Google+ Aislado en este planeta: Viruela

lunes, 15 de junio de 2015

Viruela

A principios del siglo XIX, durante el reinado de Carlos IV, tuvo lugar una expedición de carácter filantrópico y sanitario que debería figurar entre las grandes gestas navales del Imperio español y sin embargo ha sido poco reconocida y bastante olvidada. Aquel viaje dio la vuelta al mundo y duró desde 1803 hasta 1806 aunque sus miembros prolongaron su estancia en el continente americano, varios años más. Su objetivo era vacunar a miles de súbditos de la Corona española de las Américas y el Pacífico contra la viruela. El rey Carlos IV de España apoyó en esta idea a su médico personal, el doctor Balmis, ya que la hija del monarca, María Luisa, había sufrido la enfermedad.


La expedición Balmis partió de A Coruña el 30 de noviembre de 1803 a bordo del María Pita, estando compuesta por los médicos Balmis y Salvany, dos prácticos y tres enfermeras, llevando además a 22 niños de ocho a diez años, procedentes de un orfanato, que actuaron como portadores de la enfermedad. Los niños habían sido inoculados con una variante leve de la mortífera viruela, de modo que sobrevivían a la enfermedad pero en ese intervalo servían como transmisores a otros niños creando de este modo una cadena humana capaz de mantener activo el virus, es decir, la vacuna.

Desde la llegada de los españoles al Nuevo Mundo, la propagación de la viruela se hizo inevitable. La enfermedad probablemente había apareció 10.000 años antes de Cristo, en el noreste de África, y la primera epidemia que registra la historia pudo ocurrir en 1350 aC durante la guerra entre hititas y egipcios. La viruela durante siglos, mató a personas de todas las edades y de todas las clases sociales.

Edward Jenner, descubridor de la vacuna

A finales del siglo XVIII, la viruela fue una enfermedad devastadora en Europa y se calcula que 400.000 personas morían del virus cada año y un tercio de los sobrevivientes quedaban ciegos. Tampoco la monarquía se libraba de la peste y en ese mismo siglo, cuatro monarcas reinantes en Europa fallecieron de viruela y la línea de sucesión al trono de los Habsburgo cambió cuatro veces a causa de la muerte de los herederos.

Los antecedentes de la vacuna se basan en diversas observaciones a lo largo de siglos en diversos lugares donde se constataba que algunas personas inoculadas con agujas impregnadas en pus de viruela de las vacas, vencían la enfermedad y quedaban inmunizadas de por vida, lo mismo que ocurre con las propias vacas, que nunca contraen la enfermedad.

Se considera a Edward Jenner el padre de la vacuna moderna. Este investigador y médico inglés, inició en 1796 un ensayo con muestras de pústula de la mano de una granjera infectada por el virus de la viruela bovina y lo inoculó a un niño de 8 años. Tras un período de 7 días el muchacho presentó malestar. Pocos días después, Jenner volvió a realizar varios pinchazos superficiales de la temida viruela, que el muchacho no llegó a desarrollar.

Dos años más tarde, Jenner publicó sus trabajos acuñando el término latino variolae vaccine (viruela de la vaca). A través de su divulgación se abrieron las puertas de la vacunación a los médicos de todo el mundo. Por ello, Jenner es considerado una figura de enorme relevancia en la Historia de la Medicina, aunque sus métodos de experimentación serían inaceptables hoy en día por ser contrarios a los principios de la ética médica, al utilizar cobayas humanas en sus experimentos.

La misión de Balmis tenía como finalidad vacunar en las colonias españolas de forma masiva y gratuita, enseñar a los médicos locales la forma de preparar la vacuna y organizar juntas municipales de sanidad a través de las autoridades coloniales, para registrar las vacunas administradas, estudiar sus efectos y mantener suero en vivo para vacunaciones futuras.

La viruela había causado estragos en las Indias desde que en 1518, tras la llegada de los conquistadores españoles a la isla de La Española, un brote de viruela, hasta entonces desconocida en el Nuevo Mundo, diezmó a la población. A partir de ahí la enfermedad se trasladó rápidamente a través del Continente, exterminando a la mayoría de los aztecas y los incas. En un siglo, la población de México se redujo de 25 millones hasta solamente 2 millones de habitantes.

La expedición de Balmis para vacunar a la población por toda Sudamérica era una empresa de salud pública de proporciones asombrosas. El primer destino del barco fue Puerto Rico a donde llegó en febrero de 1804 con su carga de suero-vacuna conservada entre placas de vidrio selladas. También estaban a bordo los niños del orfanato en La Coruña que portaban la vacuna a través de inoculaciones brazo a brazo realizadas secuencialmente durante el viaje de la nave, que también llevaba miles de copias de un tratado que describía cómo vacunar y cómo preservar el suero.

En esta isla caribeña, el Dr. Balmis encontró que las autoridades locales ya habían obtenido la vacuna de la colonia danesa de Santo Tomás y la estaban distribuyendo a la población, así que una vez establecida la junta central de vacunación, organizaron la marcha hacia el continente.

En Venezuela la expedición se dividido en dos grupos. El Dr. Balmis encabezó la expedición a México, América Central y las Filipinas, y el Dr. Salvany llevó la otra a los países de América del Sur, recorriendo sucesivamente, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Bolivia, llevando la vacuna y administrándola a los pueblos y ciudades a lo largo de su camino. El territorio no sólo era vasto, sino también brutalmente duro, con montañas escarpadas, selvas densas y ríos inexplorados. La expedición viajó en barcas primitivas y en mulas cuando el terreno era demasiado accidentado para los caballos.

Tratado de vacunación de 1808

Fueron siete durísimos años y las fatigas del viaje trajeron la muerte en Cochabamba del doctor Salvany. Con anterioridad, Balmis había partido hacia Caracas y más tarde a La Habana y a México donde preparó la expedición para atravesar el Pacífico, llevando a 25 huérfanos para mantener la infección, y así llegaron a Filipinas, donde recibieron ayuda de la iglesia católica. También viajaron a China visitando los puertos de Macao y Cantón corriendo el riesgo de ser secuestrados por los piratas de aquellos mares. En su navegación de regreso, Balmis hizo escala en la isla de Santa Elena, donde convenció al gobernador británico para vacunar a la población. Su periplo finalizó con la llegada a Lisboa en agosto de 1806.

A partir de aquella expedición y del éxito de la vacuna, todos los países extendieron su utilización. Ochenta años después de la expedición Balmis, Louis Pasteur demostró que se podía vacunar utilizando el mismo microorganismo que causa la enfermedad, tras reducir su virulencia con diferentes métodos, de modo que la vacunación se generalizó en la lucha contra numerosas enfermedades. En cuanto a la viruela, en 1980 la Organización Mundial de la Salud hizo público un anuncio declarando que había sido erradicada en todo el mundo.

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