Google+ Aislado en este planeta: Internet de las Cosas

domingo, 22 de noviembre de 2015

Internet de las Cosas

Primero hemos sido las personas las que a través de ordenadores y después de tablets, móviles y otros artilugios nos hemos conectado a Internet. Pero imaginemos el paso siguiente: los objetos de uso común también se conectan y de forma autónoma, proporcionan información de su funcionamiento, de su contenido, de su ubicación… de todo. Información infinita y accesible por otros dispositivos para ir cerrando el control de toda actividad que tenga interés para el ser humano.

Se denomina Internet de las Cosas (IoT), al concepto que define la red global de información y comunicación en donde todos los objetos que nos rodean, independientemente de su naturaleza, tamaño y función se encuentran identificados y conectados permanentemente a Internet, permitiendo la captura, almacenamiento y gestión de toda la información que emiten con la finalidad de automatizar actividades, mejorar procesos y aportar información útil para la toma de decisión frente a las situaciones que se presentan cotidianamente.


Pensemos por ejemplo, que si los libros, termostatos, paquetería, lámparas, puertas, frigoríficos, botiquines, ropa, automóviles, semáforos, etc. estuvieran conectados a Internet e identificados, no existirían cosas fuera de lugar, ni roturas de stock, ni caducados y obsoletos. Sabríamos exactamente su ubicación, cómo se consumen y cómo y dónde se compran así como su precio y disponibilidad. También sabríamos si un aparato está encendido y si funciona correctamente, desde cualquier lugar del globo.

En la actualidad ya hay muchos más objetos que personas conectados a Internet en todo el mundo y su número crece exponencialmente. El Internet de las cosas debería codificar de 50 a 100 mil millones de objetos y seguir el comportamiento de estos. Se calcula que cualquier ser humano está rodeado de unos 1.000 a 5.000 objetos. Según la consultora Gartner, en 2020 habrá en el mundo aproximadamente, 26 mil millones de dispositivos con un sistema de conexión al IoT. Con la próxima generación de direcciones de Internet, el protocolo IPv6, que ya está totalmente operativo, se podrían identificar todos esos objetos y muchísimos más y establecer comunicación con ellos.

Internet de las cosas es una tecnología que ha llegado para cambiarlo todo. A pesar de que las primeras ideas surgieron hace más de 15 años, es ahora cuando empieza a verse su potencial y cómo va a cambiar nuestras vidas. Dentro de solo cinco años, 250 millones de automóviles estarán conectados a Internet, con todas las posibilidades que implica para los servicios a bordo, el mantenimiento, la conducción automática y la gestión de calles y carreteras. Lo mismo puede decirse de los ferrocarriles y barcos para los que existen ya avanzados proyectos de pilotaje automático.

Imaginemos un mundo donde los frigoríficos nos informan cuando un alimento está a punto de caducar o que pueden lanzar un pedido de reposición al supermercado y proponernos una dieta equilibrada con los alimentos disponibles. Que las botellas o los medicamentos alerten del estado del producto que contienen o que contacten con el fabricante para consultar dudas. Que nuestra casa controle luces y aparatos y nos avise cuando algo falle y además llame al servicio técnico. Que la ropa y el mobiliario monitoricen nuestras constantes vitales y nos previenen de enfermedades o contacten con la asistencia sanitaria ante una emergencia. La lista de aplicaciones es interminable, tanto como pueda serlo la imaginación humana, porque se puede encontrar utilidad y aplicación en casi cualquier ámbito de la vida.

Sin embargo, no todo será tan fácil y hay una serie de retos que habrá que superar. Mucha gente se asustará del poder de los objetos inteligentes, tendrán que aparecer múltiples leyes que regulen el uso de la información que se recopila, la privacidad de los datos y la seguridad de los dispositivos. El hecho de que las máquinas actúen por su cuenta, abre un campo inmenso de dudas legales y responsabilidades sobre las decisiones automáticas y sus consecuencias. Y sobre todo, sobrevuela el fantasma del Gran Hermano llevado a la máxima expresión: el control total ¿en manos de quién?


Internet de las cosas es algo que está llegando con mucha fuerza, es la nueva revolución industrial con implicaciones que afectarán a todos los objetos del mundo real, puede ser la gran revolución tecnológica tras el Internet de los 90 porque supone un cambio que hay que gestionarlo. Hay que fabricar millones de objetos dotados de chips inteligentes y sobre todo hay que desarrollar el software que lo controle todo. 

El IoT va a crecer y crecer. En la actualidad menos del 0,1% de todos los dispositivos que pueden ser conectados a Internet, lo están, así que la tarea pendiente es descomunal y las oportunidades de negocio enormes. Esto abre inmensas posibilidades para los imaginativos, los emprendedores y los mejor preparados. Las grandes empresas de tecnología ya están en marcha ante este nuevo filón. Como muestra tenemos a Google que compró Nest Labs, un fabricante de termostatos inteligentes, pagando 3.200 millones de dólares. Pero ante la ingente tarea que se avecina, tendrán que ser las personas quienes pongan la imaginación y el conocimiento y es en este empeño donde podrán crearse millones de puestos de trabajo. Como en toda revolución industrial, los más avispados ganarán la partida y los que se duerman, una vez más, perderán el tren y posiblemente el empleo.

Y todo esto, que para algunos sonará a ciencia ficción, ya está ocurriendo en un mundo donde más del 80 por ciento de las personas, ni siquiera han oído hablar del término "Internet de las cosas".

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