Google+ Aislado en este planeta: Granma

domingo, 27 de noviembre de 2016

Granma

En las primeras horas del 25 de noviembre de 1956, en una fría noche de lluvia, un barco de nombre Granma comenzó a navegar sigilosamente por las quietas aguas del río Tuxpan, en el estado de Veracruz, en México. Tres millas más abajo alcanzó las aguas del Golfo y puso rumbo a Cuba. A bordo iban 82 jóvenes revolucionarios entre los que se encontraban Fidel Castro, su hermano Raúl, el Che Guevara y Camilo Cienfuegos que viajaban a la isla con la misión de iniciar la revolución que debía derrocar a Fulgencio Batista.

El yate Granma escoltado por jóvenes revolucionarios

Sesenta años después, y también un 25 de noviembre, aquella expedición ha puesto punto final con la muerte de su comandante. Quizás se trata de una nueva partida, no sabemos hacia donde porque el periplo vital de ese hombre ha concluido y es posible que se imponga por fin en la isla, un giro en una dirección que para los cubanos es una aventura y una incógnita.

En realidad la aventura revolucionaria había comenzado tres años antes, en 1953, con una acción armada que acabó en fracaso, que fue el asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba. Fidel Castro y sus compañeros supervivientes fueron condenados a varios años de prisión. Sin embargo, la presión popular y el esfuerzo de sus familiares, hizo que tras veintidós meses de prisión en Isla de Pinos, fuesen amnistiados. Fidel Castro se dirigió entonces a México desde donde preparó la expedición a Cuba en el barco Granma.


Después de aquella travesía, hubo una revolución y triunfó un líder: el comandante Fidel Castro Ruz, un nuevo mesías que hipnotizó a las masas de desheredados. Desmesurado y carismático, sus ideas incendiaron selvas y ciudades de toda Latinoamérica. Durante décadas, Cuba y su juego equívoco de marxismo y autocracia alimentaron a las guerrillas, hicieron tambalear gobiernos, y pusieron en guardia la conciencia de los parias de la tierra. Cuba dispuso de escasas fuerzas y pobres recursos, pero con una determinación digna de mejor causa, mantuvo un pulso obstinado con muchas potencias del mundo occidental.

Fidel y el Che en 1959

Pero los resultados fueron tristes, muy alejados del ideario de los que subieron al Granma porque la retórica revolucionaria es una cosa pero los resultados en la práctica, otra muy distinta. Su sueño jamás se cumplió y la misma Cuba, la más resplandeciente isla del Caribe, aquel lagarto tumbado al sol, se hundió lejos de sí misma. Fidel y sus muchachos, más que salvar a la patria, se salvaron así mismos implantando un régimen totalitario completamente cerrado, que usó las ideas del comunismo para aliarse con la URSS y fajarse en continua disputa con su vecino a noventa millas, los Estados Unidos.

Durante casi seis décadas el régimen cubano solo consiguió desmoronar la economía del país. Cierto que hubo algunos logros de la revolución en materias como la educación o la sanidad, que fueron hábilmente amplificados por los voceros del régimen, pero con todo, el balance resultó muy pobre y Cuba perdió todos los trenes del desarrollo y el progreso.

Balseros cubanos huyendo hacia Florida

Sin infraestructuras, sin redes de distribución, desconectados de la tecnología, sin una base industrial y dependientes de compañías extranjeras para explotar el turismo. Las producciones industriales y agropecuarias han decrecido en los últimos años y en los campos de la isla mueren más vacas de hambre que en los mataderos del Estado así que el panorama es desolador. Además la estructura social es endeble. No hay sociedad civil y no hay asociaciones no dependientes del régimen, de modo que lo que queda no es más que un parque arqueológico del socialismo más rancio del siglo XX.

Nada pudo con Castro. Ni los atentados, ni el bloqueo yanqui, ni la caída de la URSS y tampoco la enfermedad. Solo el ciclo natural de la vida acabó con él. Resistió hasta el final y murió en la cama. Terminó su vida sin la presión de enemigos políticos y con cierto beneplácito de muchos países que han acabado viendo a Cuba como una grotesca caricatura de sí misma donde sus dirigentes repiten sin fin un discurso trasnochado. 

Un país anclado en los años 50

Ahora, después de su incineración en medio de enormes honores, deben las autoridades botar de nuevo el Granma, que se expone en el Museo de la Revolución, poner en él sus cenizas y lanzarlo al mar. Así podrá el comandante proseguir aquel viaje que inició en 1956 en busca de un mundo mejor, al que nunca logró llegar.

Como soy un romántico y aunque solo sea porque Fidel se hizo un hueco en la historia a base de obstinación, consignas, promesas, y seducción, le quiero despedir con una frase carismática en la retórica del discurso revolucionario: ¡Hasta siempre comandante!

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