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jueves, 5 de noviembre de 2015

Puentes medievales de Pamplona

La capital navarra tiene un entorno verde privilegiado que se disfruta y se comprende mejor si se recorre por caminos que se alejan del tráfico automovilístico. Así ocurre con una ruta encantada que se pasea a pie o en bicicleta, llamada Parque Fluvial del Arga y más familiarmente, para los usuarios habituales, Paseo del Arga.

Puente viejo de Burlada
Este paseo fluvial es un camino de once kilómetros de longitud dentro del municipio de la capital, que se adentra en la ciudad por las huertas de la Magdalena, cruza el barrio de la Rochapea a los pies del casco viejo y después se aleja por el barrio de San Jorge. En esta parte, el Arga coquetea con la ciudad tocando sus murallas y alejándose de repente para volver a acercarse y en esta danza va creando hermosos meandros de exuberante vegetación.

Este tramo urbano del paseo forma parte de una red de caminos más amplia abarcando otros municipios y otros ríos que en su conjunto forman el Sendero Fluvial de la Comarca de Pamplona. Este, en su conjunto, forma una especie de "Y griega" muy sinuosa, que por el norte tendría sus terminales en Irotz (río Arga) y en Sorauren (río Ultzama) para acabar en el extremo sur en Arazuri. Los dos ríos aúnan sus aguas en Villava en el mismo punto que los caminos se unifican. El ramal del Arga es coincidente con el Camino de Santiago que llega de Roncesvalles y Zubiri y por este trazado seguirá hasta Pamplona.

En todo el recorrido nos encontramos numerosos puentes que a cada trecho, van salvando los ríos. Hay puentes antiguos, de caminante y otros modernos a la medida del tráfico actual, pero los más históricos y por tanto interesantes, son los puentes medievales de Pamplona. Siguiendo el curso del río, nos encontraremos con cinco de ellos que desde antiguo, comunicaron la ciudad con los caminos del norte:

Puente de la Magdalena


Después de atravesar Burlada en la margen derecha del río, se llega al barrio de la Magdalena y al puente homónimo que atravesándolo se alcanza directamente el centro de la ciudad. Consta de tres grandes arcos ligeramente apuntados, que presentan el mismo estilo que el de Puente la Reina. Un crucero (posiblemente del s. XVI) situado junto al puente indica al peregrino que se encuentra a la entrada del Camino de Santiago a la ciudad.

La última reforma importante se hizo en el siglo XIX en un intento de ampliar su anchura. La obra más reciente se abordó en 1963, en que se restauró su aspecto original después de abrir en paralelo, a poca distancia, un nuevo vial para el tráfico rodado. Fue declarado monumento histórico-artístico en el año 1939. 

Puente de San Pedro


Es un coqueto puente que puede ser el más antiguo de todos ya que su origen parece remontarse a la época romana y enlazaba con la ciudad por una vía anterior al actual Portal de Francia, rebautizado en 1939 como Puerta de Zumalacárregui en recuerdo del general carlista.

En la Edad Media sufrió una fuerte transformación hasta adquirir su actual aspecto con tres ojos de medio punto. Actualmente su acceso, meramente peatonal, se efectúa desde el parque de la Runa y da entrada al meandro de Aranzadi.


Puente de la Rochapea


También llamado de "Curtidores" por su proximidad a la zona de artesanos de este gremio. Puede que su origen sea medieval, pero las sucesivas reformas que ha sufrido impiden precisar la época de su construcción. Se transformó para ensancharlo y permitir el paso de tráfico rodado, que aún continúa. 

Varias noches del mes de julio ve interrumpida la circulación para dar paso al encierrillo, es decir la conducción de los toros desde los corrales del Gas, en la Rochapea, hasta Santo Domingo, paso previo al encierro sanferminero de la mañana siguiente.


Puente de Santa Engracia


Es el más moderno de los puentes medievales y está situado cerca del antiguo Convento de las Clarisas de Santa Engracia, desaparecido en el siglo XVIII. Su arcos son de estilo gótico y al igual que el de San Pedro, tiene en su arranque una cruz de piedra. Hasta la construcción del cercano puente de Cuatro Vientos en 1789, el de Santa Engracia fue el que facilitaba la comunicación de la ciudad con el Norte de la provincia y con Guipúzcoa. Toda la zona fluvial próxima esta reurbanizada en los últimos años acrecentando el protagonismo del puente. 


Puente de Miluce


Aguas abajo, se atraviesa el barrio de San Jorge y al final del mismo, en el límite de la ciudad, se encuentra este puente de tres arcos de medio punto. Siempre ha estado en la historia de Pamplona ya que su origen podría ser romano. En el siglo XIX fue objeto de una reconstrucción pues al parecer pudo destruirse durante la Guerra de la Independencia para impedir el paso de las tropas y ya no luce la torre defensiva que se sabe que tenía.

Es el más literario de los puentes ya que tiene varias leyendas. La más verosímil de todas narra cómo el rey Carlos II el Malo, en una arbitraria decisión, ahorcó en el a los caballeros que se atrevieron a plantear sus reivindicaciones. La leyenda que circuló por la ciudad fue que los infanzones ahorcados, quedaron con la lengua sobre el pecho por lo que el puente recibió el nombre de Miluce, en euskera "lengua larga". Por este hecho ocurrido en 1351, así como por su genio irascible, aquel rey recibió el apelativo de "el malo".

Cada primavera, este puente es protagonista de la despedida del Ángel de Aralar tras su visita anual a la capital del Reyno.


Además de los puentes del Arga, merece una mención en este capítulo de puentes medievales, otro que cruza el río Sadar y que sirve de punto de salida para los peregrinos que se dirigen a Compostela. Se trata del puente Acella Landa, situado en los terrenos de la Universidad de Navarra, en el camino a Cizur.


Se trata del más completo de los pequeños puentes que cruzan este río y el más antiguo de ellos. Está construido en piedra calva, con bóveda de ladrillo y un solo arco rebajado con pretiles también de piedra. Vadea el río dando paso al sendero que partía de Pamplona conocido como "camino de la Longaniza" y pasaba por un poblado llamado Acella, situado entre los ríos Sadar y Elorz, que desapareció hace siglos.

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