Google+ Aislado en este planeta: El viaje del San Luis

sábado, 19 de marzo de 2016

El viaje del San Luis

La tragedia que viven actualmente los refugiados víctimas del conflicto sirio, trae a la memoria otros hechos de esa historia que siempre se repite, que nos avergüenza un ratito y de la que no aprendemos nada.

Esta tragedia humanitaria nos traslada en el túnel del tiempo a la "noche de los cristales rotos" ocurrida durante la madrugada del 9 al 10 de noviembre de 1938, que fue llevada a cabo por las tropas de asalto de las SA, los famosos "camisas pardas", primos hermanos de las más famosas aún, las SS. La permisividad de las autoridades alemanas hacia este ataque a los judíos fue vergonzosa y ocasionó un gran escándalo y la repulsa internacional del régimen nazi. Para lavar su imagen el ministerio de Goebbels preparó una operación que pondría en compromiso a otras potencias mostrando su hipocresía y su falta de voluntad de acogida hacia los refugiados judíos.


Postal del St. Louis de 1937

El 13 de mayo de 1939 partió de Hamburgo un trasatlántico de lujo, el Saint Louis, con un pasaje de 937 judíos alemanes a bordo, con destino a Cuba aunque la intención de la mayoría era seguir viaje a los Estados Unidos. Su esperanza era alcanzar una nueva vida lejos de la persecución sistemática que estaba aplicando el régimen nazi pero las cosas comenzaron a torcerse antes de llegar. A poca distancia de la isla, el barco recibió un telegrama que informaba de problemas con las autoridades cubanas.
Ese mismo año el gobierno había establecido un decreto ley, que restringía el acceso a su territorio, distinguiendo dos categorías, los turistas y los refugiados. No obstante, el gobierno cubano accedió, tras intensas negociaciones, a permitir la entrada a quienes pagaran una cuota de 500 dólares por visado, suma que la mayoría de los pasajeros no tenían.

Tal vez debido a presiones del gobierno de Estados Unidos, quizás a causa de la corrupción detectada en la emisión de las visas o por la oposición mostrada por la opinión pública cubana, el presidente Federico Laredo aprobó un nuevo decreto por el que se derogaban todas las visas anteriores incluidas las obtenidas en la embajada de Cuba en Alemania, de modo que ante la imposibilidad del desembarco en La Habana, el navío se vio obligado a hacerse a la mar.

El capitán del Saint Louis buscando una nueva solución, tomó rumbo a Florida y pidió un permiso de asilo a las autoridades estadounidenses. El presidente Roosevelt intentó acoger a una parte de los pasajeros, pero la oposición vehemente del Secretario de Estado y de los demócratas del sur lo impidieron, llegando incluso a amenazar al presidente con retirarle el apoyo en las elecciones de 1940 que se avecinaban y así el 4 de junio el Saint Louis, que esperaba anclado frente a la costa de Florida, recibió decepcionado la prohibición de entrada en territorio norteamericano.

El 5 de junio se hizo un intento desesperado, esta vez con Canadá, pero nuevamente recibieron una respuesta negativa. Ante la imposibilidad de continuar buscando posibles anfitriones en aquella zona, con un conato de amotinamiento a bordo, algún intento de suicidio entre los pasajeros y la escasez de comida que se avecinaba, el capitán Gustav Schroder tomó la decisión de regresar a Europa.

Durante el trayecto de vuelta, el Comité de Ayuda Judío, negoció el reparto de los pasajeros en diversos países como Bélgica, Holanda, Reino Unido y Francia. Mientras, el capitán Schroder, que no simpatizaba con el gobierno nazi de su país, ideó un plan para encallar el barco en las costas británicas a fin de imposibilitar el regreso a Alemania. No llevó a efecto su idea al recibir garantías de que los judíos serían acogidos en varios países y se dirigió al puerto de Amberes donde tuvo lugar el desembarco el 17 de junio de 1939.

Pocos meses después comenzó la Segunda Guerra Mundial y muchos judíos del desdichado viaje, por los avatares de la ocupación alemana, terminaron en campos de concentración y en hornos crematorios. Solamente los que fueron acogidos por Gran Bretaña corrieron mejor suerte.

El capitán del Saint Louis fue represaliado por el régimen nazi, y finalizada la guerra, estuvo procesado por parte de los vencedores, aunque algunos supervivientes de aquel viaje le ayudaron aportando su testimonio para que fuera absuelto. En 1957, dos años antes de su muerte, fue condecorado por el Gobierno de Alemania Occidental.



Ahora miremos hacia el Mediterráneo oriental y podremos ver el caso del Saint Louis multiplicado por mil y sin embargo la conciencia del mundo occidental ni se inmuta. Un refugiado es un drama pero un millón solo son una estadística.

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