Google+ Aislado en este planeta: Invasión de imbéciles

viernes, 26 de febrero de 2016

Invasión de imbéciles

Ha fallecido en días pasados, el escritor y humanista italiano Umberto Eco. El pasado año tuvieron gran repercusión unas declaraciones suyas hechas en Turín, en un acto donde premiaban su trayectoria con un "honoris causa" de aquella universidad. El autor del best seller "El nombre de la rosa" desató la polémica con unos comentarios sobre Internet y las redes sociales en los que señalaba: "El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad". 

Eco acusa a las redes sociales de haber generado una invasión de imbéciles: "Las redes sociales dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar tras algún vaso de vino, sin dañar a nadie" y continuó afirmando: "aquellos eran silenciados rápidamente pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel". Es la invasión de los necios.

Para el escritor, que fue reconocido con el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en el año 2000, el drama de Internet es que "ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad". El novelista italiano ha invitado a los periódicos de papel a filtrar mediante un equipo de periodistas especializados, las informaciones de Internet, porque nadie hoy está capacitado para entender si un sitio es confiable o no. Estas declaraciones quizás contienen peligrosos rasgos de elitismo intelectual aunque más bien creo que están cargadas de humor y sentido común y encierran una gran verdad.


Desde hace algunos años se viene debatiendo si Internet y la tecnología de la información nos hacen más inteligentes o si están mermando nuestra capacidad cognitiva, quizás sin que nos demos cuenta, porque estamos inmersos en la burbuja. En opinión de muchos expertos, utilizando Internet, las personas inteligentes se vuelven más inteligentes y las personas de baja inteligencia se vuelven más tontas, incapaces de encontrar su camino en la salvaje selva del "big data". De cualquier forma la inteligencia parece estar sobrevalorada por los propios usuarios al tener al alcance innumerables datos, lo que hace que pensemos que somos más inteligentes de lo que en realidad somos, sin considerar que hay una clara diferencia entre el acceso a la información y la sabiduría.

No hay duda sobre la baja calidad de la información que circula por las redes sociales, mostrando muchas publicaciones un bajo nivel intelectual y una gran incultura. Incluso las más elementales reglas de la sintaxis y la ortografía se ven a menudo seriamente agredidas. Como no existen filtros a la información, a menudo se publican falsedades que a fuerza de repetirse y propagarse pueden pasar por verdades. Lejos han quedado las buenas prácticas periodísticas de contrastar la información en varias fuentes y así, mientras por un lado, podemos enredarnos en naderías y paparruchas de ninguna calidad, por el otro podemos encontrar, mediante una búsqueda selectiva de sitios y de expertos de nivel intelectual, información seria y solvente, así que se impone ser críticos y rigurosos en la selección de los accesos a la red.

El otro aspecto de la cuestión es conocer si nos hemos convertido en seres más inteligentes gracias a Internet. La respuesta parecería a simple vista afirmativa ya que sabemos más y en definitiva hacemos un mayor número de tareas al día. Sin embargo como Internet nos hace más fácil la vida, hemos dejado de esforzarnos por memorizar un teléfono, el título de una novela o el cumpleaños de un amigo. Internet está creando un nuevo tipo de inteligencia que depende menos de la memoria y que pone mayor énfasis en la velocidad y en la capacidad de procesar mensajes cortos y dispersos. Un ejemplo es sin duda, Twitter donde el nuevo consumidor parece esperar respuesta inmediata y está dispuesto a sacrificar a cambio la precisión y el rigor.


Un jovencito de hoy que está aprendiendo la lista de los reyes godos o la tabla periódica (que desconozco si se estudian), tarda menos de 10 segundos en disponer de la respuesta en su móvil. Por lo tanto la pregunta inmediata que se plantea es ¿para qué estudiarlos? Visto así, el razonamiento parece acertado aunque es peligroso y simplista porque el verdadero conocimiento es mucho más complejo que la búsqueda de datos y es imprescindible una puesta en contexto y una correcta interpretación que solo se adquieren con la disciplina del estudio.

Sin duda que hay que aceptar los tiempos que vienen y que vivimos ante un cambio de paradigma y por tanto, aceptar que las cosas ya no son como eran. El reto actual consiste en educar para pensar y razonar con sentido común y con esta base, poder procesar, comprender y valorar el inmenso caudal de información que tenemos a nuestro alcance. Este es un gran cambio que tendrá que abordar en algún momento el sistema educativo.

Ahora bien, como no podemos pretender que todas las personas sean inteligentes, habrá que admitir un volumen determinado de estupidez con la que habrá que convivir. Teniendo en cuenta que tontos de diverso pelaje, los ha habido siempre, la diferencia estriba en que, mientras antes, la tontez era un estigma que se llevaba con discreción, ahora se hace ostentación y alarde de ella. Las nuevas tecnologías, que nos acercan el conocimiento, también hacen extraordinariamente visible la imbecilidad reinante.

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