Google+ Aislado en este planeta: Muerte al vasco

jueves, 13 de agosto de 2015

Muerte al vasco

Parece un título amenazador o xenófobo, o bien es una broma. Pero no, lo cierto es que en Islandia, hasta el pasado 22 de abril, estaba en vigor una ley por la que estaba permitido matar a ciudadanos oriundos de Euskadi, si ponían un pie en la zona oeste del territorio de la isla.

Los islandeses son gente pacífica y muy civilizada y por eso últimamente no mataban vascos (tampoco a otros ciudadanos) ni aunque un otxote desafinado se plantara bajo su ventana a las tres de la madrugada o un concierto de txalaparta durase cuatro horas, así que la ley estaba en completo desuso pero no estaba derogada. Se trata de una ley que entró en vigor en el año 1615, cuando el comisario de la zona oeste del país, un tal Magnusson, ordenó ejecutar a 32 marineros vascos que se dedicaban a la caza de ballenas y que habían naufragado en la costa islandesa.

Reikiavik, la capital de Islandia en verano


Este hecho se conoce en la historia de Islandia como "la matanza de los españoles". Según cuentan los textos históricos la presencia de marineros vascos en Islandia era habitual en aquellas épocas y los intercambios comerciales eran frecuentes. Aquel año, un grupo de balleneros vascos, que habían viajado a Islandia a la pesca de cetáceos, se vio obligado a pasar allí el invierno cuando un vendaval destrozó sus buques. La hostilidad hacia los extranjeros, que parecían una amenaza para sus recursos durante tan largo período, causó numerosos conflictos con la población local de la región de Vestfiroir, y terminó con el asesinato colectivo de todos los españoles que no lograron huir a tiempo. Un crimen amparado por las autoridades locales con una ley que provocó la muerte brutal de los marineros.

El siglo XVI vivió el auge de la industria ballenera en el Cantábrico. Los pescadores vascos, gallegos, asturianos y cántabros aprovechaban la estancia de las ballenas en el Mar Cantábrico durante sus migraciones, para desarrollar un lucrativo comercio. La principal fuente de ganancia estaba en la grasa del animal, que posteriormente se convertía en un aceite denominado saín. Este producto se empleaba en el alumbrado y ardía sin desprender humo ni olor.

Balleneros. Oleo del pintor holandés Abraham Storck

El negocio de la caza y comercio de ballenas se convirtió en el motor económico de muchos pueblos costeros de la región vasca, originando una fuerte rivalidad entre ellos. En la segunda mitad del siglo XVI, el negocio registró su etapa de mayor apogeo. La flota estuvo formada por una treintena de barcos, casi todos guipuzcoanos, tripulados por más de dos mil hombres, que capturaban unas cuatrocientas ballenas cada año.

En su afán por capturar a los cetáceos, no dudaron en buscarlos en aguas remotas y así pudo ser que llegaran hasta Terranova y Labrador y por tanto arribar a las costas americanas más de un siglo antes de que lo hiciera Cristóbal Colon.

Las relaciones de los vascos con Islandia habían sido por largo tiempo fluidas hasta el punto de llegar a desarrollar un dialecto simplificado conocido como el "pidgin vasco-islandés", útil para mantener una conversación muy básica. Así se recoge en un manuscrito de gran interés que data del siglo XVII y se conserva en el Instituto Árni Magnusson, en Reikiavik. Consta de dos glosarios, que recopilan un total de 745 palabras en ambos idiomas. En el manuscrito se pueden encontrar palabras de uso común, así como otras propias de la actividad pesquera. Aquel euskera medieval fue la primera lengua extranjera que se tradujo en Islandia.

Puerto pesquero islandés

Con motivo del 400 aniversario de la matanza, se celebró un acto de desagravio en Hólmavík, la capital regional, al que asistieron representantes de los dos países y en un guiño simbólico a la historia, el comisario islandés anunció que quedaba derogada la ley que permitía la matanza de vascos.

Ahora, por fin, las gentes de Euskadi pueden viajar tranquilamente a la "tierra de hielo" porque la ley les protege y ya no serán atacados. De hecho ya hace mucho que lo hacen y te puedes encontrar un vasco allí o en cualquier rincón del mundo siguiendo una tradición viajera, marinera y de aventura muy constatada en toda la historia de España.


*Esta historia ha sido rescatada por Julia Montejo en una novela titulada "Lo que tengo que contarte" publicada por Lumen.

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