Google+ Aislado en este planeta: Lecciones de independencia

jueves, 11 de febrero de 2016

Lecciones de independencia

En España tenemos una larga tradición con la murga del separatismo de modo que cuando alguien no está conforme con las leyes o se siente muy maltratado o simplemente no le gustan sus vecinos, se pone a reinterpretar la historia, se adorna de elementos diferenciadores, y amenaza con que se declara independiente y ahí os quedáis.

Según la Wikipedia, hasta 18 movimientos secesionistas existen en España, la mayoría con pretensiones nacionalistas y otros de vuelo más corto. Tenemos una variada fauna que va desde los independentismos más asentados hasta movimientos pintorescos como el regionalismo almeriense, el cartagenismo o el nacionalismo aranés o extremeño.

El fenómeno es común en toda Europa y hasta en el mundo entero. A veces se trata de movimientos testimoniales sin futuro pero en otras ocasiones, la perseverancia y la oportunidad han sacado adelante proyectos inverosímiles.

Ya estamos llegando...

En el otro extremo del mundo, en Australia, hay una provincia autoproclamada independiente, que las autoridades del país no han sabido qué hacer con ella. En un lugar en mitad de la nada, en el límite del Outback australiano, a siete horas en coche de Perth, la capital de Australia Occidental, te puedes encontrar un cruce de caminos con un cartel que indica que acabas de cruzar un límite internacional, es decir que has llegado a otro país conocido como Principado de Hutt River.

La historia del principado "independiente" arranca en 1969 cuando el gobierno de Australia Occidental impuso cuotas de producción para los granjeros, con el objetivo de estabilizar los precios. Como suele pasar en estos casos, las cosas no salieron como estaba previsto. A Leonard Casley, el protagonista de esta historia, la cuota no le hizo demasiada gracia ya que con 4.000 hectáreas de trigo listas para ser cosechadas, la cuota gubernamental le asignaba una producción que suponía el 1% de lo que daban sus tierras. Junto con otras cinco familias vecinas, procedió a pedirle al gobernador del Estado que reconsiderara la decisión, cosa que éste no hizo.

El señor Casley, un autodidacta en materias legales, terco y listo a la vez, viendo que era ninguneado por las autoridades, inició un proceso rocambolesco de independencia y para ello desempolvó una vieja ley del derecho feudal inglés que, según su propia interpretación, le permitía acusar al gobierno y a la Reina de Inglaterra como jefa de Estado, de enriquecimiento injusto y a demandarlos por daños y perjuicios. Pidió 52 millones de dólares australianos sabiendo que no podía ganar, pero con la idea de liar un poco el asunto para forzar al gobierno a reconsiderar el tema de las cuotas. La respuesta del gobierno estatal fue drástica amenazando con expropiar sus tierras. El contraataque del intrépido granjero consistió en declarar la independencia y simultáneamente proclamar su fidelidad a la Corona británica.

Mapa de cercanías

Así nació Hutt River Province, un territorio de 75 km2, que toma su nombre del río que atraviesa las propiedades de la familia Casley. Éste, junto al resto de granjeros rebeldes, siguió vendiendo su trigo, ignorando olímpicamente las cuotas gubernamentales. El gobierno de Australia Occidental no supo muy bien qué hacer ante una declaración unilateral de secesión así que le pasó la pelota al gobierno federal, que intentó negociar brevemente. En una de las cartas que Canberra envió a Casley se le mencionaba como "Administrador de la Provincia de Hutt River", lo que nuestro héroe aprovechó para considerarlo como un reconocimiento tácito de su independencia.

Cuando el primer ministro australiano amenazó a Casley con encarcelarlo por saltarse las cuotas, nuestro hombre se sacó de la manga otra triquiñuela legal: se autoproclamó Príncipe de Hutt River y denominó a su país como Principado. Para entender la razón hay que bucear en la historia de Inglaterra para encontrar la Treason Act de 1495, aprobada por Enrique VIII y todavía en vigor en 1971 y que establece que un Príncipe (aunque sea autoproclamado) y cualquier persona que trabaje para él, no pueden ser acusados de traición. Como según entendía Casley, Australia había reconocido la existencia de Hutt River y él era un príncipe autoproclamado, tanto él como todos los habitantes del Principado quedaban exentos de ser perseguido por el sistema legal australiano.

El Príncipe Leonard I y la Primera dama

Entre unas cosas y otras, el delito de saltarse la cuota prescribió en 1972 ante la falta de respuesta administrativa y los granjeros de Hutt River siguieron vendiendo alegremente todo lo que pudieron. En 1976 el gobierno volvió a la carga y la Hacienda estatal empezó a reclamar el pago de los impuestos atrasados desde 1972. Simultáneamente el servicio postal australiano dejó de recoger la correspondencia del principado, obligando a redirigir las cartas a través de Canadá. Ante estas presiones, Casley, que se veía venir algo así, procedió a "declarar la guerra a Australia". Con un par.

Cuando la declaración llegó a los despachos gubernamentales las reacciones fueron sobre todo de hilaridad. Dos días después el principado remitió un comunicado de "cese de las hostilidades" que desató aún más carcajadas. Pero el objetivo de Casley con estas maniobras era aprovecharse de las leyes internacionales sobre la guerra, que otorgan soberanía y obligan al reconocimiento diplomático de las partes. El gobierno australiano dejó pasar esta nueva argucia y no respondió a la demanda de Casley de verse las caras en el Tribunal Internacional de la Haya. Según los abogados del Principado, porque temían perder.

Mientras, pasaba el tiempo y Hutt River fue adoptando medidas de estado emitiendo sus propios sellos, billetes y monedas, con la cara del Príncipe Leonard I y de su esposa la Princesa Shirley. Instituyeron una bandera y un himno y comenzaron a exigir pasaporte para entrar a su territorio, y aunque apenas se persiguió a los infractores, consiguieron con esta medida notoriedad y eco mediático.

Todos los símbolos de un Estado

En 1980 y tras otra batalla legal, un tribunal dictaminó que los sellos de Hutt River eran válidos dentro del territorio administrado por la autoproclamada nación y el servicio postal volvió a funcionar dentro del principado. En la actualidad Hutt River recibe veinte mil visitantes al año, una cifra espectacular para un país de 30 residentes aunque han emitido más de 13.000 pasaportes a ciudadanos de otros países que han adoptado la doble nacionalidad. De sus visitantes, casi todos son australianos, pero varios miles de europeos y asiáticos recalan cada año en el "principado del Outback", sólo para comprobar que puede existir algo así. Hutt River es la mayor atracción turística de la zona, principalmente porque es la única.

Cuando Casley fue preguntado recientemente en una entrevista por el resultado de las elecciones federales, se limitó a responder: "No comentamos públicamente sobre la política de otros países". A día de hoy Australia no reconoce a Hutt River como estado o entidad nacional de ningún tipo. Desde el punto de vista del gobierno de Canberra la micronación es una empresa legal que opera con ese nombre en el estado de Australia Occidental. Sin embargo, no pagan impuestos a la agencia australiana, cuentan ya con una historia de 45 años y ahí siguen, sin haber necesitado ni "consultas populares" ni "derechos a decidir".

Así es como entre triquiñuelas políticas, vacíos legales y determinación inquebrantable, tenemos un país más en el mundo. ¿Cómo suena esta música en España? ¿Acaso no va a haber nadie capaz de superar a aquel modesto granjero australiano?

Para saber más de esta "nación" se puede ver su página web diseñada con la retórica propia de un estado de opereta:
http://www.principality-hutt-river.com/

Esta es la ubicación de Hutt River en Google Maps: https://goo.gl/maps/emXY5pouxzQ2

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