Google+ Aislado en este planeta: Nos quedamos sin dinero

martes, 23 de junio de 2015

Nos quedamos sin dinero

En estos días he leído la noticia que el banco central de Dinamarca ha decidido poner fin a la impresión de billetes y a la acuñación de monedas a finales de 2016. Como este no es el único país con planes al respecto, nos encontramos ante los primeros síntomas de algo que, aunque no sea de forma inminente, se está aproximando: el final del dinero en metálico como medio de pago.

Así que nos quedaremos sin dinero porque, aunque el volumen monetario en efectivo sigue siendo elevado, en países avanzados como Dinamarca, Bélgica, Irlanda o Austria la demanda de billetes y monedas ha ido disminuyendo desde hace algunos años, y en ningún lugar se espera una tendencia inversa.

Es patente en la mayor parte del mundo, que las tarjetas de crédito y banca digital se están adueñando de las economías modernas. A estos se añaden otros novedosos medios de pago como las tarjetas sin contacto y las aplicaciones de teléfonos móviles que, poco a poco, van dejando sin espacio al dinero en efectivo.

Obligar a todo el mundo a pagar solamente por medios electrónicos desde una cuenta abierta en un banco administrado por el gobierno, facilitaría a las autoridades el control de la economía porque en una sociedad sin efectivo y con todo el dinero fluyendo entre cuentas bancarias monitoreadas, las autoridades económicas serían capaces de animar a la gente a gastar más cuando la economía se desacelera, o reducir el gasto cuando se está sobrecalentando, aplicando para ello intereses positivos o negativos a fin de regular la "velocidad del dinero".

Además, tendría muchas otras ventajas. El dinero en efectivo es caro, no solo por el riesgo de que te roben al salir de un cajero automático, perder tus ahorros en un incendio, una inundación o por un desfalco de tu socio o tu pareja, es también caro por lo que se gasta en tiempo, comisiones y costes de oportunidad y sobre todo por la propia emisión y retirada de billetes y monedas que supone cifras elevadas.

Un sistema electrónico es mucho más barato porque además de estos ahorros, la falsificación se vuelve imposible, sobran los furgones blindados, desaparecen los atracos y se quedan en paro los carteristas. También desaparece el dinero negro y deja de tener sentido ocultarlo por el clásico método de meterlo en el colchón. La evasión fiscal y la fuga de capitales se hacen imposibles y la delincuencia lo tendría muy difícil; ¿cómo pagar el tráfico de la droga o la inmigración ilegal sin maletines de dinero?

La lucha contra estos tipos de delito y otros, como el terrorismo y el tráfico de armas, están acelerando el proceso. Francia ya ha anunciado un endurecimiento del uso de billetes y a partir de septiembre limitará los pagos en efectivo a mil euros. Los bancos deberán informar a las autoridades de todas las transferencias al interior de la UE que superen los 10 mil euros. En Grecia, en medio de su delicada situación, todos los pagos mayores a 70 euros deberán realizarse con cheques o tarjetas para que quede un rastro. 

También la banca de Estados Unidos avanza en esa dirección. El banco JPMorgan ya anunció que desde mediados de año cobrará el 1% de comisión sobre los depósitos que excedan los fondos requeridos para las operaciones habituales de sus clientes, lo que equivale a una tasa de interés negativa. Es decir, los usuarios deberán pagar por el privilegio de depositar dinero en efectivo, porque para la banca, mantener estas cuentas ya no es un buen negocio.

La dificultad para que el sistema sea universal estriba en que su implantación debería ser mundial, pero esto no impide que se comience por los grandes bloques de las economías avanzadas. Las sociedades poco desarrolladas se irían incorporando bastante pronto porque el propio sistema de cajeros y medios de pago sería un factor integrador y a fin de cuentas, la tecnología es ya bastante asequible y está muy extendida.


Un protagonista indiscutible en este proceso será el teléfono móvil. Es un instrumento perfecto para pagar ya que funciona como tarjeta de crédito y como monedero electrónico y puede funcionar con líneas de baja velocidad e incluso sin conexión y es el aparato tecnológico más extendido del mundo incluyendo los países subdesarrollados.

Pensándolo bien, ¿Cuánto dinero en metálico usamos? Y si nos lo quitan y podemos pagar con una tarjeta, con el móvil e incluso con el DNI, ¿en que nos afecta?. Así que me voy a alegrar de que los deseados billetes hayan entrado en vías de extinción.

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