Google+ Aislado en este planeta: Juegos Olímpicos

sábado, 13 de agosto de 2016

Juegos Olímpicos

Las Olimpiadas de Río 2016 son el mayor acontecimiento deportivo y de cualquier índole que se ha celebrado nunca en América Latina. Con una obsesión in mente, la seguridad, Brasil ha destinado 85.000 oficiales, entre policías y soldados, a fin de garantizar un desarrollo tranquilo de sus Juegos.

Los primeros Juegos Olímpicos modernos se celebraron en 1896 en Atenas, un lugar apropiado para recuperar el espíritu de los antiguos juegos griegos que habían permanecido en suspenso durante quince siglos. Pierre de Coubertin, que reavivó aquella antigua práctica, permaneció como presidente del Comité Olímpico Internacional hasta 1925. En este cargo marcó el curso que los Juegos deberían tomar e hizo patentes sus ideas redactando la Carta Olímpica, el protocolo de participación y el juramento de los atletas, y también diseñó y planificó el ceremonial, siendo en definitiva el precursor del espíritu olímpico.

Atenas 1896. Los primeros Juegos de la Era Moderna.


Pese a la enorme dimensión actual y la comercialización absoluta del deporte, y pese a que éste ha llegado a ser una religión con sus propios templos y dioses, el ideal olímpico sigue presente en cada edición cuando, en la ceremonia de apertura y en los discursos oficiales, se invocan los principios de igualdad, juego limpio, esfuerzo, responsabilidad social y búsqueda de la paz a través de la práctica del deporte.

El COI trata de mantener estos ideales buscando que los juegos se mantengan alejados de los conflictos políticos. Sin embargo, la política se ha inmiscuido en numerosas ocasiones en los Juegos llevando al terreno de la polémica y la confrontación lo que debería ser una celebración jubilosa y pacífica.

Berlín 1936
Hay países que han tratado de utilizar los Juegos como un escaparate para mostrar los méritos de sus sistemas políticos. Este fue el caso de las Olimpiadas de 1936 en Berlín, donde Adolf Hitler, intentó hacer de los Juegos un espectáculo de propaganda nazi para demostrar que los alemanes pertenecían a una "raza superior" y que sus atletas eran superiores a todos los demás, especialmente a los negros y a los judíos. Pero para humillación del Führer, un grupo de atletas afroamericanos de pista ganó ocho medallas de oro, tres de plata y dos de bronce destacando la figura de Jesse Owens, un velocista y saltador de longitud que consiguió cuatro medallas de oro, muy por encima de ningún otro atleta masculino.

En la edición de 1968 en la Ciudad de México, los participantes estadounidenses politizaron los Juegos. Dos atletas afroamericanos Tommie Smith, y John Carlos, obtuvieron oro y bronce en los 200 metros. Cuando sonó el himno nacional estadounidense durante la ceremonia de medallas, estos atletas levantaron a lo más alto, el puño cerrado haciendo el gesto del Black Power, en protesta contra el racismo en los Estados Unidos. Fueron suspendidos de los Juegos y expulsados de la Villa Olímpica.

Jesse Owens, el héroe de Berlín
A lo largo de los años, numerosos países han boicoteado los Juegos negándose a participar, por diversas razones políticas. Los Juegos de verano de 1956 en Melbourne, Australia, fueron boicoteados por siete países. Egipto, Irak y el Líbano se negaron a participar debido a la disputa sobre el Canal de Suez. España, Suiza y los Países Bajos boicotearon los Juegos en protesta por la invasión de Hungría de la Unión Soviética. La República Popular China también se sumó al boicot cuando una bandera de Taiwán (la China nacionalista) fue izada en la Villa Olímpica.

Veinte países, la mayor parte africanos, boicotearon los Juegos de 1976 en Montreal, debido a que el COI se negó a expulsar a Nueva Zelanda que no había respetado el veto impuesto a Sudáfrica por su política de apartheid. Los neozelandeses habían jugado un partido de rugby contra la selección sudafricana estando el país sancionado y excluido del Comité Olímpico. Las competiciones de atletismo se vieron especialmente afectadas al faltar las destacadas figuras de los países africanos.

Más de sesenta países invitados a los Juegos de Verano de 1980 en Moscú, se negaron a participar como protesta contra la invasión militar del país anfitrión en Afganistán. Entre los ausentes estaban los países con equipos tradicionalmente potentes, incluyendo Canadá, Japón, Alemania Occidental y los Estados Unidos. Otros dieciséis países, entre los que se encontraba España, apoyaron el boicot pero aun así asistieron a los Juegos, sin banderas nacionales y solo con la enseña olímpica.

Río 2016. La minúscula representación de Tonga
Cuatro años más tarde, la Unión Soviética y otros 16 países (en su mayoría comunistas) devolvieron la afrenta boicoteando los Juegos de 1984 en Los Ángeles, dando como razón oficial la insuficiente seguridad que ofrecía la ciudad californiana. Otra vez el deporte resultó el principal perjudicado.

En 1988, Corea del Norte se opuso a la concesión de la sede olímpica a Corea del Sur y se negó a participar. Le acompañaron en el boicot Cuba, Etiopía y Nicaragua. Sin embargo los Juegos de Seúl, fueron un éxito de participación y un gran triunfo de la Unión Soviética en el medallero final.

La más dramática intromisión de la política en los Juegos se produjo en la olimpiada de 1972 en Múnich. En la madrugada del 5 de septiembre, ocho terroristas árabes se colaron en la Villa Olímpica. Los asaltantes eran miembros de Septiembre Negro, una facción de la Organización para la Liberación de Palestina.

Múnich 1972. El equipo de Israel, víctima del atentado
Su objetivo era reivindicar la libertad de los palestinos encarcelados en Israel. Irrumpieron en los dormitorios del equipo israelí y mataron a dos atletas que trataron de resistirse. Durante las 24 horas siguientes, los terroristas retuvieron a nueve rehenes israelíes. Los funcionarios alemanes trataron de negociar su liberación sin éxito y los nueve rehenes, cinco de los terroristas y un policía alemán murieron durante el intento de rescate. La competición olímpica se suspendió, mientras las negociaciones se llevaban a cabo. A causa de la matanza, los Juegos estuvieron a punto de cancelarse, pero después de un servicio religioso en memoria de los israelíes muertos, los Juegos se reanudaron a petición del gobierno de Israel.

En los Juegos de Atlanta en 1996, una pequeña bomba estalló en medio del Centennial Olympic Park durante un concierto. A pesar de que se pudo desalojar a tiempo a gran parte del público, murió una persona y 111 resultaron heridas. El ataque fue perpetrado por un estadounidense de ultraderecha, Eric Robert Rudolph, quien llevó a cabo tres atentados más en la región durante los siguientes meses. Fue detenido en Carolina del Norte en 2003 y condenado a cadena perpetua.

También en Río 2016 la política ha hecho acto de presencia, aunque de momento de un modo más amable. Se trata de la participación del Equipo Olímpico de Atletas Refugiados, que durante meses, el COI se encargó de reclutar y seleccionar entre los deportistas provenientes de países en conflicto que ostentaran la condición de refugiados. Finalmente una selección de diez atletas pudo desfilar en la ceremonia de apertura bajo la bandera Olímpica y sin representar por tanto, a ningún país.

Equipo Olímpico de Atletas Refugiados en Río 2016
Se trata de una forma de decir al mundo que no se olvide que, mientras una legión multicolor de deportistas, policías, voluntarios, periodistas y espectadores hacen hervir la ciudad de Río en esta gran fiesta con música de Caetano Veloso, hay lugares en el mundo donde reina la guerra, la exclusión, la injusticia y la muerte.

En los Juegos de la Antigüedad se practicaba la conocida como "tregua olímpica", de modo que en el período de competiciones, las guerras se suspendían para permitir a los deportistas desplazarse a Olimpia, participar y regresar en paz. Este objetivo no se ha conseguido en la Era Moderna donde las cosas parecen más complejas, de modo que los organizadores se ven obligados a realizar esfuerzos ímprobos en materia de seguridad, no siempre con el éxito deseado.

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