Google+ Aislado en este planeta: San Petersburgo

lunes, 28 de septiembre de 2015

San Petersburgo

Entrando en esta ciudad desde el aeropuerto de Pulkovo, se percibe de inmediato la impresión de estar en una capital moderna. También que se trata de una ciudad grande, con avenidas muy amplias y que se encuentra situada en una inmensa llanura. Podemos quitar los edificios e imaginar el escenario que se encontró el zar de Rusia, Pedro I, en aquella inhóspita región de tierras pantanosas cruzadas por un rio enorme, el Neva, que a pocos kilómetros se entrega al mar Báltico.

Magnífica vista de San Petersburgo tomada con un dron por el fotógrafo Amos Chapple

Estamos en el noroeste de Rusia, con un clima frío, largos inviernos, y charcas insalubres en verano, en la desembocadura de un río indómito. Este fue el lugar elegido por el zar para construir la ciudad que sería capital del imperio ruso durante más de dos siglos y una auténtica "ventana a Europa" que impulsaría la modernización del país, además de dar a Rusia una vía marítima hacia el mar escandinavo.


El zar Pedro I el Grande
Pedro I era un ilustrado de su época y había tenido frecuentes contactos con occidentales, hablaba idiomas y había viajado a Francia, Inglaterra, el Sacro Imperio y Holanda, interesándose sobremanera por la construcción naval. Su obsesión era dar salida a Rusia al mar aunque la situación era complicada. Por el sur, el Mar Negro estaba controlado por los otomanos. En el Báltico eran los suecos los que imponían su dominio y en el Ártico eran los hielos casi permanentes los que impedían la navegación. 

Así que el zar se dispuso a cambiar la situación y en 1696, tras varios intentos, logró capturar la ciudad de Azov en el mar del mismo nombre, conectado con el mar Negro. Después volvió la vista al Báltico donde Rusia había mantenido un largo contencioso con Suecia por el dominio de aquellas tierras. En Octubre de 1702 las tropas de Pedro I tomaron la fortaleza de Noteburg junto al lago Ládoga, a unos 60 kilómetros del Báltico y siguiendo el curso del Neva, avanzaron hacia el mar. El 26 de Abril de 1703 tomaron a los suecos la fortaleza de Nienshants (en la desembocadura, junto al Golfo de Finlandia) consiguiendo un total dominio del río. La marina sueca, que ignoraba esta conquista rusa, cometió el error de mandar dos buques de guerra a la desembocadura del Neva los cuales, tras una cruel batalla dirigida por Pedro I en persona, fueron derrotados por los rusos el 7 de mayo de 1703, día considerado como el del nacimiento de la flota del Báltico.

Plano esquemático de la ciudad primitiva
Para asegurar aquella posición, el zar decide hacerse fuerte construyendo fortificaciones que pudiesen repeler futuros ataques por mar. Por eso, pocos días después de la victoria sobre los suecos, el 16 de mayo, sobre la Isla de las Liebres, se inicia la construcción de la fortaleza de Pedro y Pablo. La fecha se considera como la de la fundación de San Petersburgo, ya que de inmediato Pedro I decidió establecer aquí su nueva capital y para ello tenía que construirla. Trajo la madera de la región del Ládoga y de Nóvgorod. Las piedras para las edificaciones las obtuvo de varias maneras. Una de ellas fue ordenar que todo comerciante que por mar o por tierra introdujera cualquier producto en la región, debía aportar unas cuantas piedras a modo de impuesto. Además, prohibió hacer viviendas de piedra en todo el imperio, y así consiguió que los albañiles desempleados tuvieran que mudarse a la nueva ciudad si querían trabajar.

Fortaleza de Pedro y Pablo con el Neva helado

Aún se conserva en San Petersburgo la casita de madera desde la que Pedro I supervisa las obras personalmente y que avanzan a una velocidad vertiginosa mediante un decreto del zar que prometía golosos salarios y condiciones especiales para aquellos que viniesen a trabajar en la construcción de la nueva capital y así llegan de todos los confines de Rusia, miles de personas para trabajar como albañiles, carpinteros y otros oficios. Los bosques se talan, las canteras se multiplican y van tomando forma las futuras avenidas. Se drenan las riberas pantanosas mediante zanjas profundas que se convierten en canales y se construye el puerto. De Europa se hacen venir a los mejores pintores, escultores, sastres, profesores y arquitectos, sin reparar en gastos y como la cosa va en serio, los nobles rusos, los boyardos, que aspiran a situarse cerca de la corte, encargan la construcción de numerosos palacios.

Edificio del Almirantazgo. Al fondo, la catedral de San Isaac

Para el desarrollo de la ciudad, el emperador se inspiró en Venecia y prohibió los puentes permanentes sobre el río Neva para que se asemejara al Gran Canal, y también tomó modelo de Ámsterdam, promoviendo la construcción de canales en las calles. Todavía ahora permanece en vigor la norma que regula el alzado de los puentes cada madrugada para permitir el paso de grandes barcos, lo que constituye un espectáculo turístico nocturno muy arraigado.

Los puentes levadizos del Neva


Plaza del Palacio y Columna de Alejandro

No hubo proclamación formal de San Petersburgo como capital y se empezó a considerar como tal a partir del segundo matrimonio del zar; la boda con Catalina celebrada en 1712. A partir de entonces el crecimiento es imparable. La ciudad absorbe una enorme fuerza laboral de semiesclavos de todas partes del país, con cifras anuales de 40.000 siervos que se incorporan a las obras, aunque la mitad de ellos pudieron morir a causa del frío, de las durísimas condiciones laborales y de las enfermedades. El coste en vidas humanas es sobrecogedor pero el crecimiento es vertiginoso de modo que una década después en la ciudad pueden contarse más de 30.000 edificios.

Tras la muerte de Pedro I, la ciudad decae en su expansión pero en los reinados de las zarinas Ana Ivanovna (1730-40), Isabel Petrovna (1741-61) y sobre todo con Catalina II (1762-96) la ciudad comienza de nuevo a florecer. Destaca sobremanera la construcción de palacios tanto en la ciudad como en sus cercanías. Pueden señalarse en el inventario de San Petersburgo más de una veintena de grandes palacios entre los que destacan el Palacio de Invierno a orillas del Neva, el de Catalina en la cercana ciudad de Pushkin y el Palacio de Verano de Peterhof, a orillas del Báltico.

Palacio del Hermitage

Palacio de Peterhof

Palacio de Catalina

El estilo dominante en aquellas primeras construcciones es el Barroco petrino por el nombre de su promotor, que se aleja radicalmente de las influencias bizantinas dominantes en toda Rusia. La arquitectura de San Petersburgo, tiene influencia italiana y en menor medida, francesa. La ciudad está llena de monumentos barrocos y posteriormente, neoclásicos que constituyen su mayor atractivo turístico. Son ampliamente conocidos la Plaza del Palacio, con el Palacio de Invierno, la Columna de Alejandro y el edificio del Estado Mayor; la catedral de San Isaac y la catedral de Nuestra Señora de Kazán; el Almirantazgo y el cabo de la isla de Vasílievski. La normativa de construcción establecida por Pedro I, se mantiene en la actualidad, no permitiéndose levantar edificios modernos en su inmenso centro histórico, salvo en muy contadas excepciones, preservando así la condición de Patrimonio de la Humanidad otorgado por la UNESCO.

Catedral de San Isaac

En su corta vida esta ciudad ha vivido intensamente. La dinastía Romanov tuvo que sortear conspiraciones, influencias extranjeras, sobresaltos sucesorios e incluso asesinatos hasta terminar fusilada por la Revolución Bolchevique de 1917. Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, la ciudad cambió su nombre por "Petrogrado" y al triunfar la Revolución, la capital de Rusia fue trasladada a Moscú. Al fallecimiento de Lenin, en 1924, San Petersburgo cambió su nombre a "Leningrado". Durante la Segunda Guerra Mundial, la ciudad estuvo sitiada por las tropas nazis durante 29 meses, pero no se rindió. Con la disolución de la Unión Soviética y el colapso del comunismo, la ciudad recuperó su nombre de "San Petersburgo" y se ha convertido en un importante centro económico y político de la Rusia actual. Es la segunda ciudad de la Federación rusa, con más de 5 millones de habitantes y un importante polo industrial y tecnológico, con un puerto y una base naval de primer orden. Es también la ciudad turística por excelencia del norte de Europa pero sobre todo, es una ciudad imperial, sugerente y atractiva.

Vista aérea del centro histórico

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