Google+ Aislado en este planeta: El Archivo de Simancas

lunes, 2 de mayo de 2016

El Archivo de Simancas

En los tiempos que corren donde la información está desbocada tanto por la cantidad que circula como por la falta de sustancia de muchos contenidos, todo ello al socaire de la exuberancia digital, llama la atención un lugar tranquilo, casi recoleto que alberga tras sus muros los documentos en los que durante siglos quedaron reflejadas muchas de nuestras grandezas y miserias o lo que es lo mismo, la Historia de España.


Fachada del Castillo de Simancas

El lugar es Simancas, a escasos kilómetros de Valladolid, que es sede del castillo del mismo nombre donde reside la más importante colección de legajos, mapas, decretos, bulas y ordenanzas de más de seis siglos de nuestra historia.

Desde que se comenzó a escribir y hasta bien entrada la Edad Media los documentos relativos a la gobernanza y a la historia de los hechos, iban quedando desperdigados a lo largo del camino que seguían los monarcas y sus séquitos. La vida antigua era azarosa y lo mismo se daban órdenes en palacio que en el campo de batalla. Las ordenanzas reales y los acuerdos de las Cortes bien podían tergiversarse, perderse en algún baúl de viaje o caer en manos de un valido interesado en su incumplimiento.

Las cuentas del "Gran Capitán"
Así que mejor dejar las cosas claras, o sea por escrito, con firmas, sellos y rúbricas. Esto es lo que debieron pensar los monarcas castellanos del siglo XV pues de aquellas fechas datan los primeros archivos del castillo de la Mota y del Alcázar de Segovia.

En 1480 el castillo de Simancas pasa a manos de la corona después de haber sido fortaleza defensiva de los Enriquez, Almirantes de Castilla y también depósito de armas y prisión. Es en 1540, cuando Carlos V da los primeros pasos para proteger en uno de los cubos de la fortaleza los documentos más importantes de su reinado. Así empieza la historia del archivo pero es con su sucesor, Felipe II, cuando adquiere su máxima importancia. El imperio que ha heredado, el más grande que han conocido los siglos, no puede gobernarse sin una caja fuerte que almacene las leyes y los edictos, las cuentas y las finanzas, los planos militares, los tratados internacionales y los derechos de la Corona en todo lugar y ocasión.

Así que el rey Felipe encarga a su arquitecto de confianza, Juan de Herrera, que haga del castillo el primer edificio de la Edad Moderna concebido con la función de servir como archivo para documentos. Nombra a Diego de Ayala, Archivero de Simancas y en 1588, firma el que está considerado como el primer reglamento de archivos del mundo. Nunca hasta entonces se habían detallado con tanta minuciosidad las normas a seguir para conservar documentos, los procedimientos para archivarlos y la prevención de los fuegos para evitar incendios mandando hacer todo el trabajo con luz natural.

Desde aquellas fechas el castillo no ha tenido otra finalidad que la de ir almacenando y custodiando miles y miles de documentos que fueron llegando de todos los rincones del Imperio. Hay mensajes secretos, algunos en lenguas extrañas, hay mapas y planos militares, hay cuentas como las del Gran Capitán y también cartas diplomáticas, sentencias y testamentos que constituyen el fondo documental más relevante de la Monarquía Hispánica entre los siglos XVI al XVIII.

Mapa de la costa de Argel

En 1785 se traslada a Sevilla el Consejo de Indias, a mediados del siglo XIX se recopila en el Archivo de la Corona de Aragón la historia de este reino y en los primeros años del siglo actual, el Consejo de Inquisición se traslada al Archivo Histórico Nacional en Madrid. La etapa de archivo al servicio de la administración finaliza en 1844 cuando, con la llegada de Isabel II y del régimen liberal, Simancas se abre a la investigación histórica. A partir de esta fecha pasa a ser Archivo Histórico, una institución dependiente en la actualidad del Ministerio de Cultura.

Plano de ciudades de la "Guerra de los 30 años"
El Archivo tuvo sus momentos de peligro durante la invasión francesa cuando Napoleón dio la orden de trasladar a París todos los archivos de Europa que iban siendo alcanzados por las tropas francesas y esto incluía al de Simancas. Napoleón quería centralizar toda la documentación del nuevo imperio que trataba de construir, pero gracias al celo que los archiveros franceses pusieron en el cuidado de aquel botín, un siglo después pudo recuperarse en buen estado, la mayor parte de la documentación sustraída.

A Simancas también se la conoce por una hermosa historia-leyenda, bastante anterior a su famoso castillo, en la que se relata que allá por el siglo IX, la villa de Simancas se vio obligada a participar de un ruin impuesto, el Tributo de las Cien Doncellas, exigido por Abderramán I al monarca asturiano en pago a su apoyo para conseguir el trono. Posteriormente Abderramán II, en tiempos del rey leonés Ramiro I, se atrevió a exigir de nuevo, el tributo de las cien doncellas de modo que a Simancas le correspondió aportar siete de ellas. Las Siete Doncellas fueron entregadas con las manos cortadas pues las jóvenes optaron por este sacrificio a fin de que el rey moro las repudiara, cosa que consiguieron. 

Esta historia quedó reflejada en una coplilla que aún se repite en la fiesta anual que conmemora el hecho:
Por librarse de paganos / las siete doncellas mancas / se cortaron sendas manos /  y las tienen los cristianos /  por sus armas en Simancas

Me pareció interesante visitar esta localidad y su castillo teniendo presente que un archivo de documentos históricos no es precisamente un parque de atracciones y puede resultar bastante tedioso, salvo para los estudiosos del tema. No obstante, una visita guiada, si se forma un grupo suficiente de curiosos, puede resultar muy instructiva haciendo que el recorrido cobre vida con el impagable argumento que aporta la historia de nuestro país en forma de memoria escrita en aquellos legajos.

En este vídeo oficial se explica con detalle y gusto la esencia y razón de ser del Archivo.

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