Google+ Aislado en este planeta: Generación transparente

lunes, 12 de enero de 2015

Generación transparente


La red lo sabe todo sobre ti

Los gigantes controlan nuestros datos
Somos la generación transparente. Redes sociales y servicios en la nube saben mucho más de nosotros de lo que nos imaginamos. Gustos, aficiones y lugares frecuentados dan un perfil exacto y muy codiciado por los anunciantes. No hace falta ser un "friki" de la tecnología para caer en sus garras. Un simple usuario de correo, WhatsApp y el buscador de internet ya proporciona suficiente información para estar cautivo en la red.

Existimos en varios servidores como una enorme colección de datos. Son pequeños apuntes recolectados a lo largo del día a partir de acciones que a simple vista parecen inocentes. Esa foto que compartimos en Instagram, esa búsqueda en la web, ese móvil que nos geoposiciona, esa app que mide el ejercicio que realizamos, ese mensaje a los amigos, esa comida a domicilio que pedimos desde el navegador, una reserva hotelera, son puntos sueltos que unidos con la línea adecuada trazan un perfil exacto de nuestras vidas.

Es una batalla que hemos ido perdiendo poco a poco, encandilados por la promesa de estar al tanto de lo que hacen nuestros amigos, de presumir de la última compra o de ahorrar tiempo y esfuerzo a la hora de conseguir unas entradas de cine o unos billetes de avión. Según un reciente estudio realizado en Estados Unidos, el 90% de los adultos cree que los consumidores han perdido el control sobre cómo las empresas privadas recopilan información de sus clientes. El 60% no confía en la afirmación que hacen las redes sociales, buscadores o tiendas online, de que esos datos se usan solamente para ofrecer mejores servicios y la mayoría está convencida de que existe un importante tráfico de datos privados, sin autorización.

Las contraseñas deben ser secretas
Lo cierto es que gigantes como Google, Facebook o Twitter han conseguido amasar con el paso del tiempo perfiles personalizados muy lucrativos que venden al por mayor. Cuanto más los usamos, más conocen sobre nosotros. Saben lo que nos gusta, qué buscamos y dónde estamos y esa información resulta increíblemente apetecible en el mercado de la publicidad.

En vez de lanzar un mensaje al aire basándose en estimaciones de audiencia, los anunciantes ahora pueden segmentar sus comunicaciones con un nivel de detalle impensable hace sólo una década. Si quiero que mi anuncio llegue sólo a jóvenes solteros del barrio de Salamanca en Madrid, ahora puedo hacerlo. Si prefiero mujeres de más de 60 años con nietos en Bilbao, también. Mi restaurante puede mostrar publicidad en los navegadores de aquellos que están en los códigos postales cercanos o mi tienda de ropa mostrar las últimas novedades junto a los resultados de búsqueda en aquellos hogares que generan altos ingresos.

Por ello las redes sociales tienen un alto valor. Para Facebook, esto se traduce en que cada usuario de la red social vale cerca de 1,60 euros por trimestre. Twitter puede llegar a "exprimir" cientos de euros al año en valor de sus perfiles más activos. No son cantidades sorprendentes, pero al multiplicar por los cientos de millones de usuarios de estos servicios, las cuentas salen redondas.

Una afirmación que no es creíble
Estos datos, por lo general, son anónimos y las compañías son escrupulosas con la privacidad que configuran los usuarios en su registro, pero de poco sirven estas capas de protección. Cruzando diferentes datos es relativamente sencillo obtener un perfil único y realista de cualquier usuario. Lo que no contamos en un sitio, lo contamos en otro. Tal vez no digamos a la red social dónde estamos cenando pero esa foto que subimos del plato principal tomada con el móvil tiene las coordenadas GPS y deja poco lugar a dudas.

Entre el público, sobre todo, hay indiferencia o resignación. La ley europea protege, en teoría, a los usuarios de las redes sociales y servicios de Internet y los ciudadanos tienen la facultad de controlar sus datos personales y la capacidad para disponer y decidir sobre los mismos. Pero como suele ser habitual, los servicios en Internet avanzan mucho más rápido que la legislación. Se vigila a grandes empresas como Facebook o Google pero otros servicios menores y recientes que de repente ganan popularidad, vuelan por debajo del radar de vigilancia o almacenan los datos en paraísos cibernéticos en el extranjero, donde el control resulta más difícil. Las aplicaciones móviles suponen un problema añadido y muchas de las apps gratuitas lo son porque el negocio les llega por toda la información que son capaces de recolectar en segundo plano.

La forma más segura de no estar seguro
Los usuarios jóvenes tienden a ser más permisivos con el uso de sus datos personales en la red y aceptan que compartir algunos de sus datos puede generar algunas ventajas. Habrá que preguntarse qué entienden las nuevas generaciones por privacidad y qué consideran aceptable en el uso habitual de la red pero esa relajación da ventaja a los poderosos de la red que paso a paso van configurando una información sobre cada uno de nosotros que dejará pequeño al mítico "Gran Hermano" de Orwell.

La Agencia Española de Protección de Datos tiene en su página web varios artículos y numerosas guías que enseñan a elevar el nivel de protección en los servicios más comunes y los navegadores más utilizados. La agencia hace importantes recomendaciones a todos los usuarios y aconseja también a las empresas que adquieran un papel proactivo que evite futuras sanciones. Las autoridades están involucradas pero la materia es farragosa y es muy pesado navegar en un material tan denso. Todo está escrito y legislado y ahora toca a los ciudadanos asumir alguna responsabilidad y no limitarnos a la queja fácil sobre nuestra indefensión.


Extractado de un artículo de Expansión

No hay comentarios:

Publicar un comentario