Google+ Aislado en este planeta: Parada manchega

sábado, 2 de mayo de 2015

Parada manchega

Camino de Andalucía me he detenido en tierras de Castilla-La Mancha con la intención de vagabundear por estos parajes, como bien hizo el ingenioso hidalgo a través de la pluma de Cervantes. Es verdad que no voy con intención de desfacer entuertos ni salvar el honor de dama alguna, pero no me echo atrás si me encuentro en algún figón, una descomunal pieza de cordero, algún queso en aceite o media azumbre de vino.

has de saber, amigo Sancho...
Cervantes no quiso desvelar donde estaba situado "aquel lugar de la Mancha de cuyo nombre…" de donde partió Don Quijote en busca de aventuras. Pronto se encontró con ventas que se imaginó castillos, rebaños que confundió con ejércitos y cuadrillas de penitentes que él supuso que eran secuestradores de distinguidas señoras...

"Autores ay que dizen que la primera aventura que le avino fue la del puerto Lapice, otros dizen que la de los molinos de viento; pero lo que yo he podido averiguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los Anales de la Mancha, es que el anduvo todo aquel dia, y al anochecer, su rozin y él se hallaron cansados y muertos de hambre, y que, mirando a todas partes por ver si descubriria algun castillo o alguna majada de pastores donde recogerse, y adonde pudiesse remediar su mucha hambre y necessidad, vio, no lexos del camino por donde iva, una venta..."
(Don Quijote, capítulo II) 


Don Quijote, que de aquella venta salió nombrado caballero, quebró su lanza en batallas inútiles, frente a quimeras y gigantes que sólo él se imaginó, en campos que hoy nos parecen familiares cuando recorremos las tierras de La Mancha y descubrimos estériles cerros coronados por molinos de viento o plácidas zonas de media montaña cubiertas de encinas, en cuyo entorno pastan los ganados. Donde también hallamos personajes que bien pudieran ser la reencarnación del mismísimo Sancho Panza y donde las Dulcineas permanecen donde siempre estuvieron, es decir, en los sueños.

Molinos en Campo de Criptana

Esta es una tierra ancha e inabarcable que a Don Quijote ocupó infinidad de semanas y de leguas, persiguiendo fantasías, y que el viajero actual puede transitar fácilmente por una ruta turística diseñada hace diez años por el Gobierno de Castilla-La Mancha, que discurre por todos los pueblos y caminos que recorrió el ingenioso hidalgo en su cruzada de ensoñaciones y fantasías. La "Ruta de Don Quijote" consta de diez itinerarios y hasta 2.500 kilómetros de caminos documentados, se trata del periplo turístico más largo de Europa por el luminoso, ancho y profundo paisaje manchego que abierto como un libro de caballerías, introduce al viajero en las aventuras, delirios y quimeras quijotescas.

Aunque con trayectos más cortos y estancias más breves también se puede captar alguna pizca de la esencia de esta región. Este año, se celebra el IV Centenario de la publicación de la segunda parte de Don Quijote, así que esa puede ser la excusa para releer esta singular novela o para recorrer La Mancha que viene a ser como una lectura en vivo de la obra mayor de la literatura española.

La mayor población de esta región es Ciudad Real, la capital de la antigua provincia de La Mancha, fundada por Alfonso X el Sabio, que nació como refugio de los supervivientes de la Batalla de Alarcos donde los castellanos fueron derrotados por los almohades.

Plaza Mayor de Ciudad Real

Sucedió aquel episodio como consecuencia de un desafío del rey castellano Alfonso VIII al califa almohade Abu Yusuf en 1194, al que retó de modo altanero e imprudente a batirse en feroz batalla en el lugar que el moro quisiera, tanto en la península como en el norte de África. A Yusuf le bastó con leer a sus tribus el desafío del rey Alfonso para encontrar una respuesta clamorosa que le llevo a desembarcar en Algeciras con numerosas tropas que se sumaron a las guarniciones de Sevilla y Córdoba, formando un temible ejército de 300.000 musulmanes. Debía el monarca castellano haber rehuido tan desproporcionada pelea, pero en aquellos tiempos la batalla era cuestión de valor y pasión a los que a menudo se unía la fe y así, el 19 de julio de 1195, presentó batalla en las cercanías del castillo de Alarcos, por entonces frontera de los territorios castellanos. La batalla fue sangrienta y la derrota mayúscula para los cristianos.

Como consecuencia, los almohades se adueñaron de las tierras del Campo de Calatrava y llegaron hasta las proximidades de Toledo, desestabilizando al Reino de Castilla durante años. Hubo que esperar hasta la Batalla de Las Navas de Tolosa en 1212, para que los reinos cristianos tomaran cumplida venganza y se iniciara la decadencia del Imperio almohade.

Muchos pueblos de La Mancha fueron fundados mediante campañas de repoblación de las "tierras de nadie", es decir, aquellas que durante siglos fueron escenario de los avances y retrocesos de la Reconquista cristiana, sin llegar a estar pobladas de forma estable. No es muy alto el censo de esta provincia pero si cuenta con poblaciones relevantes esparcidas por su llanura. Puertollano, Tomelloso, Alcázar de San Juan y Valdepeñas, además de la capital, superan los 30.000 habitantes y hay muchos otros municipios que aunque menores, contribuyen a hacer de esta provincia una de las que tienen su población más dispersa por el territorio.

Campo manchego en primavera

Así que una breve parada merecía la pena, pues por todas partes La Mancha es historia y literatura, además de gastronomía y teatro, arte y bodegas, molinos y quesos, caza y aceite. Interesantes argumentos para templar el cuerpo y elevar el pensamiento en un escenario que poco difiere, siglos después, de la descripción cervantina de esas tierras y de sus gentes.

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