Google+ Aislado en este planeta: Dinamarca

sábado, 12 de marzo de 2016

Dinamarca

En la vorágine política en que estamos inmersos, todo el mundo busca referencias más allá de las fronteras y hay cierta unanimidad en mirar a Dinamarca como el ejemplo a seguir. Los políticos norteamericanos, en este año electoral, han llevado a sus confrontaciones el modelo danés. Los políticos españoles también están en ello y tanto morados como naranjas han incluido en sus discursos referencias al modelo nórdico. Incluso el ideólogo y economista de Ciudadanos, Luis Garicano ha recogido en un libro, "El dilema de España", sus teorías al respecto.

Está bien mirar a quien lo hace mejor para tratar de emularle pero no es nada fácil teniendo en cuenta las abismales diferencias que nos separan. Pero veamos, ¿qué pasa con Dinamarca?


Se trata de un pequeño país escandinavo de 5,6 millones de habitantes y una superficie de 43.000 km2, algo menos del tamaño de Aragón. Hacia el año 700 d.C. ya existía un reino de Dinamarca que unificó los territorios. Su época gloriosa es la era vikinga en los siglos IX al XII. Los navegantes de aquel reino fueron famosos en todo el mundo occidental, impulsaron la conquista de Inglaterra y alcanzaron en sus expediciones puntos extremos de las costas europeas e incluso cabe la posibilidad de que fueran los primeros europeos en llegar al continente americano. 

El cristianismo llegó a Dinamarca hacia el año 965 y desde entonces, la iglesia ha ostentado importantes cotas de poder en la sociedad. En 1536, la iglesia danesa, al igual que la anglicana, se desligó de la Iglesia Católica uniéndose a la Europa de las iglesias protestantes.

Desde aquella frase del Hamlet "algo huele mal en Dinamarca", muchas cosas han cambiado en aquel país que es hoy el más honesto y transparente del mundo y donde la corrupción es prácticamente inexistente. Sus ciudadanos son los que más impuestos pagan de Europa, pero a la vez los que disfrutan de mejores servicios sociales. Las grandes empresas tributan en proporción a la riqueza que generan y el gasto público se destina casi exclusivamente, a mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.

Dinamarca se sitúa en las posiciones de cabeza en todos los rankings de riqueza, bienestar social, ocupación laboral y enseñanza, todo ello a cambio de liderar también la lista de países con mayores impuestos. Pero hay otra clasificación más significativa si cabe, y es que los daneses, según el último Informe Mundial sobre la Felicidad elaborado por la ONU entre 156 países, ocupan el número 1 seguidos de noruegos y suizos. España ocupa el puesto 38 y, si la satisfacción media del planeta es de 5 sobre 10, la de los daneses roza el 8.

Copenhague es ciudad de canales

La receta con la que los daneses cocinan su felicidad la resumía hace poco la revista XLSemanal en base a estos ingredientes:

CONFIANZA. Los padres dejan a los bebés solos en los cochecitos a la puerta del súper. En las carreteras puedes encontrar puestos de fruta sin nadie que los atienda, solo con los precios en un cartelito. Dinamarca es el segundo país más seguro del mundo. En buena medida, porque los daneses se fían del prójimo de un modo que para los latinos resulta ingenuo. La confianza mutua reduce el estrés y desarrolla un círculo virtuoso en el que nadie quiere defraudar.

RIQUEZA. Presumen de tener los sueldos más altos del mundo con un salario mínimo de 2.000 euros al mes aunque en contrapartida la vida es cara y los precios altos. Los ingresos se reparten con bastante equidad, sin grandes diferencias entre las rentas altas y las bajas. Esto elimina mucha envidia y por tanto, infelicidad porque evita la tendencia a compararse continuamente con los demás y a intentar trepar en el estatus social. La riqueza del país se basa en los sectores de construcción de maquinaria, astilleros y transporte naval, en las renovables, vehículos, combustibles e industria farmacéutica sin olvidar los sectores ganadero, pesquero y agrícola. Conocidas empresas como Maersk, Lego, Carlsberg, Vestas, ISS o Novo Nordisk, son danesas. 


Los mayores cargueros del mundo son daneses

SOLIDARIDAD. Cuando hace pocos años, el gobierno anunció una bajada de impuestos, la gente salió a la calle temiendo que esa medida mermara los servicios públicos. Y eso teniendo en cuenta que básicamente la mitad del dinero de los daneses se lo lleva Hacienda. Siete de cada diez daneses apoyan el nivel actual de fiscalidad porque garantiza su estado del bienestar, uno de los más generosos del planeta: educación gratuita del colegio a la universidad, ayudas de más de 700 euros mensuales para todos los estudiantes mayores de edad, sanidad gratis y de calidad, pensiones generosas, permisos de maternidad pagados de hasta un año que se reparten la madre y el padre, viviendas y guarderías subvencionadas, autopistas sin peajes. Los ricos viven bien en cualquier país pero los daneses pobres viven mucho mejor que los del resto del mundo porque esta red de seguridad elimina las incertidumbres de caer enfermo o perder el trabajo.

TRANSPARENCIA. Dinamarca tiene el nivel de corrupción más bajo del mundo. Odiamos a nuestros políticos, pero confiamos en ellos, aseguran los daneses. Según el Banco Mundial, el sistema funciona porque está muy descentralizado y las decisiones se toman cerca del ciudadano. El porcentaje del dinero público que se asigna a los ayuntamientos es uno de los mayores del mundo y estos funcionan gracias a una racionalización de sus estructuras. En 2007, los 271 municipios de Dinamarca se concentraron en 98 municipios mayores de modo que el tamaño mínimo pasó a ser de 20.000 habitantes.

LIBERTAD. Desde pequeños, los daneses se educan en la libertad, en la autonomía y en la capacidad de decidir por su cuenta. Se respeta al máximo la igualdad de oportunidades y de género. En la mayoría de las familias, mujeres y hombres trabajan fuera y comparten las tareas domésticas. La presencia femenina en puestos importantes es habitual incluyendo puestos como la jefatura del gobierno o el trono del país.

EQUILIBRIO. Los daneses trabajan lo justo, 164 horas al año menos que los españoles. A siete de cada diez daneses les gusta su trabajo y aseguran que seguirían en su puesto aunque su nivel económico les permitiese abandonarlo. Los horarios suelen ser flexibles pero a partir de las cuatro, no queda nadie en la oficina. Se reúnen para cenar en familia y se desplazan en transporte público y sobre todo en bicicleta. En Copenhague, los ciclistas recorren 1,2 millones de kilómetros cada día.

SOCIEDAD CIVIL. Es normal la colaboración voluntaria en asociaciones cívicas. Se dice que cuando se juntan tres daneses, fundan un club. Cuatro de cada diez realizan trabajo voluntario en ONG y asociaciones benéficas. También se cultivan las relaciones sociales y de amistad para disfrutar de la vida sencilla y amable. Trabajo responsable y ocio tranquilo. Disfrutan de las pequeñas cosas: un café, un paseo al sol, una cerveza, un picnic… y paciencia para soportar un largo invierno. Son grandes consumidores de café, chocolate y vino, aunque también de antidepresivos (los terceros del mundo, según la OCDE). No tienen otros secretos. Dinamarca no es un gran país para ir de vacaciones pero si es un buen lugar para vivir.

Pero son sus políticos, odiados y queridos a un tiempo, quienes resultan ejemplares. Seguramente, solo son el fruto de la sociedad que representan, pero llaman la atención algunos datos de la vida política.

La serie de TV "Borgen", refleja magníficamente los entresijos y prácticas de la política danesa.

En Dinamarca, desde 1909, ningún partido político ha obtenido la mayoría absoluta, lo que ha llevado a que las legislaturas se caractericen por una política en la que priman los pactos y la búsqueda de consenso. En el panorama actual, hay hasta ocho partidos significativos y ninguno acapara más del 25 por ciento del voto. Con esta premisa, las alianzas son imprescindibles y de hecho están plenamente consolidadas como forma habitual de gobierno. Esta ausencia de mayorías se traduce en políticas sociales, energéticas, económicas, educativas y de relaciones exteriores mucho más estables y duraderas que los propios gobiernos que las promueven. Descontando el periodo de la II Guerra Mundial, Dinamarca no conoce desde 1920, una crisis política de envergadura y tampoco hay tradición de huelgas generales, de modo que el país no registra una desde 1998.

Dinamarca, que es un país de cultura calvinista, sabe que el éxito se consigue con perseverancia y trabajo. Actualmente es el país más ético y limpio del mundo, seguido de cerca por Finlandia y Nueva Zelanda. No conocen la picaresca y menos la corrupción, esta tradición tan desarrollada en España que representa nuestra cara más vergonzosa y nos sitúa lejos de los países verdaderamente civilizados del mundo.

En este momento, aquí nos encontramos en una disyuntiva dramática: elegir un modelo que nos lleve a parecernos a Venezuela o a Dinamarca y lo más grave es que hay división de opiniones porque el personal padece una sobredosis de demagogia. ¿Acaso escuchamos a los políticos la consigna de que hay que ponerse a trabajar? No hacen falta revoluciones, sino cambios inteligentes. No pretendemos ser Dinamarca, solo queremos ser una España mejor.

Bron (El puente): otra serie danesa que muestra la vida de los escandinavos.
http://murzainqui.blogspot.com.es/2014/04/el-puente.html

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