus nuevas posesiones. ¿Pero por qué correr este riesgo, sabiendo que a su llegada los colonos descubrirían la verdad sobre Poyais?. Quizás ocurrió que un hombre de la imaginación de McGregor había empezado a creerse su propio fraude. Así que, en septiembre de 1822, el paquebote Honduras salió de Londres con 70 colonos, incluyendo además médicos, abogados y un banquero. Igualmente, en enero de 1823, el Castillo de Kennersley zarpó de Puerto Leith en Escocia con casi 200 colonos.

Cuando llegaron a Poyais los ilusos inversores, muchos de los cuales habían arriesgado los ahorros de su vida, se encontraron una selva inhabitable con enfermedades tropicales donde no había rastro de la plata y el oro prometidos. Intentaron sobrevivir en aquel infierno pero en pocas semanas, de los 240 colonos originales que llegaron, sólo 60 seguían con vida. Un barco oficial de la colonia de Honduras Británica, encontró a aquellos desgraciados en abril de 1823 y cincuenta de ellos navegaron de regreso a Londres, a donde llegaron el 12 de octubre de 1823. Al día siguiente, la historia de los inversores engañados, llegó a los periódicos de Londres.

Sorprendentemente, algunos de los colonos defendieron a Gregor McGregor, creyendo que el propio cacique había sido engañado. Aprovechando las influencias que le quedaban, aún continuó vendiendo tierras y acciones durante varios meses. No obstante, el ambiente se tornó hostil para el embaucador y prudentemente desapareció huyendo a Francia. Pero no se retiró para disfrutar de sus rentas sino que al otro lado del Canal, McGregor continuó su fraude. Primero escribió una constitución para la República de Poyais, para dar empaque a su farsa y continuó con la venta de tierras a nuevos colonos franceses. También emitió otros bonos y acciones de empresas inexistentes. Cuando los colonos reclamaron su derecho a viajar al país de las maravillas, el gobierno francés comenzó a investigar a McGregor, que fue detenido en diciembre de 1825 y pasó dos meses en prisión preventiva. Al año siguiente, hubo varios recursos en su contra pero logró salir absuelto de modo que pudo regresar a Londres, recuperando cierta imagen de honradez.

Billete de un dolar del Banco de Poyais

En los años siguientes y sin perder la compostura, continuó con su actividad ostentando su título de cacique de la República de Poyais. Abrió una oficina cerca del Banco de Inglaterra para continuar con la emisión de nuevos bonos de su república, que vendió a través de corredores de bolsa, pero con poco éxito. En 1828 seguía con la venta de tierras a razón de 5 chelines por acre y en los años siguientes redactó una nueva constitución y se autoproclamó "Presidente de la República Poyaisiana".

En 1839, ya escaso de fondos, Gregor McGregor abandonó su fraudulenta actividad sin ser molestado por las autoridades y se trasladó a Venezuela, donde solicitó y recibió la pensión que le correspondía como general que había luchado en la Guerra de Independencia de Venezuela. Después se dedicó a la cría del gusano de seda hasta su muerte, ocurrida en Caracas el 4 de diciembre 1845.

Como la historia siempre se repite y aunque ahora parece que tenemos más información, no estamos inmunizados contra estas felonías. Al contrario, ocurre que la cosecha de pícaros es mas abundante que nunca.



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