Google+ Aislado en este planeta: La Ruta Atlántica (II)

jueves, 5 de octubre de 2017

La Ruta Atlántica (II)

La Gironda


El río Garona marca la divisoria entre los departamentos del Charente Marítimo y la Gironda. Desde luego que la divisoria es clara ya que el río tiene un enorme estuario de cien kilómetros de longitud y una anchura de diez en algunos puntos. Con estas dimensiones, no hay un puente que lo cruce si no asciendes el río hasta cerca de Burdeos, lo que supone un rodeo de 280 kilómetros. Para facilitar las cosas está el ferry que te traslada desde el puerto de Royan a la orilla de enfrente en tres cuartos de hora, empleando en las operaciones de atraque la mayor parte de este tiempo.


Así lo hicimos a la mañana siguiente en uno de los trayectos madrugadores, de modo que antes de que calentara el sol ya estábamos pedaleando por las Landas del Medoc que es la franja costera conocida como Costa de Plata, que desciende entre dunas y pinares hasta la laguna de Arcachon. Puede considerarse que se trata de una playa ininterrumpida a lo largo de 100 kilómetros. Y hacia el interior el bosque, el inmenso bosque de las Landas, fruto de la repoblación forestal practicada intensivamente en el siglo XIX, siguiendo una política cuidadosa con el medio ambiente que se mantiene en la actualidad. La finalidad de estos bosques fue fijar las dunas, rehabilitar el paisaje y favorecer el desarrollo económico de la región con diversas actividades industriales y de ocio.

El ferry del Garona

Playas interminables


Las localidades costeras que incluye esta parte del recorrido son insignificantes. Casi todos los puntos civilizados son campings y pueblos playeros poco habitados, salvo en verano. El paisaje es bonito aunque algo monótono. Dunas inmensas que separan el mar del bosque que está compuesto principalmente por pinos atlánticos, conformando el mayor bosque de Europa. El recorrido es llano por carriles ciclables, asfaltados en buena medida, aunque no faltan tramos deteriorados. No es difícil despistarse pues a veces el camino correcto no es el más evidente.

Hourtin Playa y el mar de pinos

Una escala en la ruta fue Hourtin Playa que dispone de unos campings inmensos en unas playas inmensas. A pocos kilómetros hacia el interior se encuentra el Lago Hourtin que es el mayor de Francia de agua dulce. Más al sur destaca una pequeña localidad residencial llamada Lacanau Océan, que dispone de buenos equipamientos lúdicos en golf, equitación y deportes náuticos, además de un bonito lago en el interior.

Y más pedaleo y más kilómetros hacia el sur. Este fue el tramo más deshabitado ya que durante más de dos horas solo vimos dunas y pinos. Ni una casa, ni un habitante, quizás algún otro loco de la ruta al que saludar con un gesto en el fugaz encuentro.

Pista el el bosque...
y autopista para bicis
La civilización reaparece a la altura de Lège-Cap-Ferret, un pueblo del área de la laguna de Arcachon. Esta zona está bastante poblada y se compone de una sucesión de pueblos costeros que se asoman a la bahía. Las viviendas son de planta baja, la vegetación se diversifica, abundan los jardines y se percibe un nivel de vida elevado. En toda la laguna abundan las factorías pesqueras con la ostra como producto estrella. La gastronomía es variada y de calidad y la ocupación hotelera alta, al menos cuando llegamos buscando alojamiento.

La joya de la corona en la región es la ciudad de Arcachon. La ciudad se desarrolló por la burguesía regional desde finales del XIX y en la Belle Epoque, aunque se dio a conocer años antes con la moda incipiente de los balnearios que atrajeron a ricos y famosos con la excusa de cuidar su salud. El emperador Napoleon III residió una temporada en la ciudad y años más tarde el rey español Alfonso XII, adquirió una casa en la Ville d’Hiver. Este barrio residencial está actualmente bien cuidado y protegido y consta de docenas de villas de estilo modernista que son el mejor patrimonio arquitectónico de la ciudad.


Arcachon

El enclave de Arcachon es maravilloso ya que se sitúa en una península asomada a la gran bahía protegida del mar por un brazo de tierra de veinte kilómetros. Dispone de varias playas, puertos deportivos, hermosos parques y una vegetación exuberante acorde con su clima húmedo, templado y bastante soleado. Magnifico lugar de vacaciones.


Atardecer en Arcachon

Con un merecido homenaje a la gastronomía local terminó este periplo que nos tuvo entretenidos por tierras francesas durante una inolvidable semana. Sigue en pie el reto de repetir el año que viene en una nueva etapa de La Velodyssee. Si se puede.


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