Google+ Aislado en este planeta: El horario español

viernes, 25 de marzo de 2016

El horario español

Que España es diferente es una verdad reconocida que podemos constatar a diario a través de nuestro comportamiento individual y social, cuando nos comparamos con nuestros vecinos del norte. Los turistas que nos visitan dan fe de esta realidad en muchos aspectos y les llaman mucho la atención los asuntos que tienen que ver con el reloj. Por un lado la impuntualidad es una gran virtud nacional y por otro los horarios que rigen nuestra vida cotidiana son bastante pintorescos para ellos. 

En España se desayuna temprano, podemos decir que a la misma hora que en otros países, pero para sorpresa de los visitantes, no damos señales de apetito hasta las 2 o las 3 de la tarde. Con este retraso en el almuerzo, es lógico que la cena no llegue hasta las 9:30 o las 10. Mientras, los europeos, incluidos griegos y portugueses, han realizado estas dos comidas con una antelación de al menos dos horas.

El horario de las comidas condiciona el horario de trabajo o viceversa, de modo que nuestra jornada laboral también es la más irracional del continente. No hay forma de terminar con una jornada partida mediante una comida contundente que invitaría a nuestra tradicional siesta, pero que no se hace porque hay que continuar trabajando. Como cenamos tarde y durante gran parte del año el clima es tentador, resulta que somos el país europeo que más tarde se acuesta y que menos tiempo dedica a dormir. También contribuye a ello la programación de las televisiones y otros espectáculos, de modo que sus programas preferentes se sitúan a partir de la hora de la cena.

Otro elemento que se resiente con nuestros ritmos, es la conciliación de la vida laboral y personal, pues saliendo más tarde del trabajo, el tiempo para dedicar a la familia, a las tareas domésticas, al ocio y a las relaciones personales se ve seriamente mermado.

Horario nocturno muy generoso

Pero, ¿de dónde viene que nos organicemos con un horario tan desastroso? A finales del siglo XIX, el Estado español se había adherido al Convenio de Washington que dividió el mundo en husos horarios, partiendo de una hora "0" coincidente con el meridiano de Greenwich. Por aquellas fechas ya funcionaban el ferrocarril y el telégrafo que habían forzado a unificar la hora en todo el territorio nacional de modo que en 1900, un decreto estableció oficialmente el comienzo de la hora única para toda España, que quedó asignada al huso horario de la Europa occidental. El convenio fue un paso importante en la globalización y marcó el punto culminante del poder del Imperio Británico, cuya hora servía para marcar el tiempo en el resto del planeta.

Parece que el origen de la idea del ahorro de energía se remonta a Benjamin Franklin en su época de diplomático, que había propuesto en un diario francés, tres medidas de ahorro:
- Imponer un gravamen a las viviendas con contraventanas ya que suponían un impedimento a la entrada de luz.
- Reducir el consumo de cera y velas y de paso, evitar algún incendio.
- Hacer repicar las campanas de las iglesias al amanecer para que todo el mundo se levantase a la misma hora.

La costumbre española en el siglo XIX era coincidente con los toques de campana. Se desayunaba al amanecer, un almuerzo ligero hacia las doce y la cena a las seis o las siete. La llegada de la luz eléctrica retrasó los horarios, sobre todo en las ciudades, pero en el campo se mantuvo durante mucho tiempo el horario tradicional.

El horario de verano comenzó a utilizarse en 1918 con el adelanto de una hora para los meses de verano, con la excusa del ahorro de energía y en beneficio de la productividad. Alemania había iniciado esta práctica durante la guerra y algunas naciones le imitaron. Pronto la hora de verano cayó en el olvido, pero se volvió a implantar en 1924 por la Dictadura de Primo de Rivera, con la finalidad de armonizar los horarios españoles con los países europeos.

Los países y el cambio de hora

La República española de 1931 derogó la medida, pero durante la guerra civil ambos bandos, el republicano y el nacional, la volvieron a implantar, aunque aplicando diferentes fechas para el cambio de modo que durante dos o tres semanas, en España había dos horarios dependiendo del reparto del territorio en cada momento. Hasta entonces la hora era la misma que en la Europa occidental pero finalizado el conflicto alguien olvidó atrasar el reloj en otoño, de modo que quedamos con una hora de adelanto, pero sincronizados con la Europa central, es decir con la hora del Tercer Reich. 

En 1973, con la crisis del petróleo, llegó la unificación con los países de la Unión europea, aunque por nuestra posición geográfica en el oeste del continente, quizás debimos adoptar una hora menos como hizo Portugal y como las Islas Canarias pero nadie modificó aquella maniobra del franquismo y aún pervive a pesar de la sagacidad de las fuerzas progresistas para acabar con todos los vestigios de la dictadura. 

Así que con nuestra peculiaridad horaria a la que se añade la tradición de nuestros ritmos alimentarios, tenemos como resultado el famoso horario español, que encanta a los turistas y horroriza al mundo laboral, tanto a los trabajadores como a las empresas que persiguen una mayor productividad y competencia.

El cambio de hora ha suscitado una gran controversia en todos los tiempos y países. No hay coincidencia de opiniones ni en el ahorro energético ni en los efectos para la salud o para la seguridad ciudadana. Tampoco su aplicación es universal ya que los estados determinan los cambios a su voluntad y también hay numerosos países que no aplican horarios diferentes para verano e invierno.

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