Google+ Aislado en este planeta: La frontera

martes, 6 de diciembre de 2016

La frontera

Las recientes elecciones presidenciales de Estados Unidos han traído al primer plano de la actualidad un tema siempre latente como es la inmigración. Todo ello debido a la promesa del candidato republicano de reforzar su frontera sur y evitar la llegada masiva de inmigrantes ilegales desde México y demás países que cuelgan más al sur.

Tras una encarnizada y mediática campaña rematada con sorpresa electoral, al menos a este lado del charco, hemos desembocado en la elección de Donald Trump como próximo inquilino de la Casa Blanca. Los medios españoles, que han seguido la campaña con inusitado interés, han recalcado hasta la saciedad la promesa del candidato de sellar la frontera mexicana, valla incluida y además, expulsar del país a millones de ilegales. ¿Es creíble la intención de levantar una barrera de tres mil kilómetros? Y más aún, ¿a quién beneficia dificultar el tráfico entre los dos países?

La frontera cruza el desierto de Arizona


La frontera entre México y los Estados Unidos tiene 3.180 kilómetros. Se extiende a lo largo del Río Bravo, después cruza los desiertos de Sonora y Chihuahua y finalmente recorre parte del Río Colorado y de Baja California. Los límites fronterizos fueron origen de distintos conflictos durante el siglo XIX y XX con varias alteraciones hasta llegar a la delimitación actual. Esta frontera tiene una problemática característica en la que destaca la inmigración ilegal hacia los Estados Unidos así como el tráfico de drogas y de armas en una y otra dirección.

La zona fronteriza entre Estados Unidos y México representa un sistema geopolítico que se ha ido construyendo a lo largo del tiempo y se basa en sólidas conexiones sociales, económicas, culturales y ambientales que se rigen por políticas, costumbres y leyes bastante diferentes. El alcance de este sistema binacional incluye el comercio, el turismo, los vínculos familiares entre ciudades hermanas, las maquiladoras de México (plantas que importan componentes para la elaboración o el ensamblaje con mano de obra mexicana y luego exportan los productos terminados), los servicios sanitarios y las operaciones financieras, además de un patrimonio cultural común. La población que habita a ambos lados de la frontera es un híbrido cultural hispano y anglosajón y no se identifica con ninguno de los dos países. Es en realidad un mestizo de ambas culturas que busca el reconocimiento de su identidad.

Muchos se quedan en el camino

Detener la migración mexicana hacia el norte es un asunto que afectaría a la economía de ambos países. Se calcula que en los Estados Unidos viven cerca de 10 millones de inmigrantes mexicanos que trabajan ilegalmente para beneficio de la economía norteamericana. Además de realizar los trabajos que los estadounidenses no quieren hacer, también pagan impuestos, hacen los trabajos domésticos, cuidan niños y son los trabajadores fundamentales en trabajos de baja cualificación como la agricultura, la hotelería y la construcción, todo ello con salarios por debajo de los límites legales y sin beneficios sociales de paro o sanidad.

Los norteamericanos se benefician de esta situación y por eso no la cambian. Les beneficia mantener el status actual sin contratos legales a los inmigrantes, porque de otro modo tendrían que pagarles más y gastar en prestaciones sociales lo que significaría una sangría para la economía norteamericana y un fuerte impacto en la estructura social. También los mexicanos se consideran beneficiados ya que a pesar de su situación precaria, esta supone una mejora con relación a lo que dejaron en su país. Además, la economía mexicana se beneficia de una corriente de remesas hacia los familiares y de una reducción en las listas de ciudadanos ociosos.

Así que el levantamiento del muro no detendrá la migración mexicana al país del norte. Esta no dejará de existir mientras haya estadounidenses que necesiten mano de obra barata y nada conflictiva que les llegue a la puerta de su casa a ofrecerse para hacer todo lo que ellos ya no quiere realizar. Sin los mexicanos se deteriora la calidad de vida de muchos yanquis.

Antiguo cierre fronterizo en la playa de Tijuana

Precisamente, la reducción de pobreza en México es un objetivo fundamental ya que es la fuente de todos sus males. La gente ociosa, pobre y sin dinero para comer, busca su salida empezando a robar, a traficar e incluso a matar. Para estos fines se necesitan armas y si se consiguen se pueden formar bandas de atracadores, grupos mafiosos, paramilitares y sicarios. Y ¿cómo se consiguen las armas en México? Debe resultar muy fácil teniendo al proveedor al norte de la frontera. Diversos informes señalan que el 90% de las armas en poder del narcotráfico mexicano provienen de compras legales en Estados Unidos, un país empecinado en dar barra libre a ese comercio letal. En las ciudades fronterizas hay más de 10.000 tiendas de venta de armas, muchas de ellas de modelos sofisticados que se utilizan por las fuerzas de seguridad y el ejército.

Otro problema en juego es el narcotráfico que se alimenta de los mismos ingredientes y que ya tiene una larga y desgraciada historia. Se sabe que México es hoy uno de los principales países de tránsito de drogas por su proximidad con Estados Unidos pero es también el principal productor de marihuana, así como uno de los mayores proveedores de metanfetaminas y heroína. Los carteles de la droga controlan aproximadamente el 70% de la droga que ingresa en los Estados Unidos. El Departamento de Estado norteamericano considera que el 90% del tráfico de cocaína que entra en el país, lo hace por un corredor que viene desde Colombia a través de México.

Agentes de la "migra" controlan el Río Grande en Texas

Además, a través de esta frontera hay un fuerte tráfico de capitales y de lavado de dinero que se da en los dos países y que se calcula en más de 25.000 millones de dólares anuales. La porosidad de la frontera, tanto para las drogas que van al norte como para armas que viajan al sur y para los capitales que se mueven en todas direcciones, pone de relieve las dificultades a las que se enfrentan (o deberían hacerlo), los gobiernos de ambos países.

Así que con una situación tan compleja, con necesidades vitales en juego, con sólidas relaciones sociales entre ambas orillas del río Grande y con tantos intereses económicos e internacionales, ¿alguien puede pensar que se puede resolver el asunto simplemente levantando un muro como pretende el nuevo sheriff de los EE.UU.? Un muro podrá crear dificultades, pero no va a detener la migración.

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