Google+ Aislado en este planeta: 1815. El Congreso de Viena

martes, 6 de octubre de 2015

1815. El Congreso de Viena

Este verano que ya se aleja, he podido visitar dos escenarios europeos que fueron sede y representación del absolutismo más descarnado de las monarquías europeas. A la vista de tanto esplendor y riqueza como se percibe en la corte francesa de los borbones a orillas del Loira y en la corte imperial de los zares rusos en San Petersburgo, uno piensa con fundamento, que a tanto lujo y poderío, necesariamente se tenía que contraponer la pobreza generalizada del pueblo sumada a una falta de libertad absoluta.

Esplendor de la monarquía francesa en el castillo de Chambord

Cuando algunos ilustrados europeos del siglo XVIII, reflexionan sobre la situación y propagan sus ideas cuestionando la legitimidad del Antiguo Régimen, están poniendo el germen de una rebelión social de enormes proporciones, así que con la injusticia como causa principal, unida a otras circunstancias políticas y económicas, nos encontramos con la Revolución francesa de 1789, que dio vuelta a la tortilla asentando los principios de la libertad y la soberanía popular. Claro que esta rotura violenta con movimientos de masas e ideas tan heterogéneas no podía ser un camino de rosas y así Francia tuvo que vivir uno de los períodos más turbulentos de su historia.

Jean-Jacques Rousseau. Sus ideas tuvieron una
gran influencia en la Revolución francesa
Desde el punto de vista político, habían sido fundamentales las ideas de Rousseau, Diderot o Montesquieu que hablaban de igualdad, fraternidad, libertad y separación de poderes del Estado. Estas ideas fueron minando el prestigio de las instituciones dominantes y acabaron imponiéndose hasta alcanzar el estallido popular.

Así que llegó aquel 18 de Brumario, 9 de noviembre de 1799, cuando Napoleón que llegaba victorioso de su campaña en Egipto, decidió tomar cartas en el asunto y después de secuestrar a la Asamblea Nacional, se hizo con el poder sin despeinarse, se nombró primer cónsul y poco después emperador.

Napoleón debía ser de carácter eufórico y se lanzó a la conquista de Europa, comenzando por enfrentarse a los ingleses que eran el mayor rival de Francia. La diplomacia forjó distintas alianzas para enfrentarse al genio de la guerra que abrió frentes en todas partes; Nápoles, España, Centroeuropa y finalmente, Rusia. Tras una década de victorias y derrotas, llegó su Waterloo y fue finalmente derrotado y apresado por los ingleses.

Aquel año de 1815, mientras Napoleón era desterrado a la isla de Santa Elena, los monarcas absolutos del continente europeo se reunieron en Viena para acordar el regreso a la etapa anterior a la Revolución Francesa, eliminando las medidas sociales, políticas y económicas alcanzadas por los ideales revolucionarios del siglo XVIII, entre ellas las constituciones (como la de Cádiz) y el principio de la soberanía nacional, dando paso de nuevo al poder ilimitado de los reyes y a los privilegios de la nobleza y el clero. Es decir, la restauración del absolutismo.


Las guerras napoleónicas

Bonaparte en el Consejo de los Quinientos. Noviembre 1799. Autor: François Bouchot

En aquel Congreso de Viena se buscó también reconstruir el mapa de Europa volviendo a las fronteras anteriores a los desmanes napoleónicos y replantear las relaciones internacionales basadas en un sistema de seguridad conjunta y equilibrada que no permitiera más revoluciones ni intentos de cualquier país por lograr la hegemonía continental.

La consecuencia más importante fue un acuerdo que se conoció como la Santa Alianza, donde se decidió que cualquier estado podía intervenir militarmente en otro si se ponía en peligro la monarquía absoluta. Esta medida llego incluso a aplicarse en el caso de los 100 mil hijos de San Luis que intervinieron en España en apoyo de Fernando VII, acabando con el Trienio Liberal en 1823.

Las Cortes de Cádiz fueron disueltas por Fernando VII en 1814

Asistieron al Congreso quince miembros de las familias reales y un gran número de príncipes y diplomáticos pero las decisiones importantes fueron tomadas exclusivamente por Gran Bretaña, Austria, Rusia y Prusia. También Francia, pese a ser la parte perdedora en el aspecto bélico, logro sacar tajada gracias a su habilidad negociadora.

¿Y qué pasó con España, que había sido apaleada y vencedora heroica en aquellas guerras?. Pues que nuestra importancia en aquella Europa era casi nula y en consecuencia solo apareció en el tratado en la relación de pérdidas que aunque escasas, dejaron a España en extrema debilidad con relación a sus colonias americanas. El gobierno español no supo aprovechar la victoria sobre Francia para recuperar la Baja Navarra, ni la Cataluña del Rosellón y la Cerdaña, sometidas a Francia. Por el contrario, la mayor beneficiaria de aquellos pactos fue Gran Bretaña que mejoró sus dominios territoriales, reforzó su poderío marítimo y se consagró como la potencia hegemónica del siglo XIX.

Retrato oficial del Congreso de Viena

El Congreso de Viena tuvo una acogida bastante negativa entre la población pese a la importancia de los temas que en él se trataron. Las cacerías, bailes, conciertos y banquetes que hubo durante los siete meses que duraron las reuniones, le otorgaron una aureola de frivolidad. Fue en definitiva, el rito gozoso y la gran celebración de la monarquía y de la aristocracia europea del final de las guerras napoleónicas y la defunción de la Revolución francesa.

Y así, con estos pensamientos sobre aquellos hechos acaecidos hace justo 200 años, me abandonó el verano y me dejó sumido en dudas existenciales. A la vista de lo ocurrido posteriormente y del escenario actual del mundo, ¿hemos avanzado algo o es que la historia es una noria que siempre da las mismas vueltas?

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