Google+ Aislado en este planeta: Solar Impulse

martes, 24 de marzo de 2015

Solar Impulse

El intento de dar la vuelta al mundo volando y sin utilizar ningún combustible es una grata noticia que en estos días ha saltado a la prensa y la televisión. Se trata del proyecto Solar Impulse promovido por los suizos Bertrand Piccard y André Borschberg que son los padres de la idea y los pilotos del avión.

La travesía comenzó en la madrugada del 9 de marzo con el despegue del Solar Impulse 2 desde Abu Dabi, en los Emiratos Árabes. La aventura que se inicia tratará de rodear el planeta en doce etapas, con un recorrido de unos 35.000 kilómetros que supondrán unos cinco meses de navegación. 




El avión SI2 es el resultado de 10 años de investigación y pruebas hasta llegar al modelo actual que se parece a la grácil silueta de una libélula, que tiene la envergadura de un Airbus, el peso de un coche y los motores de un ciclomotor. Está hecho de fibra de carbono y pesa unos 2.300 kilos.

El Solar Impulse funciona exclusivamente con la energía del sol que le proporcionan los 17.000 paneles que cubren sus enormes alas. Está diseñado para volar continuamente ya que por el día almacena la energía para utilizarla por la noche de modo que no necesita paradas frecuentes. No ocurre lo mismo con el piloto que si tiene necesidades más prosaicas y por ello en cada escala habrá un relevo ya que la cabina solo dispone de un asiento y poco espacio para almacenar víveres, oxígeno, paracaídas e instrumental además de un mínimo saneamiento.

La velocidad que desarrolla el avión es de 80 km por hora de promedio, por lo que algunas etapas, sobre todo las que sobrevuelan los océanos, pueden ser tremendamente largas, de hasta cinco días, en los que el piloto tendrá que extremar su resistencia.

La ruta del vuelo iniciado en Abu Dabi, es hacia el este, de modo que sobrevolará el continente asiático, el océano Pacífico con escala en Hawaii y después los Estados Unidos para continuar sobre el Atlántico hasta el norte de África y la península Arábica y regresar al punto de partida.

La hazaña, más allá del reto de resistencia para los pilotos, está en el hecho de que el avión no consume ningún combustible y esto es un logro sin precedentes que permite vislumbrar un futuro de energías no contaminantes aprovechadas y dominadas mediante la tecnología.


Cuando en 1903 los hermanos Wright lograron que su avión volara una distancia de 200 metros, la humanidad estaba cruzando el umbral de una época que se parece a la actual. El desarrollo de la aviación fue fascinante y 24 años más tarde, Lindbergh cruzaba el Océano Atlántico, sin escalas y en solitario. Solo 30 años después, las aerolíneas ya transportaban 200 pasajeros en un solo vuelo de ocho horas y en la actualidad existen aviones para 500 pasajeros que vuelan 16.000 kms sin escalas.

¿Y cuál será el próximo sueño? Un avión que vuela sin combustible logra algo que, hace poco, parecía imposible, así que el éxito de esta misión disparará la imaginación y animará a mucha gente a invertir en una solución tan fantástica como está pero que en sus etapas previas ya ha demostrado que es factible. El proyecto tendrá futuro porque cuenta con la determinación y la experiencia de sus impulsores y porque en el mundo hay más capital que buenas ideas, así que la financiación está asegurada por empresas y fundaciones con espíritu innovador, conciencia ecológica y visión de negocio como son las marcas patrocinadoras de esta aventura. Suficientes atractivos para aprovechar una ocasión histórica.

Hay un magnífico seguimiento gráfico de esta aventura en su sitio web:
http://www.solarimpulse.com/index.php?lang=es

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